TIC y neurociencia alumbrarán un salto sin precedentes en nuestra historia

¿Qué son las TIC?

APLICACION DE LAS TIC EN NUESTRA VIDA

Se generará un ecosistema híbrido que habrá de tener competitividad y cooperación, para no terminar en desastre global

La nueva neurociencia, las TIC, la nanotecnología, la inteligencia artificial, la robótica, entre otras vanguardias, van a alumbrar en un futuro próximo un salto adelante sin precedentes en la historia de la humanidad. Con este salto se generará un nuevo ecosistema híbrido que tendrá competitividad, de un lado; y cooperación y asociación, por otro. Sin lo segundo, lo primero puede terminar en desastre global. Por Miguel Ormaetxea.

La nueva neurociencia, las TIC, la nanotecnología, la inteligencia artificial, la robótica, entre otras vanguardias, van a alumbrar en un futuro próximo un salto adelante sin precedentes en la historia de la humanidad.

Países como EEUU, Alemania, Japón y Corea del Sur preparan una oleada de automatización. Vamos a entrar en un mundo “volátil, incierto, complejo y ambiguo”, presidido por la hibridación.

Las anteriores cuatro palabras forman el acrónimo de lo que en EEUU se llama “VUCA World”, surgido en la US Army War College de Carlisle, en Pensilvania. Las armada americana se prepara así para un planeta con crecientes “cisnes negros”, acontecimientos inesperados, crisis que nadie ha sido capaz de prever, de una profundidad sin precedentes.

Tomemos, por ejemplo, la industria del motor, que durante muchos decenios ha estado ofreciendo prácticamente los mismos productos, ineficientes, costosos, muy contaminantes. La quimera del coche eléctrico permaneció bien guardada en el desván mientras una de las industrias básicas del mundo rodaba a toda máquina de beneficios.

Coches híbridos

Un solo hombre, Elon Musk, con recursos muy limitados, está demostrando que el coche eléctrico verdaderamente eficiente está a la vuelta de la esquina. Y ha sido una empresa japonesa, Toyota, la primera en lanzar, en medio del escepticismo general, el primer coche híbrido.

Ahora, todos los fabricantes alemanes, los franceses y hasta los americanos, muy a desgana, se han lanzado a la frontera de los coches híbridos, que no son sólo una etapa intermedia hasta la llegada del coche eléctrico, sino un verdadero signo de los tiempos.

Mentes humanas conectadas por la Red

La conexión total de las mentes humanas, unidas por la Red, está a menos de una década de distancia. Y la conexión total significa la hibridación total.

Un libro recientemente aparecido en Francia, “Confucius et les automates “, del consultor Charles-Eduard Bouée y el periodista François Roche, hablan de la estrategia de “huella ligera” que las empresas y las instituciones precisan en el nuevo planeta global que llama a la puerta.

“Será un mundo fuertemente robotizado, una combinación singular entre el modelo americano y el modelo chino, una especia de fusión entre Silicom Valley y el delta del rio de las Perlas: creación, inspiración, imaginación por un lado; y agilidad, velocidad y capacidad de adaptación, en el otro”.

Computación de inmersión

La llamada “Blended Reality” es otro vector de la hibridación. Es la realidad híbrida que generamos de manera creciente al mezclar el entorno artificial generado por ordenador con la realidad que nos rodea.

HP ya tiene un ordenador “blended”, el HP Sprout, que es un ordenador tradicional de pantalla táctil, con un escáner 3D y un alfombrilla digitalizadora. Puedes digitalizar un objeto, manipularlo en el ordenador e imprimirlo con tu impresora 3D.

Pronto los móviles incorporarán un escáner 3D, que será en todo momento, a nuestra mano, la puerta de entrada al mundo digital, en el que las fronteras entre lo “real” y lo “virtual” se difuminan en una trepidante e insondable hibridación.

Y este nuevo ecosistema híbrido tendrá competitividad, de un lado; y cooperación y asociación, por otro. Sin lo segundo, lo primero puede terminar en desastre global.

Fuente: Tendencias21

CIRUGÍA ROBÓTICA

La cirugía y su futuro robótico

Robots médicos. La medicina del futuro

El “doctor-robot” Watson comienza a asesorar a los médicos

Más de 200 especialistas debaten en la Conferencia Wired Health sobre la verdadera utilidad de esta herramienta, creada por IBM

La multinacional IBM ha puesto a prueba la supercomputadora Watson en el campo de la medicina, un sistema capaz de responder con precisión a preguntas en lenguaje natural y que se está preparando para asimilar conocimientos médicos con los que asesorar a los especialistas. Aunque el objetivo es ofrecer este servicio a los hospitales en los próximos años, los detractores consideran que puede ocasionar una dependencia excesiva y que la máquina nunca superará al hombre. Por Patricia Pérez.

Contra diagnósticos erróneos

“No es humanamente posible practicar la mejor medicina. Necesitamos máquinas”, asegura Herbert Chase, profesor de Medicina Clínica en la Universidad de Columbia y miembro del equipo asesor de Watson. “Un equipo como este, con procesamiento paralelo masivo, es como 500.000 veces yo buscando en Google y Pubmed, tratando de encontrar la información correcta”, añade.

Los programadores consideran que la supercomputadora podría prevenir muchos de los diagnósticos erróneos que se dictan, que en EEUU se sitúan en torno al 10%, al actualizarse con los últimos avances médicos y contrastarse con los propios datos de cada paciente.

Por contra, el médico Mark Graber, ex jefe del VA Medical Center en Northport, Nueva York, afirma que “los médicos tienen el conocimiento suficiente” y que “ese no es el problema al que nos enfrentamos”. Graber dirigió hace varios años un análisis de archivos de Medicina Interna con 100 casos de diagnósticos erróneos, detectando que sólo en unos pocos casos los doctores se equivocaron por carecer de la información necesaria. “La mayoría surgieron por problemas cognitivos, tales como el exceso de confianza y falta de atención, o problemas sistémicos como la falta de comunicación, ineficiencia y un pobre trabajo en equipo”, subraya.

Sin embargo, Chase insiste en que Graber no aprecia el valor de Watson como segunda opinión. “Todos hemos tenido la experiencia de quedarnos atascados en un diagnóstico. Una máquina puede modificar ese perfil en un instante basándose en información nueva”, reconoce. Y es que, una de las ventajas de la máquina respecto al hombre es su imparcialidad.

Al otro lado de la balanza, Graber advierte que los médicos deberán protegerse contra una excesiva dependencia de Watson. “Cuando uso demasiado mi GPS, no aprendo la estructura de una nueva ciudad”, compara el doctor.

Él y Chase también están en desacuerdo sobre las consecuencias económicas de su implantación. Según Chase, Watson ayudará a médicos y pacientes a reducir o eliminar pruebas y tratamientos innecesarios que ahora cuestan 750.000 millones de dólares al año. Graber teme que la capacidad de Watson para identificar muchos diagnósticos aliente a los pacientes a solicitar aún más pruebas, desencadenando justo el efecto contrario.

Máquina vs. hombre

Susan Saleeb, cardióloga pediátrica del Hospital Infantil de Boston, se unió al debate para indicar que los tipos de pruebas utilizados por los médicos pueden no estar incluidos en las bases de datos a las que Watson recurre. De hecho, según una investigación llevada a cabo en su propio centro, casi el 80% de las decisiones tomadas por especialistas en corazón infantil no se basaban en datos ya publicados, y menos del 3% hacía referencia a un estudio específico.

El superordenador también tiene solución para esto pues, a pesar de no estar activo todavía, su poder real no es el dominio de la literatura médica, sino que va “directamente a los datos en bruto y a decirnos lo que no sabemos”, explicó Steve Shapiro, quien está también en el consejo asesor del equipo. “Lo bueno de Watson es que no necesita un formato estructurado”, matiza. Así, podría analizar datos informales, como las notas de una enfermera que incluso los médicos suelen pasar por alto, pese a que en ellas se concentra gran parte de la experiencia de la actividad asistencial.

Otra de las preocupaciones acerca de Watson está relacionada con el temor de que la interacción médico-paciente acabe estando demasiado mediada por una máquina, privando a los pacientes de los beneficios de la atención personal. “Las pequeñas cosas que los doctores pueden ver y oír al escucharte, aquello que pueden preguntar por extraño que parezca por una corazonada; los ordenadores no son muy buenos en eso”, reconoce Evan Falchuk, vicepresidente de Best Doctors, compañía que ofrece segundas opiniones.

Y más importante aún. Hay una parte de la consulta en que, independientemente de la patología, se comparten cosas profundamente personales con alguien de confianza. “Esa relación entre dos seres humanos es algo importante y único, y no he visto nada que pueda asemejarse”, manifiesta Falchuck.

En esta línea, Shapiro cree que Watson podría liberar realmente a los médicos para que se concentraran en esas relaciones. “Watson depende de la entrada de información, todavía necesitamos a los médicos, la historia clínica. Ahí es donde está el arte de la medicina”, matiza. Sin embargo, aunque el superordenador no tiene la respuesta, puede ser una gran ayuda. “Hay algunas tareas en las que los seres humanos son mejores que las máquinas, y viceversa”, añade Chase. “El reto es aprovechar los trabajos en que las máquinas son mejores, liberando a los médicos para hacer lo que mejor saben”.

Fuente: tendencias21

HUMANOS MEJORADOS

CIBERNÉTICA

CEREBROS Y MÁQUINAS CONECTADOS

Kevin Warwick (9 de febrero de 1954, Coventry, Gran Bretaña) es un científico, ingeniero, profesor de Cibernética en la Universidad de Reading. es conocido por sus investigaciones sobre Interfaz Cerebro Computadora que comunican el sistema nervioso humano con diferentes tipos de computadores y por sus trabajos en el campo de la robótica. Warwick ha investigado sobre inteligencia artificial, ingeniería biomédica, sistemas de control y robótica. Muchas de sus primeras investigaciones tuvieron que ver con las áreas de tiempo discreto (no continuo pero con intervalos constantes) y control adaptativo. Introdujo el primer control de representación de estado basado en controladores de autoajuste y unificó representaciones de estado de tiempo discreto del Modelo autorregresivo de media móvil. Además ha hecho contribuciones en los campos de las matemáticas, (ingeniería eléctrica) y producción industrial de maquinaria.

Kevin Warwick es el primer ciborg del mundo. El científico británico afirma que ha llegado la hora de que superemos nuestras «limitaciones» humanas. En el futuro, gracias a un chip en el cerebro, seremos capaces de usar más que los cinco sentidos, ya que los implantes ampliarán nuestras vías de comunicación con personas y objetos.

“El primer implante que me puse fue un aparato de identificación de radiofrecuencia (RFID), que me identificaba ante el ordenador de mi edificio, con lo que me abría las puertas y me encendía las luces. Ahora este implante lo llevan varios miles de personas. Ya se ha aprobado en Estados Unidos para usos médicos, y la gente que padece epilepsia o diabetes lleva ahí grabada su información médica.”

“Creo que, como humanos, hemos evolucionado de una cierta manera, lo que está bien para un ser humano. Pero ahora vivimos en un mundo tecnológico, y podemos ver lo que nos ofrece la tecnología. El modo en el que los humanos actuamos y pensamos tiene ciertas ventajas, pero también algunos inconvenientes. La inteligencia artificial puede pensar mucho más rápido que nosotros; tiene capacidades matemáticas formidables, y puede comprender el mundo en múltiples dimensiones. Sin embargo, como humanos estamos limitados a tres dimensiones, y pensamos con bastante lentitud en comparación con cómo operan los ordenadores. Ya que disponemos de esta ventaja tecnológica, ¿por qué no mejoramos y potenciamos lo que somos y cómo actuamos conectándonos a esa tecnología? ¿Por qué no puedo tener un extra de memoria? Podría ser peligroso, pero también resulta extremadamente emocionante, y nos ofrece nuevas oportunidades.”

“El sistema educativo cambiará por completo. Quizá no necesitemos que las universidades y los colegios sean como hasta ahora si simplemente podemos descargarnos la información en el cerebro. Me imagino unas vacaciones al estilo Matrix. ¿Realmente necesitamos viajar hasta un lugar si nos podemos descargar en el cerebro una imagen y unos recuerdos? Creo que el mundo cambiará, obtendremos una realidad diferente. El mundo de la medicina cambiará. Las farmacéuticas han vivido una gran época gracias a los inputs químicos. Pero el cerebro es un sistema nervioso electroquímico. Si tienes dolor de cabeza, te puedes librar de él tomando productos químicos, pero en poco tiempo seremos capaces de eliminarlo inyectándonos señales eléctricas. Quien tenga acciones de una empresa farmacéutica, que se lo plantee, porque en menos que canta un gallo estará perdiendo dinero si no es que la empresa decide embarcarse en nuevos tratamientos, de una naturaleza más electrónica.”

Fuente: Infonomia

Inteligencia Artificial, Robótica, Ciencia-Ficción

Marvin Minsky: “Las máquinas podrán hacer todo lo que hagan las personas, porque las personas sólo son máquinas”

Marvin Minsky se califica como psicólogo teórico, aunque en realidad es un eminente matemático e informático. Es cofundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y profesor de Arte y Ciencias de la Comunicación. Trata a las máquinas casi como si fueran seres humanos y trabaja para conseguir que piensen por sí mismas. Vehemente y polémico, su carácter le ha servido para enemistarse con muchos colegas.

Lanza manotazos al aire mientras habla, y se indigna cuando le cuestionan una idea de la que está tan seguro como de que se llama Marvin Minsky. Ha llegado 45 minutos antes de la hora convenida porque su esposa quiere algo de tiempo libre para ver El Escorial, pero él se alarga en cada respuesta, no parece que le importe el reloj. Ella se queda contemplado tras una columna y de vez en cuando se apoya en el bastón para cambiar de postura, como si hubiera elegido el papel de vieja compañera que sigue a su marido allá donde va y continúa disfrutando de sus digresiones sobre inteligencia artificial, inteligencia humana, cibernética, ciencia-ficción, neurología, robots… Parecen una pareja de maduros turistas, aunque su vitalidad corresponde más a la de un par de jovenzuelos. Acaban de participar en un congreso de neurociencia patrocinado por la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Tecnológico de Canarias, apenas han tenido tiempo para tomar tierra de su vuelo procedente de Estados Unidos y ya están confirmando sus reservas para viajar a Italia esta misma tarde, no sin antes haber paseado por las inmisericordes cuestas de San Lorenzo de El Escorial.

–¿Qué edad tienen?
–Bueno, nuestra edad es algo que cambia a cada momento. No merece la pena reseñarla. Cuando era un joven investigador y empecé a estudiar, mis maestros tenían 50 años. Entonces pensaba: ¿Cómo es posible vivir medio siglo y seguir teniendo ideas claras? Bueno, ahora sé cómo….

–Sí, desde luego, y algunas de sus ideas son muy controvertidas…
–Me da igual. No pretendo convencer a nadie, me gusta ser polémico. No siempre las mejores ideas científicas son las más comunes.

–Por ejemplo, usted es crítico al evaluar el estado actual de la inteligencia artificial.
–Sí, porque lo único que tenemos hoy en día son máquinas hábiles, pero no inteligentes. No son capaces de aprender de un millón de formas distintas, como hace el ser humano.

–Los seres humanos aprendemos de los errores. ¿Las máquinas también?
–Sí, claro, una máquina debe aprender de sus fallos. Para hacer que una máquina progrese no sirve de mucho decirle que algo es correcto. Si lo ha hecho, es que sabe cómo hacerlo. Pero si ella hace algo mal y tú se lo dices, entonces ella cambia. La mayoría de las veces los errores son mejores para aprender que los aciertos.

–Hay gente que piensa que, aunque consigamos que una máquina haga lo mismo que un hombre, eso no puede ser considerado inteligencia. ¿Qué diferencia habrá entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana?
–No veo que haya ninguna diferencia. Las máquinas todavía no son muy buenas en el terreno de la solución de problemas, pero creo que los seres humanos hacemos cosas increíbles -simplemente por la manera en que trabaja nuestro cerebro. Y podremos simular con ordenadores todo lo que conocemos sobre su funcionamiento. Así que no habrá diferencia alguna.

–¿Podremos conseguir una simulación perfecta, sin ninguna falla?
–Por qué no. Si se encuentra alguna diferencia, lo único que hay que hacer es crear programas más potentes.

–Incluso tener la consciencia de ser inteligente…
–Creo que la consciencia es algo simple, la inteligencia es más complicada. Podemos hacer ordenadores muy tontos pero muy conscientes. Si tener consciencia de los actos significa recordar lo que se ha hecho, eso es fácil de lograr. Pero la inteligencia está compuesta de centenares de otros factores. Aun así, hay gente que opina equivocadamente que la consciencia es el ladrillo fundamental de la inteligencia.

–Uno de los que piensan así es el famoso físico Roger Penrose.
–Sí. Creo que él no tiene ni idea de lo que es la consciencia. Desde luego, tiene mucha verborrea, pero no hace sugerencias útiles.

–¿Qué ocurre con las emociones? ¿Tienen algo que ver con la inteligencia?
–Sucede lo mismo que con la consciencia: que son demasiado simples. Las emociones no son más que una forma concreta de resolver problemas. Por ejemplo, cuando uno elige estar enfadado es para resolver un problema muy deprisa y dejarse llevar. No piensa en el coste, no le importa si se hiere a otras personas. Es una reacción muy primitiva. Un ratón puede tener emociones más fuertes que una persona, pero no es inteligente. Incluir emociones en una máquina no resolvería nada. Seguro que a usted le pasa como a todo el mundo, que cree que las emociones son un gran misterio. Pero no, el pensamiento es el verdadero misterio, las emociones son una tontería.

–Podemos decir lo mismo, entonces, sobre la creatividad…
–Sí. Es fácil fabricar una máquina que sea capaz de crear todas las soluciones posibles a un problema. Lo difícil es que ella no haga cosas inútiles, que sólo escoja la solución adecuada. La selección es lo importante, no la creación.

–Por poner la inteligencia en un altar tan alto y creer que todo se reduce a un problema de programación, algunos le acusan de ser demasiado reduccionista…
–Bueno, eso puede que para ellos sea un insulto. Para mí, ser reduccionista es bueno. Me insultarían si pensasen que soy un supersticioso o un fanático… La ciencia es comprender y enseñar cómo se pueden hacer cosas complejas con soluciones simples. La gente que piensa que yo no puedo hacer eso es porque cree que hay algo mágico que no puede ser explicado. Para mí, eso sería el insulto.

–¿Cree que las máquinas podrán hacer algún día ciencia por sí solas?
–Sí, creo que las máquinas podrán hacer cualquier cosa que hagan las personas, porque las personas no son más que máquinas.

–¿Y qué investigarán las máquinas entonces?
–Serán muy inteligentes y no podemos ni siquiera imaginar qué descubrimientos harán.

–¿Qué es exactamente usted, un filósofo, un científico, un artista?
–Soy una especie de psicólogo teórico. Pero este título no es el ideal para que la gente piense que haces algo verdaderamente vanguardista.

–Cuando era un niño leía mucha ciencia-ficción…
–Sí, y también ciencia.

–¿Y cree que su trabajo tiene algo que ver con la ciencia-ficción?
–Creo que los escritores de ciencia-ficción fueron los mejores pensadores sobre el futuro. Creo que la ficción ordinaria está muerta, siempre me parece lo mismo. Pero la ciencia-ficción trata de un mundo que está en constante cambio.

–¿Entonces, los científicos de hoy tienen que aprender algo de los escritores?
–Sí, muchos buenos científicos han aprendido mucho de la literatura. Pero, ojo, hay buena ciencia-ficción y mala ciencia-ficción.

–¿Es ficción pensar que en el futuro las máquinas inteligentes serán tan cotidianas como ahora lo son los ordenadores personales?
–No, no lo es. Y le diré más: las utilizaremos para mejorar nuestros cerebros. Hoy somos seres limitados, tenemos un solo cerebro con una velocidad determinada y con una memoria concreta. En el futuro, habrá tiendas para recargar de memoria nuestro cerebro, igual que ahora hacemos con los PC. Habrá una máquina que analice la inteligencia de cada uno y le dé el producto adecuado.

–Y ese día habremos alcanzado la inmortalidad…
–Sí. Creo que algunos podrán elegir renovar su inteligencia eternamente y ser inmortales y otros preferirán morir.

–¿Y usted que hará?
–A mí me gustaría ser inmortal, por qué no. Tengo mucho trabajo que hacer y estoy demasiado ocupado para morir. Sólo los que no tienen nada que hacer en la vida quieren morir.

–¿No será peligroso que las máquinas controlen el mundo, que dependamos de ellas para conocer más, para ser inmortales?
–No. Es más peligroso no ser inmortal. La alternativa es que todo el mundo muera. Y lo raro es que la gente se conforme con ello. No entiendo a la gente. Todos parecen estar felices porque van a morir, sólo se conforman con decir: “Espero que no sea hoy”.

–Pero el mundo estará controlado por la máquina…
–¿Y qué? ¿Ahora por quién cree que está controlado?

–¿Por el ser humano?
–No existe el ser humano. Estamos controlados por gente, por individuos concretos. Eso sí que me da miedo: que Hitler pueda conseguir el control, no una máquina.

–¿Habrá máquinas listas y tontas, igual que ahora hay humanos listos y tontos?
–Sí, seguro que habrá una población de máquinas. Algunas de ellas evolucionarán por accidente hacia formas mejores que otras.

–Se empezará, entonces, una historia de las máquinas…
–Podrá haber máquinas que sólo se preocupen de su historia y otras que sólo se preocupen de hacer cosas nuevas. No podemos imaginar qué pasará, pero si se fabricara una única máquina gigantesca, terminaría colapsándose y no sentiría interés por hacer las cosas simples, así que tendría que crear máquinas más pequeñas y comenzar a reproducirse. Entonces empezaría la historia de las máquinas.

–¿Cree que hay inteligencia extraterrestre?
–Es muy probable, pero aún no podemos saberlo. Imagínese: hace doscientos años, no teníamos radio y los humanos alejados antes no se podían ni comunicar. En sólo cien años la ciencia ha evolucionado increíblemente. Quizás dentro de otros cien seamos capaces de crear ordenadores más potentes que nuestro cerebro y de reemplazarnos a nosotros mismos por niños más inteligentes que nosotros. La probabilidad de que ahora nos podamos comunicar con seres extraterrestres es pequeña, pero quién sabe lo que puede pasar en el futuro.

–¿Cuál es, según usted, la manifestación más estúpida de la inteligencia humana?
–El deporte. ¿Cómo es posible que haya máquinas tan maravillosas como el cerebro, con miles de millones de neuronas capaces de producir miles de sinapsis cada una, desperdiciadas en la función inútil de tirar pelotas dentro de un aro?

–¿Y la más inteligente?
–Bueno, es difícil, pero creo que dedicarse a hacer teorías sobre la ciencia y tratar de construir máquinas y descubrir cosas nuevas. Eso tiene el mejor futuro.

–¿Y la música…? ¿Sigue usted componiendo?
–A veces, pero sólo cuando no se me ocurre otra cosa mejor que hacer. En cuanto me viene a la mente alguna idea buena, la música me parece vacía.

Y Marvin Minsky se va directamente al piano que adorna el hall del hotel. No debe de tener nada mejor en que pensar, porque se pone a tocar una melodía de tintes melancólicos. Vaciando de ideas la mente, espera a que llegue su mujer, con la que quiere disfrutar de un rápido paseo por las cuestas de San Lorenzo de El Escorial.

Jorge Alcalde
Esta entrevista fue publicada en octubre de1996, en el número 185 de MUY Interesante

Fuente: Muy Interesante

TRES DÉCADAS DE BLADE RUNNER

Replicar un replicante

El 25 de junio pasado se cumplieron tres décadas del estreno de la película Blade Runner, la obra maestra de la ciencia ficción dirigida por Ridley Scott. El paso de los años no ha hecho sino agrandar el mito de un filme que metió precozmente el dedo en la llaga en cuestiones que van más allá de lo cinematográfico, como la robótica y la inteligencia artificial, con implicaciones filosóficas.

Va usted caminando por el desierto y se encuentra con un galápago que yace sobre su espalda cociéndose al sol y moviendo las patas para darse la vuelta, pero sin su ayuda no puede. Y usted no le ayuda”. Esta es una de las situaciones que plantea el llamado test de Voight-Kampff, utilizado en la película Blade Runner por un cuerpo especial de policía con el objetivo de diferenciar a los replicantes –robots de aspecto humano– de las personas.

El 25 de junio se cumplieron tres décadas del estreno del filme, inspirado en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? e ignorado en principio tanto por la crítica como por el público. El oscuro retrato del futuro plasmado por el director Ridley Scott, en el que las personas y los robots se mezclan y confunden en la sociedad, no ha perdido actualidad.

Entre los numerosos debates científico-filosóficos que generó destaca el de si en el horizonte temporal en el que está ambientada la película –el año 2019– era posible el desarrollo de la Inteligencia Artificial que propone. Según Henrik Sharfe ese futuro ya ha llegado. Al menos para él. Es el director del Center for Computer-mediated Epistemology de la Universidad de Aalborg (Dinamarca) y se pasea por medio mundo en compañía de su clon robótico Geminoid DK, fabricado con el propósito de investigar las tolerancias emocionales y reacciones en interacciones entre humanos y robots.

Para Sharfe –elegido por la revista Time en 2012 como una de las 100 personas más influyentes del planeta– su clon y otros como él podrán caminar por la calle e interactuar con la gente “en tan solo diez años, si en ese tiempo somos capaces de construir las infraestructuras adecuadas, junto con las necesarias fuentes tecnológicas para sacar los robots de los centros de investigación”, comenta a SINC el investigador. “Caminamos hacia la construcción de androides hechos y derechos que, en un futuro, mostrarán los sentimientos, las emociones y una comprensión recíproca del cuerpo humano”, añade.

Nexus 6, máquinas con sentimientos

¿Podría ser esa inteligencia tan parecida a la del ser humano como plantea Blade Runner? En el filme, un grupo de estos androides escapa a la tierra y los agentes de policía del cuerpo especial Blade Runner, con Rick Deckard (Harrison Ford) a la cabeza, tienen la misión de “retirarlos”, según la terminología usada en la cinta. El problema viene cuando el último modelo de replicante –Nexus 6– parece tener un comportamiento indiferenciable del de un humano. Aunque en un primer momento los Nexus 6 no tienen sentimientos, con el paso del tiempo empiezan a desarrollarlos, a hacerse preguntas y reclamar su independencia frente a la esclavitud a la que están sometidos.

Sharfe no cree que en los androides del futuro se pueda llegar a replicar el cerebro de un humano, “lo más probable es que estas máquinas desarrollen otro tipo de inteligencia diferente a la que nosotros poseemos. Si alguna vez fuese posible el desarrollo de máquinas conscientes, mostrarían cualidades distintas a las nuestras”, comenta.

Poseedores o no de un cerebro ‘humano’ tanto la visión de Sharfe como la de Blade Runner coinciden en que los robots se crean a nuestra imagen y semejanza para ayudarnos en tareas poco agradecidas; bien sea para “algo tan simple sacar la basura”, como comenta el investigador danés, o de ser nuestros “esclavos” en colonias del espacio exterior, como plantea la película.

Robots humanizados y humanos robotizados

“A las personas nos gustaría disponer de servidores con nuestras mismas capacidades. El problema es que, sea quien sea el que tenga esas capacidades, quiere ser libre e independiente y acaba negándose a obedecer. Ese es el gran tema de la película”, afirma Miquel Barceló, doctor en Informática de la Universitat Politècnica de Catalunya. “De eso va Blade Runner: la máquina se hace autoconsciente y pone en duda a su creador”, coincide José Manuel Molina, catedrático del área de Ciencia de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

En la cinta de Scott, los replicantes se rebelan contra la idea de tener una fecha de caducidad –de tan solo cuatro años– y desean hallar respuestas a preguntas como “¿de dónde vengo?”. Su insubordinación se parece a la del ser humano contra la muerte, igual que su búsqueda de certezas.

“En el filme es el hombre el que se convierte en una máquina por su obsesión por cazar androides, mientras que el androide, con su miedo a morir, se humaniza”, añade Barceló. “Incluso se llega a plantear la posibilidad de que Harrison Ford, el cazador de replicantes, también sea uno de ellos; y la escena de pasión entre él y Rachel, una androide, es espectacular”, recuerda Molina.

Para Carlos Avendaño, catedrático de Anatomía Humana y Neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid, la película propone temas de interés sobre biología, cerebro e Inteligencia Artificial: “Para que puedan plantearse cuestiones filosóficas y éticas en torno a cíborgs o robots se requiere la presencia, real o supuesta, de inteligencia y sentimientos”. La cuestión de fondo es cómo inducir esos comportamientos en una máquina y, para ello, hay que comprender en profundidad cómo funciona nuestro cerebro.

Si responde como una persona, ¿es una persona?

“Aún estamos casi empezando en el oscuro laberinto de lo mental. Conocemos ya mucho de los corredores que lo forman –la física, la química y la biología del cerebro y las manifestaciones de la mente–, sabemos lo que buscamos, pero no hemos dado con la clave que nos conduzca desde sus umbrales hasta su más preciado interior, donde se conjugan lo cognitivo y lo afectivo”, prosigue Avendaño.

La dificultad de la empresa no desanima a los científicos. Para estudiar cómo el cerebro es capaz de adquirir el lenguaje, investigadores de la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido) han desarrollado un robot humanoide, llamado DeeChe, que es capaz de aprender a hablar como un bebé de entre seis y 14 meses interaccionando con personas. De aquí al asunto de los replicantes de Blade Runner hay una enorme distancia, pero podría ser la semilla para construir en un futuro cerebros robóticos que se fueran enriqueciendo y construyendo con la experiencia, al igual que el de los humanos.

Ver artículo original completo: SINC