El futuro de la humanidad en manos de la IA

Nick Bostrom ¿Qué sucede cuando nuestras computadoras se vuelven más inteligentes que nosotros?

Un equipo de expertos investiga en un Instituto de Oxford los riesgos de extinción del ser humano.

Necesitamos sabiduría para enfrentar el futuro. Para saber si los progresos tecnológicos de vanguardia van en la dirección adecuada o no; si favorecen al ser humano o todo lo contrario. Para tener una idea de qué hacer si se presentan escenarios que ponen en riesgo la supervivencia de la especie, como los derivados de la amenaza nuclear, la modificación de microbios letales o la creación de mentes digitales más inteligentes que el hombre. A reflexionar sobre este tipo de cuestiones se dedican un puñado de cerebros en un lugar ubicado en Oxford y llamado el Instituto para el Futuro de la Humanidad.

Al frente de un heterodoxo grupo de filósofos, tecnólogos, físicos, economistas y matemáticos se encuentra un filósofo formado en física, neurociencia computacional y matemáticas, un tipo que desde su adolescencia se encontró sin interlocutores con los cuales compartir sus inquietudes acerca de Schopenhauer, un sueco de 42 años que se pasea por las instalaciones del Instituto con un brebaje hecho a base de vegetales, proteínas y grasas al que denomina elixir y que escucha audiolibros al doble de velocidad para no perder un segundo de su preciado tiempo. Se llama Nick Bostrom, y es el autor deSuperinteligencia: Caminos, Peligros, Estrategias, un libro que ha causado impacto, una reflexión acerca de cómo afrontar un futuro en que la inteligencia artificial supere a la humana, un ensayo que ha recibido el respaldo explícito de cerebros de Silicon Valley como Bill Gates y Elon Musk, de filósofos como Derek Parfit o Peter Singer, de físicos como Max Tegmark, profesor del Massachusetts Institute of Technology. Un trabajo que, además, se coló en la lista de los libros más vendidos que elabora The New York Times Book Review. La ONU le reclama para que exponga su visión, sociedades científicas como The Royal Society le invitan a dar conferencias, una de sus charlas TED lleva ya contabilizados más de 1.747.000 visionados. Y Stephen Hawking ya ha alertado al mundo: hay que tener cuidado con la Inteligencia Artificial.

El Instituto para el Futuro de la Humanidad —FHI, siglas en inglés— es un espacio con salas de reuniones bautizadas con nombres de héroes anónimos que con un gesto salvaron el mundo —como Stanislav Petrov, teniente coronel ruso que evitó un incidente nuclear durante la Guerra Fría— donde fluyen las ideas, los intercambios de impresiones, donde florecen hipótesis y análisis. Sobre todo, por las tardes-noches: el jefe es, como él mismo confiesa, un noctámbulo; se queda en la oficina hasta las dos de la madrugada.

“En el momento en que sepamos cómo hacer máquinas inteligentes, las haremos”, afirma Bostrom, en una sala del Instituto que dirige, “y para entonces, debemos saber cómo controlarlas. Si tienes un agente artificial con objetivos distintos de los tuyos, cuando se vuelve lo suficientemente inteligente, es capaz de anticipar tus acciones y de hacer planes teniendo en cuenta los tuyos, lo cual podría incluir esconder sus propias capacidades de modo estratégico”. Expertos en Inteligencia Artificial que cita en su libro aseguran que hay un 90% de posibilidades de que entre 2075 y 2090 haya máquinas tan inteligentes como los humanos. En la transición hacia esa nueva era habrá que tomar decisiones. Inocular valores morales a las máquinas, tal vez. Evitar que se vuelvan contra nosotros.

A analizar este tipo de supuestos y escenarios se dedica este hombre que en estos días lee intensivamente sobre machine learning (aprendizaje automático, rama de la inteligencia artificial que explora técnicas para que las computadoras puedan aprender por sí solas) y economía de la innovación. Para Bostrom el tiempo nunca es suficiente. Leer, leer, leer, asentar conocimientos, profundizar, escribir. “El tiempo es precioso. Es un bien de gran valor que constantemente se nos desliza entre los dedos”.

La gente parece olvidar la guerra nuclear. Un cambio para mal en la geopolítica podría ser un peligro

Estudiar, formular hipótesis, desarrollarlas, anticipar escenarios. Es lo que se hace en este Instituto donde se cultiva la tormenta de ideas y la videoconferencia, un laberinto de salas dominadas por pizarras vileda con diagramas y en cuyo pasillo de entrada cuelga un cartel que reproduce la portada de Un mundo feliz, la visionaria distopía firmada por Aldous Huxley en 1932. Un total de 16 profesionales trabajan aquí. Publican en revistas académicas, hacen informes de riesgos para compañías tecnológicas, para gobiernos (por ejemplo, el finlandés) o para la ONU, que se dispone a crear su primer programa sobre Inteligencia Artificial —uno de cuyos representantes andaba la semana pasada por las oficinas del FHI—. Niel Bowerman, director adjunto, físico del clima y exasesor del equipo político de Energía y Medio Ambiente de Barack Obama, explica que en el instituto siempre estudian cómo de grande es un problema, cuánta gente trabaja en él y cómo de fácil es realizar progresos en esa área para determinar los campos de estudio.

Bostrom es el hombre que comanda el Instituto, el que decide por dónde se transita, el visionario. Desarrolla su labor gracias al impulso filantrópico de James Martin, millonario interesado en las cuestiones de los riesgos existenciales del futuro que impulsó el FHI hace diez años para que se estudie y reflexione en torno a aquellas cosas en las que la industria y los gobiernos, guiados por sus particulares intereses, no tienen por qué pensar.

Al filósofo sueco, que formó parte en 2009 de la lista de los 100 mayores pensadores globales de la revista Foreign Policy, le interesa estudiar, sobre todo, amenazas lejanas, a las que no le gusta poner fecha. “Cuanto más largo sea el plazo”, dice, “mayores son las posibilidades de un escenario de extinción o de era posthumana”. Pero existen peligros a corto plazo. Los que más le preocupan a Bostrom son los que pueden afectar negativamente a las personas como las plagas, la gripe aviar, los virus, las pandemias.

En cuanto a la Inteligencia Artificial y su cruce con la militar, dice que el riesgo más claro lo presentan los drones y las armas letales autónomas. Y recuerda que la guerra nuclear, aunque tiene pocas probabilidades de llegar, sigue siendo un peligro latente. “La gente parece haber dejado de preocuparse por ella; un cambio para mal en la situación geopolítica podría convertirse en un gran peligro”.

“Hay una carrera entre nuestro progreso tecnológico y nuestra sabiduría, que va mucho más despacio

La biotecnología, y en particular, la posibilidad que ofrece el sistema de edición genética CRISPR de crear armas biológicas, también plantea nuevos desafíos. “La biotecnología está avanzando rápidamente va a permitir manipular la vida, modificar microbios con gran precisión y poder. Eso abre el paso a capacidades muy destructivas”. La tecnología nuclear, señala, se puede controlar. La biotecnología, la nanotecnología, lo que haga alguien un garaje con un equipo de segunda mano comprado en EBay, no tanto. Con poco se puede hacer mucho daño.

Superada su etapa transhumanista —fundó en 1998 junto a David Pearce la Asociación Mundial Transhumanista, colectivo que aboga de modo entusiasta por la expansión de las capacidades humanas mediante el uso de las tecnologías—, Bostrom ha encontrado en la Inteligencia Artificial el terreno perfecto para desarrollar su trabajo. La carrera en este campo se ha desatado, grandes empresas —Google compró en 2014 la tecnológica DeepMind— y Estados pugnan por hacerse con un sector que podría otorgar poderes inmensos, casi inimaginables.

Uno de los escenarios que proyecta en su libro, cuya versión en español publica el 25 de febrero la editorial Teell, es el de la toma de poder por parte de una Inteligencia Artificial (AI, siglas en inglés). Se produce una explosión de inteligencia. Las máquinas llegan a un punto en que superan a sus programadores, los humanos. Son capaces de mejorarse a sí mismas. De desarrollar grandes habilidades de programación, estratégicas, de manipulación social, de hacking. Pueden querer tomar el control del planeta. Los humanos pueden ser un estorbo para sus objetivos. Para tomar el control, esconden sus cartas. Podrán mostrarse inicialmente dóciles. En el momento en que desarrollan todos sus poderes, pueden lanzar un ataque contra la especie humana. Hackeardrones, armas. Liberar robots del tamaño de un mosquito elaborados en nanofactorías que producen gas nervioso, o gas mostaza.

Esta es simplemente la síntesis del desarrollo de un escenario. Pero, como decía la crítica de Superinteligencia de la revista The Economist, las implicaciones de la introducción de una segunda especie inteligente en la Tierra merecen que alguien piense en ellas. “Antes, muchas de estas cuestiones, no solo las del AI, solían estar en el campo de la ciencia ficción, de la especulación”, dice Bostrom, “para mucha gente era difícil de entender que se pudiera hacer trabajo académico con ello, que se podían hacer progresos intelectuales”.

El libro también plantea un escenario en que la Inteligencia Artificial se desarrolla en distintos sectores de manera paralela y genera una economía que produce inimaginables cotas de riqueza, descubrimientos tecnológicos asombrosos. Los robots, que no duermen, ni reclaman vacaciones, producen sin cesar y desbancan a los humanos en múltiples trabajos.

— ¿Los robots nos enriquecerán o nos reemplazarán?

— Primero, tal vez nos enriquezcan. A largo plazo ya se verá. El trabajo es costoso y no es algo deseado, por eso hay que pagar a la gente por hacerlo. Automatizarlo parece beneficioso. Eso crea dos retos: si la gente pierde sus salarios, ¿cómo se mantiene? Lo cual se convierte en una cuestión política, ¿se piensa en una garantía de renta básica? ¿En un Estado del Bienestar? Si esta tecnología realmente hace que el mundo se convierta en un lugar mucho más rico, con un crecimiento más rápido, el problema debería ser fácil de resolver, habría más dinero. El otro reto es que mucha gente ve su trabajo como algo necesario para tener estatus social y que su vida tenga sentido. Hoy en día, estar desempleado no es malo solo porque no tienes dinero, sino porque mucha gente se siente inútil. Se necesitaría cambiar la cultura para que no pensemos que trabajar por dinero es algo que te da valor. Es posible, hay ejemplos históricos: los aristócratas no trabajaban para vivir, incluso pensaban que tener que hacerlo era degradante. Creemos que las estructuras de significado social son universales, pero son recientes. La vida de los niños parece tener mucho sentido incluso si no hacen nada útil. Soy optimista: la cultura se puede cambiar.

A Bostrom se le ha acusado desde algunos sectores de la comunidad científica de tener visiones demasiado radicales. Sobre todo, en su etapa transhumanista. “Sus visiones sobre la edición genética o sobre la mejora del humano son controvertidas”, señala Miquel-Ángel Serra, biólogo que acaba de publicar junto a Albert Cortina Humanidad: desafío éticos de las tecnologías emergentes.“Somos muchos los escépticos con las propuestas que hace”. Serra, no obstante, deja claro que Bostrom está ahora en el centro del debate sobre el futuro de la Inteligencia Artificial, que es una referencia.

— ¿Proyecta usted una visión demasiado apocalíptica en su libro de lo que puede ocurrir con la humanidad?

— Mucha gente puede quedarse con la impresión de que soy más pesimista con la AI de lo que realmente soy. Cuando lo escribí parecía más urgente tratar de ver qué podía ir mal para asegurarnos de cómo evitarlo.

— Pero, ¿es usted optimista con respecto al futuro?

— Intento no ser pesimista ni optimista. Intento ajustar mis creencias a lo que apunta la evidencia; con nuestros conocimientos actuales, creo que el resultado final puede ser muy bueno o muy malo. Aunque tal vez podríamos desplazar la probabilidad hacia un buen final si trabajamos duramente en ello.

— O sea, que hay cosas que hacer. ¿Cuáles?

— Estamos haciendo todo lo posible para crear este campo de investigación de control problema. Hay que mantener y cultivar buenas relaciones con la industria y los desarrolladores de Inteligencia Artificial. Aparte, hay muchas cosas que no van bien en este mundo: gente que se muere de hambre, gente a la que le pica un mosquito y contrae la malaria, gente que decae por el envejecimiento, desigualdades, injusticias, pobreza, y muchas son evitables. En general, creo que hay una carrera entre nuestra habilidad para hacer cosas, para hacer progresar rápidamente nuestra capacidades tecnológicas, y nuestra sabiduría, que va mucho más despacio. Necesitamos un cierto nivel de sabiduría y de colaboración para el momento en que alcancemos determinados hitos tecnológicos, para sobrevivir a esas transiciones.

Fuente: El País

El Nacimiento de la Astronomía de Ondas Gravitacionales

CIENTIFICOS DETECTAN POR PRIMERA VEZ ONDAS GRAVITACIONALES

Hoy es un día histórico para la ciencia. Hoy se ha anunciado la detección directa ondas gravitacionales, una de las principales predicciones de la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein. El descubrimiento nos abre una nueva ventana a la realidad que nos permitirá estudiar los sucesos más energéticos del Universo de forma totalmente diferente. Ya somos capaces de “ver” directamente algo tan sorprendente como es la fusión de dos agujeros negros situados a millones de años luz de distancia. ¿Y cuál es el aspecto de una onda gravitacional creada por la brutal colisión de dos agujeros negros? Pues ahora, al fin, podemos confirmar que tienen el siguiente aspecto:

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Ondas gravitacionales de la señal GW150914 detectadas por los dos interferómetros de LIGO (LIGO).

Después de semanas de rumores, el equipo del observatorio Advanced LIGO (Advanced Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory) ha confirmado que, efectivamente, el 14 de septiembre de 2015 los dos interferómetros del experimento detectaron la sutil deformación del espaciotiempo causada por el paso de ondas gravitacionales creadas por la colisión de dos agujeros a 1300 millones de años luz de la Tierra, uno de 36 masas solares y otro de 29. La fusión creó un nuevo agujero negro de 62 masas solares, o lo que es lo mismo, emitió nada más y nada menos que el equivalente a 3 masas solares en forma de ondas gravitacionales. Los dos instrumentos, uno situado en Livingston (Louisiana) y el otro en Hanford (Washington), detectaron la misma señal, denominada GW150914, con un intervalo de siete milisegundos de diferencia, confirmando de paso que las ondas se mueven a la velocidad de la luz, tal y como había predicho Einstein.

Un hecho que ha pasado desapercibido en las noticias de la mayoría de medios es que la señal GW150914 confirma también por primera vez la existencia de los agujeros negros. Hasta ahora las únicas pruebas directas de la existencia de estos astros era su efecto en otros objetos astronómicos como estrellas o gases, pero todas ellas eran bastante discutibles. Sin embargo, esta señal es una prueba inequívoca de que son reales, pues solo dos agujeros negros estelares son capaces de producir las ondas gravitacionales observadas.

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Modelo numérico de la señal GW150914. La escasa separación entre los objetos es una prueba inequívoca de que se trataba de agujeros negros (Abbott et al.).

La fusión de estos dos agujeros negros fue tan increíblemente violenta que durante un momento emitió más energía que la luz combinada de todas las estrellas del Universo juntas (!!). El patrón de las ondas detectadas concuerda casi perfectamente con los modelos teóricos. Y no es una cuestión trivial, porque en las últimas décadas habían surgido varios modelos teóricos alternativos que predecían ondas ligeramente distintas a las predichas por la Relatividad General. De hecho, la señal es tan “perfecta” que los investigadores de LIGO pensaron en un primer momento que era una “inyección”, es decir, una señal falsa introducida en el sistema para comprobar que el personal y los equipos del detector están alerta.

Como se ve en las imágenes, la longitud de onda de las ondas disminuye a medida que los agujeros se acercan, al mismo tiempo que su amplitud aumenta hasta culminar en la brutal fusión final. Midiendo la intensidad de la onda, los investigadores han determinado que el suceso se produjo a una distancia de entre 750 y 1860 millones de años luz. En cuanto a la posición, los dos detectores de LIGO no tienen la suficiente resolución espacial como para determinar de dónde procede exactamente la señal, pero se puede estimar de forma aproximada como vemos en la siguiente imagen:

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Región del cielo de donde pudo venir la señal ().

Vídeo a cámara lenta reconstruyendo la fusión de los dos agujeros negros que causaron la señal GW150914:

Vídeo de la apariencia aproximada de la fusión en luz visible (los agujeros negros aparecen sin discos de acreción):

El camino hasta el anuncio de hoy ha sido largo y complejo, un auténtico homenaje al tesón y la fuerza de voluntad del ser humano. Einstein predijo la existencia de las ondas gravitacionales en 1916 dentro del marco de la Relatividad General, pero no sería hasta los años 60 cuando se crearon los primeros detectores. Fue entonces cuando Joseph Weber ideó un instrumento con masas suspendidas que debían vibrar al paso de una onda gravitacional. Lamentablemente, estos primeros instrumentos eran muy poco sensibles para detectar nada. Todo cambió en 1974 cuando Joseph Taylor y Russell Hulse detectaron de forma indirecta las primeras ondas gravitacionales emitidas por una pareja de estrellas de neutrones. “¿En 1974? Pero ¿no habíamos dicho que es ahora cuando se habían descubierto estas ondas”, puede que se pregunte más de uno. Sí, pero fíjate que hemos dicho de forma “indirecta”. El sistema binario de estrellas de neutrones PSR B1913+16 se acerca cada vez más al perder energía en forma de ondas gravitacionales y, gracias a que somos capaces de medir su periodo orbital con enorme precisión, es posible comprobar que el ritmo de acercamiento concuerda con lo predicho por la Relatividad General. O sea, una prueba indirecta. Pero lo importante es que PSR B1913+16 demostró a la comunidad científica que las ondas gravitatorias estaban ahí. Ahora había que detectarlas.

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Funcionamiento simplificado de LIGO (Abbott et al.).

A principios de siglo se pusieron en marcha varios detectores por todo el mundo destinados a descubrir la presencia de estas ondas, todos ellos construidos usando el principio de un interferómetro láser. El fundamento de estos instrumentos es sencillo: un haz láser se divide en dos mediante un espejo y cada uno viaja a lo largo de dos trayectorias perpendiculares de la misma longitud. Después de rebotar en un espejo al final, los dos haces vuelven a unirse en el origen y medimos si la distancia recorrida es la misma para ambos. Porque las ondas gravitacionales se caracterizan, precisamente, por distorsionar el espaciotiempo. Si una onda gravitacional pasa por el detector, este se deformará ligeramente y podremos detectar su presencia teniendo en cuenta que la longitud de los dos brazos ya no será la misma.

Ni que decir tiene, la deformación es tan minúscula que es necesario usar al menos otro detector similar para comprobar que la señal es real y no se debe al ruido del instrumento (hay que tener en cuenta que los movimientos sísmicos o el tráfico que pasa cerca del detector generan una distorsión de mayor intensidad que cualquier onda gravitacional real). Usando este diseño, en Estados Unidos se creo el experimento LIGO, el GEO600 en Alemania, el Virgo en Italia y el TAMA 300 en Japón. Desde 2002 estos detectores comenzaron a observar el Universo con nuevos ojos, pero, para sorpresa de los investigadores, no lograron descubrir nada.

Las ondas debían existir, pero estaba claro que eran más débiles de lo predicho por los modelos más optimistas. O quizás las fusiones de estrellas de neutrones y agujeros negros -los fenómenos más energéticos que pueden descubrir estos instrumentos- eran menos frecuentes de lo esperado. En cualquier caso, solo había dos opciones: esperar más tiempo y aumentar la sensibilidad de los instrumentos. LIGO, formado por dos detectores dotados de sendos brazos de 4 kilómetros de longitud cada uno, decidió mejorar sus instalaciones para crear Advanced LIGO -o AdvLIGO-, capaz de detectar con mayor probabilidad las ondas gravitacionales de fusiones de agujeros negros y estrellas de neutrones, púlsares deformados o supernovas. En 2015 Advanced LIGO comenzó sus operaciones, esperando encontrar distorsiones superiores a la millonésima parte del tamaño de un protón (!!!).

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Recreación de la señal GW150914 (LIGO).

Los resultados negativos de los interferómetros terrestres tipo LIGO hicieron que muchos investigadores criticasen el gasto de esta iniciativa (1100 millones de dólares en los últimos 40 años) y comenzasen a apostar seriamente por otra técnica, denominada PTA (Pulsar Timing Array). Este método, completamente distinto e independiente de los inteferómetros terrestres, consiste en usar la señal emitida por varios púlsares -estrellas de neutrones que emiten señales de radio muy precisas al girar- como detectores de ondas gravitacionales. Sin embargo, finalmente ha sido LIGO el que se ha llevado el gato al agua, aunque si Advanced Virgo hubiera estado funcionando el día de la detección probablemente también hubiera descubierto la señal. Además de la GW150914, durante el primer mes de operaciones AdvLIGO también detectó otra señal, LVT151012, mucho más débil. Todavía no está claro si se trata de una señal real o no. La gran pregunta es, ¿se trata GW150914 de una señal poco frecuente o es algo común en el Universo? Todavía no lo sabemos. El objetivo principal de LIGO y los demás detectores es precisamente medir la frecuencia de estos sucesos tan energéticos.

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Detector LIGO de Livingston (LIGO).

Además de fusiones de agujeros negros, LIGO y sus hermanos deberán ser capaces de detectar en el futuro colisiones de estrellas de neutrones o sistemas binarios formados por estas estrellas. Del mismo modo que la astronomía tradicional estudia todo el espectro electromagnético mediante multitud de instrumentos distintos, los interferómetros terrestres solo son capaces de observar un “color” de las ondas gravitacionales. Para observar otras longitudes de onda necesitamos detectores distintos. El interferómetro espacial europeo eLISA podrá detectar en el futuro ondas gravitacionales de mayor longitud de onda -correspondientes, por ejemplo, a sistemas binarios de enanas blancas o fusiones de agujeros negros supermasivos-, mientras que la técnica PTA de la que hablamos más arriba podrá ser sensible a longitudes de onda aún mayores propias de las ondas gravitacionales primordiales o las emitidas por sistemas binarios supermasivos.

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Distintos detectores para distintas longitudes de onda de ondas gravitacionales (LIGO).

Han sido muchos años de espera, muchos más de lo previsto, pero al fin, justamente un siglo después de que Einstein predijese su existencia, ahora podemos decir que son reales. Hoy ha nacido la astronomía de ondas gravitacionales.

PD 1: el sonido de las ondas gravitacionales

Si “traducimos” la señal GW150914 a ondas de sonido detectables por el oído humano podemos obtener un inquietante a la par que fascinante efecto:

Ahora bien, las ondas gravitacionales no son ondas de sonido. Esto puede parecer una obviedad, pero lo recalco porque en un par de medios han llevado la analogía un pelín demasiado lejos (el sonido es una onda de presión que se desplaza por el aire, mientras que las ondas gravitacionales son una distorsión del propio tejido del espaciotiempo). También se pueden transformar en sonido las emisiones de radio procedentes de púlsares, por ejemplo, o, si me apuran, cualquier tipo de señal electromagnética, pero eso no las convierte en sonido. Y, por cierto, la señal tampoco se llama chirp. Chirp significa en inglés “gorjeo” o “pío” y es el adjetivo que se le ha dado a esta señal por su curiosa traducción sonora.

PD 2: ¿ondas gravitatorias u ondas gravitacionales?

Originalmente escribí esta entrada usando el adjetivo gravitatorio en vez de gravitacional, este último usado por el 99% de medios. La razón es simple. Siempre he pensado que “gravitacional” es un calco del inglés gravitational y, además, no me gusta. Pero, como bien apunta el maestro César Tomé, hoy en día se ha normalizado en castellano el uso del término “onda gravitatoria” para referirse a las gravity waves de la física de fluidos. No estoy de acuerdo con esta traducción -prefiero “ondas de gravedad”-, ¿pero quién soy yo para llevar la contraria? Además, si he pasado por el aro a la hora de escribir “jupíteres calientes” en vez de “júpiteres calientes” -lo odio-, puedo superar esto. Hay que adaptarse.

Fuente: Eureka

DESCUBREN UN NUEVO ESTADO DE LA MATERIA

Condensado de Bose-Einstein

Michio Kaku sobre el condensado Bose-Einstein – el laser atómico

Un equipo internacional de científicos, liderado por Kosmas Prassides de la Universidad de Tohoku (Japón), ha descubierto un nuevo estado de la materia denominado como el metal, ‘Jahn Teller’.

Los científicos han logrado que una sustancia formada por una estructura cristalina de buckminsterfullereno (futboleno) y átomos de cesio cambiara sus propiedades físicas, tras haber aumentado la presión, añadiendo en ella átomos de rubidio, informa el portalMotherboard.

Los investigadores vinculan dichos cambios con el efecto Jahn-Teller, que hace que algunas sustancias pasen de ser un aislante a convertirse en un superconductor.

Se prevé que el descubrimiento sea de gran valor, dado que este nuevo estado de la materia permite a los físicos explicar cómo funcionan superconductores bajo altas temperaturas, lo cual posteriormente les ayudaría a revolucionar la electrónica.

Fuente: RT

El nuevo estado de la materia es un material que parece ser un aislante, superconductor, metal e imán. Todo en uno.
Cuando hablamos de estados de la materia, no sólo existen los sólidos, líquidos, gases y plasmas. También hay que considerar los estados más oscuros que no se dan en la naturaleza, sino que son creados en el laboratorio, como el condensado de Bose-Einstein, la materia degenerada, supersólidos y superfluidos, o el plasma de quarks y gluones.

El primer paso fue introducir rubidio en moléculas de carbono-60  (lo que se conoce como buckminsterfullereno o más popularmente “buckyballs”  o futboleno y  fue bautizado así en honor al ingeniero Buckminster Fuller, inventor de la cúpula geodésica, que tiene una enorme semejanza con esta molécula). Luego, el equipo dirigido por el químico Kosmas Prassides de la Universidad Tokohu en Japón fue capaz de cambiar la distancia entre ellos, lo que les obligó a formar una nueva estructura cristalina. Y esta configuración la que, sometida a diversas pruebas, exhibe una combinación de aislante, superconductor, metal y cualidades magnéticas, junto a un nuevo estado que los investigadores han denominado “Jahn-Teller”.

El nombre del efecto Jahn-Teller, se utiliza en química para describir cómo, a bajas presiones, la disposición geométrica de las moléculas en un estado electrónico puede distorsionarse. Este nuevo estado de la materia permite a los científicos transformar lo que  es un aislante – que no puede conducir electricidad – en un conductor, simplemente aplicando presión.
Cuando se piensa en presión, habitualmente nos imaginamos la idea de apretar o comprimir algo, obligando a las moléculas a estar más juntas por la acción de la fuerza bruta. Pero otra opción es  hacerlo químicamente: ajustar las distancias entre moléculas sumando nuevos átomos.

Es esta fase de transición entre aislante y conductor de que, hasta ahora, los científicos nunca han visto antes, e insinúa la posibilidad de transformar materiales aislantes en materiales superconductores súper valiosos.¿Por qué es tan emocionante esto? Si se confirman sus propiedades, este nuevo estado de la materia permitirá a los científicos entender mejor porqué algunos materiales tienen el potencial de lograr la superconductividad a una temperatura relativamente alta: es decir -135 ° C en lugar de -243,2 ° C. Debido a que la superconductividad permite un material para conducir la electricidad sin resistencia, lo que significa que no hay calor, sonido, o cualquier otra forma de liberación de energía, la consecución de este revolucionaría la forma en que usamos y producir energía, pero sólo es viable si podemos lograrlo en llamada altas temperaturas.

Fuente: QUO

UN UNIVERSO DE LA NADA

¿POR QUÉ HAY ALGO EN VEZ DE NADA?

Lawrence M. Krauss trata de desmontar la creencia en lo sobrenatural como origen del universo

El polémico divulgador científico lo hace desde la cosmología

Hay tres poderosas razones para leer este libro, y el lector es muy libre de elegir la que prefiera. La primera es que Lawrence Krauss (Nueva York, 1954) es uno de los intelectuales más interesantes de nuestro tiempo. Cosmólogo y físico teórico de primera línea, director del Proyecto Orígenes de la Universidad de Arizona y polemista de altura —llegó a conminar al papa Ratzinger a retractarse de su teología desde las páginas de The New York Times—, Krauss es uno de esos raros científicos que levantan la vista de sus ecuaciones para ver qué implican en el gran cuadro de las cosas y las ideas. Una inteligencia del futuro, con toda la ciencia, la profundidad y el arte en su pluma. Y no sin cierta mala uva.

La segunda, muy relacionada con el último punto, es que Un universo de la nada puede leerse como un argumento contra la religión, o contra cualquier creencia en lo sobrenatural, y que tanto el autor como sus editores hacen explícito ese ángulo con transparente intención polémica. El biólogo, divulgador y ateo militante Richard Dawkins lo expresa admirablemente en el postfacio: “Si El origen de las especies fue el golpe más letal de la biología a la creencia en lo sobrenatural, quizás acabemos viendo que Un universo de la nada es su equivalente en la cosmología; el título quiere decir lo que dice; y lo que dice es devastador”.

Y la tercera es que el último libro de Krauss —octavo en un currículo que incluye el superventas del año pasado La física de Star Trek— es seguramente la mejor explicación de la cosmología moderna para el lector general disponible en el mercado. Krauss es un divulgador científico de ensueño, rápido, transparente y penetrante, y su escritura está llena de chispa y digresión anecdótica, con un seductor sentido del humor. Algún día toda la especie humana será así.

Hay pocas aventuras intelectuales tan cautivadoras como la cosmología del siglo pasado, en la que aún seguimos inmersos. A principios del siglo XX, la sabiduría convencional era que nuestra galaxia, la Vía Láctea, ocupaba la totalidad de un universo estático e inmanente, y hoy sabemos que solo es una entre los 400.000 millones de galaxias que pueblan el universo observable. Un universo que, para colmo, parece absorto en una expansión acelerada que solo puede conducir a su muerte no ya térmica, sino por falta de sustancia.

Parecemos vivir, por otro lado, en un periodo privilegiado en la historia del cosmos. En el futuro lejano, debido a la expansión acelerada de todo cuanto existe, cada galaxia parecerá estar aislada: parecerá, en efecto, ser la única galaxia del universo, como creíamos en la Vía Láctea a principios del siglo XX. La expansión será tal que toda otra galaxia quedará fuera de toda observación y toda interacción permitida por la relatividad de Einstein, que fija un límite máximo para la velocidad de la luz y cualquier otra cosa.

Los astrónomos del futuro serán mucho más ignorantes que los nuestros, en flagrante contradicción con cualquier idea intuitiva de progreso. Como dice Krauss, “vivimos en un tiempo muy especial, el único tiempo en que la observación permite verificar que… ¡vivimos en un tiempo especial!”. Se trata de una paradoja antrópica, un término casi cabalístico que usan los físicos para referirse a los posibles sesgos que puede introducir en nuestros modelos del mundo el mero hecho de que nosotros estemos observando. El mero hecho de que vivamos en el tipo de universo que permite que vivamos, si me permiten el gongorismo.

Un universo de la nada expone magistralmente el inmenso avance en nuestra comprensión del mundo que han supuesto los últimos cien años de cosmología. De la gran aportación de Einstein con su teoría del tiempo, el espacio y la materia (la relatividad general), pasando por Henrietta Swan Leavitt, la mujer que convirtió las cefeidas en una cinta métrica para medir el cosmos; el astrónomo y exabogado Edwin Hubble, que demostró la expansión del universo con su telescopio y utilizando la teoría de Henrietta, y el físico teórico y sacerdote Georges Lemaître, que leyó el Big Bang en las ecuaciones de Einstein y es sin duda uno de los dos grandes curas de la historia de la ciencia, junto al fundador de la genética, Gregor Mendel.

El título de esta reseña es el subtítulo del libro de Krauss, y también su columna vertebral: ¿Por qué hay algo en vez de nada? Una pregunta milenaria y, según el autor, el último reducto de los teólogos y otros pensadores creyentes. Incluso si la ciencia logra explicar las leyes que rigen el comportamiento de la naturaleza y del ser humano dentro de ella, sostiene esta corriente teológica, jamás podrá responder esa última de las cuestiones. ¿Por qué hay algo en vez de nada?

Apuntando a la cabeza, Un universo de la nada se propone nada menos que responder a esa última de las preguntas. No le voy a reventar el final: lea el libro.

Un universo de la nada. Lawrence M. Krauss. Postfacio de Richard Dawkins.Traducción de Cecilia Belza y Gonzalo García. Pasado & Presente. Barcelona, 2013. 251 páginas.

Fuente: EL PAÍS

NIKOLA TESLA EL HOMBRE DE LA ENERGIA LIBRE

María Santoyo: “Tesla tiene cualidades que lo acercan al mito”

El Espacio Fundación Telefónica de Madrid acoge, hasta el 15 de febrero de 2015, la exposición “Nikola Tesla: suyo es el futuro”

Aunque la ciencia y el arte consideran hoy a Nikola Tesla como el verdadero fundador de la tecnología moderna, hasta ahora no se había realizado en nuestro país ninguna exposición de envergadura sobre su figura, nos explica en la siguiente entrevista María Santoyo, comisaria de la exposición “Nikola Tesla: suyo es el futuro”. Recién inaugurada en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid, la muestra acercará al público, hasta el próximo 15 de febrero, la producción y la historia de este poliédrico personaje. Por Yaiza Martínez.

Espacio Fundación Telefónica de Madrid acoge, desde el pasado 13 de noviembre y hasta el 15 de febrero de 2015, la exposición “Nikola Tesla: suyo es el futuro”, en la que se muestran todos los rostros de Nikola Tesla, científico brillante, visionario, extravagante y héroe underground.

La muestra está comisariada por el escritor y periodista Miguel A. Delgado y por María Santoyo, gestora cultural independiente, exdirectora de proyectos en Canopia, empresa del grupo editorial Turner; además de investigadora de la historia de la fotografía y de la arqueología de la imagen y actualmente responsable de la gestión del Archivo Ragel, una colección fotográfica de cerca de 10.000 negativos de finales del XIX y principios del XX. Con ella hemos hablado para que nos explique el origen y el contenido de este proyecto.

¿Cómo surge la idea de desarrollar una exposición en Madrid para “arrojar luz” sobre la figura de Tesla?

Hasta el año 2011, solamente relacionaba el nombre Nikola Tesla con un personaje fugaz y enigmático de una novela de Paul Auster, El palacio de la luna. Pero accedí a su verdadera dimensión gracias al libro Yo y la energía, la autobiografía prologada por Miguel A. Delgado. La trayectoria vital y profesional de Tesla ofrecía material más que suficiente para imaginar una gran exposición.

Me pareció raro que no se hubiese presentado ningún proyecto de envergadura antes, más allá de dos pequeñas muestras exclusivamente centradas en los inventos de Tesla. La editora del libro nos puso en contacto a Miguel y a mí, y empezamos a pensar en la manera de plantear la exposición. Ambos considerábamos que una de las cosas que más juego podía darnos era la transversalidad del personaje. Tesla fue un científico genial, pero también un hombre de mundo a caballo entre dos siglos y dos continentes, testigo de la construcción de Nueva York, un icono cultural y contracultural…

¿A quién va dirigida esta exposición?

A todo el mundo, sin excepción.

En ella, además de elementos de la trayectoria científica de Tesla, se exponen objetos personales del científico. ¿Qué imagen de él reflejan estos objetos?

Hemos realizado esta exposición en colaboración con el Museo Tesla de Belgrado, institución depositaria del archivo personal del científico que Miguel y yo visitamos al inicio del proyecto. El Museo ha prestado una serie de maquetas y modelos interactivos y, tras una negociación algo más compleja, conseguimos que cedieran algunos objetos personales: un bombín, un par de guantes y un par de botines.

El legado personal de Tesla no ha salido de Serbia desde la fundación del Museo en los años cincuenta del siglo pasado. Estos tres fetiches no tienen un gran valor económico, pero poseen una enorme carga simbólica, y evocan la presencia fantasmagórica de Tesla, un tipo alto, extremadamente delgado, elegante y seductor.

En la presentación de la exposición se dice que “Tesla fue una figura profundamente inspiradora en multitud de ámbitos”. De hecho, la exposición se hace eco de la recuperación de su figura llevada a cabo, en la última década, por artistas, científicos, internautas, blogueros, museos, empresas y entidades de todos los rincones del mundo… ¿Qué vamos a encontrar en ella en este sentido?

Cuando nos adentramos en el universo Tesla, una de las cosas que más sorprenden es la multitud de referencias que existen, no tanto en ámbitos estrictamente científicos como en otros, más cercanos al arte. Tesla tiene cualidades que lo acercan al mito, es una figura que trasciende su especificidad, como el vampiro o la mujer fatal, y los creadores se apropian de ella, otorgándole libremente contenidos (no siempre fieles a la realidad).

También es un personaje que se relaciona con la creatividad por sus asombrosas capacidades mentales y por la manera en que desarrollaba sus ideas, partiendo de visiones casi epifánicas. Como tal, Tesla fomenta el espíritu creativo de muchas personas en el mundo: cineastas, artistas, novelistas, dibujantes de cómic, graffiteros, tatuadores, ecologistas, músicos…

Tesla es una auténtica red social, no hay más que meter su nombre en Google y comprobar el número y la diversidad de los resultados. Para escenificar este tema, que no es menor en nuestra opinión, optamos por un gran mural multimedia con ecos industriales en el que mezclamos, sin establecer categorías, videoclips, videojuegos, fotos, series, películas, fan-art, etc. Hemos titulado esta sección “Tesla Pop”.

Uno de los espacios de la exposición “Nikola Tesla: suyo es el futuro”. Fuente: Espacio Fundación Telefónica.

Supongo que habrá sido muy complejo hacer una síntesis de una figura tan poliédrica, que informe e inspire a la vez…

Todas las figuras son poliédricas… Para nosotros era un reto reflejar los planos que interfieren en la definición del personaje. Hemos abordado la exposición como un cuadro cubista en el que el espectador accede a la vida de Tesla no de forma lineal, cronológica, sino conceptual.

Para ello, partimos de los escritos personales de Tesla, su autobiografía y su correspondencia -una voz que atraviesa todo el recorrido expositivo y guía al espectador-, para definir los ámbitos principales. Son secciones también protagonizadas por la iconografía tesliana, muy poderosa: los rayos, el laboratorio circular, la bobina, la torre de Wardenclyffe, etc.

Para completar la visión del personaje, quisimos también mostrar su contexto sociocultural. Hay una sección dedicada a la Nueva York contemporánea de Tesla, su verticalidad: no es casual que Tesla erigiera sus aparatos hacia el cielo, como los primeros rascacielos de su ciudad de adopción, ni que las ciudades imaginadas por la ciencia ficción posterior se inspiren en Tesla. Dedicamos otra sección a los personajes de su entorno (una especie de biografía coral de Tesla) y otra muy importante a algunos científicos españoles contemporáneos de Tesla y seguidores de sus principios, también ilustres olvidados.

Ustedes han anunciado que la exposición está “montada con un planteamiento ecológico”, ¿a qué se refieren?

Nikola Tesla fue un ecologista avant la lettre; en una época en la que nadie se preocupaba por esas cuestiones (de hecho no existía el término ecología), él previno del agotamiento de los combustibles fósiles y de la necesidad de encontrar fuentes de energía alternativas e imperecederas.

Fernando Muñoz, arquitecto responsable del diseño expositivo, es experto en museografía sostenible y ha calculado el impacto ambiental de cada una de sus decisiones para obtener la huella de carbono de la exposición, una práctica que en pocos años será asumida como imprescindible para garantizar la calidad de cualquier producto y que en otras disciplinas es ya práctica común.

La huella de carbono de esta exposición se ha reducido un 35% en comparación con un diseño estándar. gracias al uso de materiales reciclados o reciclables, iluminación con leds, etc.

Esta muestra va a completarse con actividades y un amplio programa educativo… ¿En qué consistirán ambas cosas?

Nuestro proyecto no hubiese sido posible sin el apoyo de una entidad como la Fundación Telefónica, capaz de disponer los medios necesarios para producir una exposición de cerca de 1.000 metros cuadrados con muchos recursos audiovisuales, instalaciones site-specific, piezas procedentes del extranjero, etc.

El proyecto se alimenta por otra parte con el trabajo de su departamento educativo, formado por un grupo de excelentes profesionales que se han involucrado especialmente con el personaje. Tesla es muy sugerente y permite desarrollar actividades muy interesantes en torno a él. Se han programado talleres para niños, familias y adolescentes (por ejemplo, para crear una estación de radio, o diseñar robots) y ciclos de conferencias, proyecciones y mesas redondas para adultos sobre o a partir de Tesla (por ejemplo, una mesa sobre la tendencia retrofuturista steampunk; otra protagonizada por fans célebres de Tesla, como la compositora Christina Rosenvinge o el actor Luis Tosar). Una buena exposición no es un mero espectáculo para visitantes pasivos, debe fomentar la reflexión o el conocimiento, y para ello es mejor extender la sala de exposiciones a espacios de interacción.

Fotografía de Nikola Tesla en 1895 a los 39 años de edad. Imagen: Napoleon Sarony. Fuente: Marc Seifer Archive.

Fundador de la tecnología moderna

La ciencia y el arte consideran hoy a Nikola Tesla como el verdadero fundador de la tecnología moderna. Pero, pese a que sus inventos alumbraron nuestra civilización eléctrica, su mérito recayó en otras dos figuras del momento: Edison y Marconi.

Con Thomas Alva Edison, Tesla se enfrentó en lo que se conoce como la “guerra de las corrientes”, pues se empeñó en mostrar la superioridad de la corriente alterna sobre la corriente continua de Edison. En cuanto a Guillermo Marconi (Bolonia, 1874) , este ingeniero eléctrico italiano patentó la radio utilizando para su realización catorce patentes previas de Nikola Tesla. A pesar de ello, ganó el Premio Nobel de Física en 1909.

Pero Tesla no solo concibió la corriente alterna y la radio, también fue pionero en tecnologías visionarias como la robótica, los aviones de despegue vertical, las armas teledirigidas, las lámparas de bajo consumo, las energías alternativas o la transmisión inalámbrica de electricidad. Asimismo, contribuyó en diferente medida al desarrollo del control remoto, el radar, las ciencias de la computación, la balística, la física nuclear y la física teórica.

Nacido de padres serbios en el pueblo de Smiljan, en el Imperio Austrohúngaro, cerca de la ciudad de Gospić, perteneciente al territorio de la actual Croacia; en 1882 se traslada a París para trabajar como ingeniero en la Continental Edison Company (una de las compañías de Thomas Alva Edison). En junio de 1884, llegó por primera vez a los Estados Unidos, a la ciudad de Nueva York, en la que es contratado por Edison para trabajar en la Edison Machine Works.

En el ámbito de lo personal, Tesla era asiduo a la lectura y capaz de memorizar libros completos, ya que supuestamente poseía una memoria fotográfica. En su autobiografía relató cómo, durante su infancia, sufrió alucinaciones asociadas a una palabra o idea que le rondaba la cabeza. A veces, estas visiones le daban la solución a problemas que se le habían planteado. Además, simplemente con escuchar el nombre de un objeto, era capaz de visualizarlo de forma muy realista.

Fuente: Tendencias21

La ciencia física es la base de una vida sostenible

El Tao de la Física – Fritjof Capra

La ciencia física es la base de una vida sostenible. Permite comprender las dimensiones biológica, ecológica, cognitiva y social de la vida.

La física tiene mucho que aportar a una vida sostenible, afirma en la siguiente entrevista el físico y teórico de sistemas Fritjof Capra. La ecología, considera, no es propia sólo de la biología, sino también de otras muchas ciencias, incluyendo la termodinámica y otras ramas de la física. Sin embargo, para contribuir significativamente al gran desafío de generar un futuro sostenible, los físicos necesitarán reconocer que su ciencia jamás dará lugar a una “teoría de todas las cosas”, sino que es tan sólo una de las muchas disciplinas científicas necesarias para comprender las dimensiones biológica, ecológica, cognitiva y social de la vida. Por Beatrice Bressan.

Fritjof Capra es un físico y un especialista en teoría de sistemas que consagró 20 años a la física de partículas antes de centrar su interés en otras ramas de investigación, a mediados de los 80. Célebre escritor, es autor de Las conexiones invisibles.

Capra, que se describe a sí mismo como un educador y un ecologista militante, es director fundador del Center for Ecoliteray de Berkeley (California), que promueve la reflexión sobre la ecología y los sistemas en la enseñanza primaria y secundaria. En esta entrevista, Capra expresa sus conceptos sobre física moderna y sobre “la educación para una vida duradera”.

Durante cuatro años, el Festival de la Ciencia de Génova, cuya última edición tuvo lugar entre el 26 de octubre y el siete de noviembre de 2006, ha sido uno de los eventos más atendidos por los medios europeos de comunicación científica. El objetivo de este festival es crear un punto de encuentro de personas e ideas.

Uno de los muchos ponentes influyentes del festival de 2006 fue Fritjof Capra, doctorado en 1965 por la universidad de Viena, y autor de varios bestsellers internacionales, como el Tao de la Física, La Trama de la Vida y Las Conexiones Ocultas. En el festival dio una conferencia titulada Leonardo da Vinci: la unidad de ciencia y arte.

Usted comenzó su carrera como investigador de la física de partículas y se hizo famoso por su popular libro El Tao de la Física, publicado en 1975, y en el que se relacionaba la física del siglo XX con las tradiciones místicas. ¿Esperaba usted tener tanto éxito con su obra cuando la escribió?

A finales de la década de los 60, advertí algunos llamativos paralelismos entre los conceptos de la física moderna y las ideas fundamentales de las tradiciones místicas orientales. En ese momento, intuí con fuerza que estos paralelismos algún día serían de dominio público y que debía escribir un libro sobre ellos. El éxito posterior de la obra superó todas mis expectativas.

Recientemente, me ha resultado muy gratificante enterarme de que mi trabajo como escritor ha sido reconocido por el CERN. El CERN recibió hace unos años el regalo de una estatua de Shiva Nataraja, Señor de la Danza, del gobierno hindú, para celebrar la relación a largo plazo entre la organización y la India. Allí se instaló una placa especial que explica la conexión entre la metáfora de la danza cósmica de Shiva y la “danza” de las partículas subatómicas, tomando varias citas del Tao de la Física.

La física de partículas puede verse como un método reduccionista, pero usted aboga por la visión de los sistemas como un todo. ¿Cuándo comenzó a profundizar en la teoría de sistemas y qué dirigió sus propias ideas?

En el epílogo de El Tao de la Física, argumenté que “la visión del mundo derivada de la física moderna es incoherente con nuestra sociedad actual, que no refleja la interrelación armoniosa que observamos en la Naturaleza”. Para conectar los cambios conceptuales en la ciencia con el profundo cambio en la cosmovisión y en los valores de la sociedad, tuve que ir más allá de la física y buscar un marco conceptual más amplio. Entonces, me di cuenta de que las cuestiones sociales principales –salud, educación, derechos humanos, justicia social, poder político, protección del medioambiente, gestión empresarial, economía, etc.- todas tenían que ver con los sistemas vivos: con los seres humanos individuales, con los sistemas sociales y con los ecosistemas. A partir de esta comprensión, mi interés investigador cambió y, a mediados de los 80, abandoné las investigaciones en la física de partículas.

Ahora esta interpretación se ha hecho popular, porque hay un aumento del interés por las ideas sobre la complejidad. ¿Le gusta ver cómo se está desarrollando la complejidad?

Sí. Creo que el desarrollo de la dinámica no-lineal, conocida popularmente como teoría de la complejidad, en los años 70 y 80 marcan un cambio en nuestra comprensión de los sistemas vivos. Los conceptos clave de este nuevo lenguaje –caos, atractores, fractales, bifurcaciones, etc- no existían hace 25 años. Ahora sabemos qué tipo de preguntas hacer cuando tratamos con sistemas no lineales. Esto ha producido algunos descubrimientos significativos en nuestra comprensión de la vida. En mi propio trabajo, he desarrollado un marco conceptual que integra tres dimensiones de la vida: la biológica, la cognitiva, y la social. Presenté este marco en mi libro Las Conexiones Ocultas.

¿Cómo se involucró en el Center for Ecoliteracy de Berkeley?

Durante los pasados 30 años, he trabajado como científico y divulgador, y también como educador y activista medioambiental. En 1995, algunos colegas y yo fundamos este centro para promover la ecología y la filosofía de sistemas en las escuelas públicas. Durante los últimos 10 años, hemos desarrollado una pedagogía especial, la “educación para una vida sostenible”. Crear comunidades humanas sostenibles significa, en primer lugar, comprender la habilidad inherente a la naturaleza de sustentar la vida, para después rediseñar nuestras estructuras físicas, tecnológicas y las instituciones sociales en concordancia con esa comprensión. Eso es lo que queremos decir con “ecológicamente culto”.

¿Qué éxito atribuye a sus proyectos y cómo mide ese éxito?

Me siento feliz de poder decir que nuestro trabajo ha recibido una gran respuesta por parte de los educadores. Hay un intenso debate sobre los estándares y las reformas educativos, pero basado en la creencia de que el objetivo de la educación es preparar a los jóvenes sólo para competir en el entorno de la economía global. El hecho de que esta economía no sirve para preservar la vida sino para destruirla se ignora normalmente, y ahí el verdadero desafío educativo de nuestro tiempo: comprender el contexto ecológico de nuestras vidas, apreciar sus escalas y límites, reconocer los efectos de la acción humana y, sobre todo, “conectar los puntos”.

Nuestra pedagogía, “la educación para una vida sostenible” es experimental, sistémica y multidisciplinar. Convierte los colegios en comunidades de aprendizaje, a los jóvenes en ecológicamente cultos y les aporta una visión ética del mundo y de las posibilidades de vivir como personas completas.

De lo que usted conoce sobre educación a ambos lados del Atlántico, ¿cree que hay grandes diferencias entre los sistemas educativos de Europa y USA, y cree que pueden aprender unos de otros?

Los educadores que asisten a nuestros seminarios proceden de muchas partes del mundo. Las conversaciones con ellos nos han permitido darnos cuenta de que, aunque nuestra pedagogía haya inspirado a gente de muchos países (de Europa, Latinoamérica, África y Asia), no puede ser aplicada como modelo en dichas naciones de manera directa.

Los principios de la ecología son los mismos en todas partes, pero los ecosistemas en que se practica el aprendizaje experimental son distintos, así como los contextos culturales y políticos de la educación en los diversos países. Esto supone que la educación para la sostenibilidad necesita una re-invención continua.

¿Puede contribuir la física a la visión de la vida sostenible?

Absolutamente. La ecología es intrínsecamente multidisciplinar porque los ecosistemas conectan el mundo vivo con el inorgánico. La ecología, por tanto, no es propia sólo de la biología, sino también de otras muchas ciencias, incluyendo la termodinámica y otras ramas de la física.

El flujo energético, en particular, es un importante principio de la ecología, y el desafío de pasar de utilizar combustibles fósiles a fuentes de energías renovables es un campo en el que los físicos pueden hacer contribuciones muy significativas. No es casual que uno de los mayores expertos mundiales en energía, Amory Lovins, director del Rocky Mountain Institute, sea un físico.

Actualmente, usted trabaja en un Nuevo libro sobre la ciencia de Leonardo da Vinci. En su seminario en el Festival de Ciencia de Génova usted explicó que lo que necesitamos hoy es exactamente el tipo de ciencia que Da Vinci anticipó. ¿Cómo cree que la física debe –o puede- evolucionar en el futuro? ¿Hay, en su opinión, un futuro para la física?

Bien, usted me pregunta varias cuestiones en una, todas ellas muy sustanciosas. No estoy seguro de si podré hacerles justicia de manera breve. Ciertamente, podemos aprender mucho de la ciencia de Leonardo. Dado que nuestras ciencias y tecnologías se han ido estrechando cada vez más en sus enfoques, no se pueden comprender los problemas de nuestro tiempo desde una perspectiva interdisciplinar, dominados como estamos por compañías con escaso interés por el bienestar de los seres humanos. Urgentemente, por tanto, necesitamos una ciencia que honre y respete la unidad de todas la formas de vida, reconozca la interdependencia fundamental entre todos los fenómenos humanos y nos reconecte con la Tierra viva. Ésta es exactamente la ciencia que Leonardo da Vinci anticipó y esbozó hace 500 años.

Los físicos tienen mucho que aportar al desarrollo de este nuevo paradigma científico. En la ciencia moderna, la interdependencia fundamental de todos los fenómenos naturales fue por primera vez reconocida en la teoría cuántica, y diversas ramas de la física resultan esenciales para la comprensión completa de la ecología.

Sin embargo, para contribuir significativamente al gran desafío de generar un futuro sostenible, los físicos necesitarán reconocer que su ciencia jamás dará lugar a una “teoría de todas las cosas”, sino que es tan sólo una de las muchas disciplinas científicas necesarias para comprender las dimensiones biológica, ecológica, cognitiva y social de la vida.

Beatrice Bressan es física y divulgadora científica del Centro Europeo de Investigación Nuclear CERN. Esta entrevista se publicó originalmente en la revista CERN Courrier, May 2007 p 15. Se reproduce con autorización. Traducción del inglés: Yaiza Martínez. Copyright CERN.

Fuente: Tendencias21

Planeta Alienígena: Misión Espacial Darwin

¿Cómo será la vida en otros Planetas?

Técnicos y científicos de la NASA emprenden un viaje simulado, verificado por destacados expertos, hacia un planeta llamado Darwin IV. La vida que alberga, pondrá a prueba los límites de la tecnología y el intelecto de las mentes más brillantes de nuestra generación, porque en Darwin, la vida está llena de sorpresas.

¿Estamos preparados para enfrentarnos a los desafíos técnicos de una misión que durara décadas? Para averiguarlo la misión Darwin IV simula el siguiente paso de gigante: la búsqueda no tripulada para encontrar vida más allá de nuestro sistema solar. Para ello, utilizan la sonda Von Braun que tiene aproximadamente las dimensiones de un submarino nuclear y viaja a 60.000 kilómetros por segundo, una quinta parte de la velocidad de la luz.

El doctor Michio Kaku, autor del conocido libro “Mundos Paralelos”, físico y profesor en la Universidad de Nueva York dice: “2014, ese es el año mágico en el que se pondrá en órbita el Buscador de Planetas Terrestres con una misión especifica: hallar pruebas de la existencia de unos 500 planetas similares a la tierra, que orbitan en otros sistemas solares”.

“Planeta alienígena” es un docuficcion que cuenta con las intervenciones del físico Stephen W. Hawking, autor de “Breve historia del tiempo”, de J. Craig Venter, creador del proyecto Genoma Humano o del paleontólogo Jack Horner. Una producción norteamericana, Discovery, dirigida por Pierre de Lespinois y titulada “Planeta alienígena”. Recreación documental de cómo podría ser la vida en otros mundos, y gracias a los más prestigiosos científicos como Stephen Hawking o Michio Kaku, han simulado con sus ideas ese hipotético mundo extraterrestre.

La mayor aventura del género humano se encuentra a pocas décadas de aquí. Durante este siglo, sondas espaciales no tripuladas equipadas con inteligencia artificial, serán enviadas para buscar vida en los planetas más allá de nuestro sistema solar. Pero, ¿qué pasará cuando la encontremos?

Darwin IV, ubicado a 6,5 años luz de la Tierra, tiene dos soles y el 60 por ciento de la gravedad de la Tierra. Habiendo identificado a Darwin IV como un medio ambiente que podría sustentar vida, la Tierra envía una misión piloto no tripulada, compuesta por una “nave madre” –apodada Von Braun– y tres sondas: Balboa, da Vinci y Newton. Su objetivo es encontrar y evaluar cualquier forma de vida sobre Darwin IV. “Con nuestros emisarios robóticos, seremos mucho más que los espectadores que somos hoy en día”, observa el Dr. James Garvin, Científico principal de la NASA. “Pero eso está bien… ellos se comportarán más como nosotros, en el sentido de que observarán, extraerán la información, comprenderán las anomalías y encontrarán los lugares más relevantes.”

Darwin IV es experimentado a través de los ojos de las sondas Newton (también conocida como Ike) yda Vinci (apodada Leo), cuyos datos biológicos y atmosféricos son retransmitidos a Von Braun, y luego comunicados a la Tierra a través de una simulación de voz computarizada y lecturas sobre la pantalla.

Inicialmente, la gran expectativa es la de encontrar evidencia de vida microscópica. Sin embargo, las sondas pronto se encuentran en el medio de un ecosistema desarrollado, repleto de una diversidad de vida de todas las medidas –exactamente como la Tierra. “Si miras la variedad de especies que se parecen en este planeta, la naturaleza se presentará con mejores cosas que nuestra más lograda ciencia ficción,” comenta J. Craig Venter, del Instituto J. Craig Venter, quien fue responsable por el exitoso desciframiento del genoma humano.

La vida en Darwin IV evaluará los límites de la tecnología y la inteligencia de las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Pareciera ser que la vida en el extraño planeta es más grande, más rápida y hasta más peligrosa de lo que jamás hayamos imaginado.

Fuente: Discovery