‘Terminator’, de la ficción a la realidad

Declaraciones de Stephen Hawking sobre que los robots podrían destruir al hombre desataron polémica.

El sometimiento de los humanos ante una tropa de robots que gobiernan el mundo no ha dejado de ser una preocupación, alimentada por los avances de la tecnología y surgida por la ciencia ficción de películas y libros, una exitosa fórmula que desborda taquillas y agota ejemplares. Pero, ¿qué tan posible es que esto suceda?

La inteligencia artificial tiene el papel protagónico. Este concepto, acuñado por el estadounidense John McCarthy, se basa en la creación de más y mejores dispositivos o procesos que faciliten la vida humana, y que reemplacen tareas que hacemos a diario.

Es un hecho que los desarrollos científicos y tecnológicos de hoy son de mayor alcance y se logran a un ritmo acelerado. Hace medio siglo no pensábamos que habría equipos de comunicación móvil que inundarían el mundo para acercarnos ni que se crearía un universo digital de información disponible a un clic. Menos, que las operaciones bursátiles las realizaría una máquina, autónoma en sus decisiones, por medio de algoritmos a una velocidad que los elegantes y estresados funcionarios que están ‘pegados’ al teléfono y a una fila de pantallas de computador, jamás lograrían. Estos son solo algunos ejemplos de inteligencia artificial.

Aunque no es nueva la inquietud por esa construcción vertiginosa de sistemas de inteligencia no humana, volvió a sonar esta semana por una de esas frases que dejó escapar el reconocido científico británico Stephen Hawking en entrevista con BBC, y que se convirtió en titular de prensa global: “La inteligencia artificial (IA) podría traducirse en el fin de la raza humana”.

El físico dijo que una vez que los humanos desarrollen completamente la inteligencia artificial, esta podría progresar por sí misma y rediseñarse a un ritmo cada vez mayor. “Los seres humanos, que están limitados por la lenta evolución biológica, no podrían competir y serían sustituidos”, añadió.

Su posición la comparte un sector de la sociedad científica, que alerta por el peligro que representan nuestras propias creaciones. Otra considera que ese escenario catastrófico no va a darse.

Para el Ph. D. José Luis Cordeiro, profesor y asesor de la Universidad de la Singularidad en temas energéticos, Hawking está equivocado. Cordeiro, ingeniero mecánico venezolano, vinculado también con el Millennium Project, iniciativa que trabajamos con visión a largo plazo de la humanidad, defiende el buen uso que se le está dando a la inteligencia artificial.

“La inteligencia artificial se va a masificar y vamos a poder hacer cosas que antes ni siquiera pensábamos. Se trata de un complemento para los humanos, no de un sustituto”, señala.

Sin embrago, no descarta que los malos usos puedan causar daños. “Robert Oppenheimer, el científico estadounidense que dirigió el proyecto Manhattan durante la segunda Guerra Mundial para crear la primera arma nuclear, pensaba que estas iban a acabar con la humanidad. Todas las tecnologías se pueden usar para el mal, así que pienso que no es la tecnología sino la ética de los humanos sobre el uso que se les dé”, agregó.

En eso coincide Jean-Gabriel Ganascia, filósofo y experto en inteligencia artificial, quien juzga “excesivo” el “grito de alarma” de Hawking. “El peligro es sobre todo el humano que utilizaría estas tecnologías para someter” a otras personas, dice Ganascia, profesor la Universidad Pierre et Marie Curie de París.

Pese a que Cordeiro no comparte la visión de Hawking, reconoce que las máquinas llegarían a sobrepasar la inteligencia biológica. Nick Bostrom, futurólogo de la Universidad de Oxford (Inglaterra), refuerza esa posición. “Las máquinas son ya más fuertes que nosotros. Pienso que también terminarán por ser más inteligentes, aunque no sea el caso actualmente”, dijo Bostrom.

En la orilla de Hawking está Daniela Cerqui, antropóloga de la universidad de Lausana. “Me gustó que un científico de las ‘ciencias puras’ diga esto. Delegamos cada vez más prerrogativas de los seres humanos a estas máquinas para que sean más competentes que nosotros. Terminaremos convertidos en sus esclavos”, añadió.

Pero no solo se trata de robots exterminadores como ‘Terminator’. La amenaza podría llegar también por programas de computador. ¿Qué pasaría si los desarrollos creados por el hombre aprendieran a mejorarse a sí mismos? Ya está sucediendo y no es para alarmarse. Los desarrollos siempre piden mejoras, algo así como las actualizaciones, que les dicen a los programadores qué deben hacer para llegar más lejos. De independizarse –aún se desconoce cómo llegarían a hacerlo- podrían ir tan rápido que los humanos dejaríamos de ser interesantes.

Investigadores como Anthony Cohn, profesor de la Universidad de Leeds (Inglaterra), sugieren que aún se está lejos de la inteligencia artificial general “completa”, que preocupa a Hawking. “Se necesitarán aún varias décadas”, añade.

Otros dicen que se está muy cerca y ponen como ejemplo el primer robot que pasó el test de Turing, considerada como la prueba de fuego de la inteligencia artificial, creada por el científico Alan Turing antes de suicidarse en 1954.

La prueba consiste en que los jueces intentan llevar una conversación con su interlocutor invisible y al final deben decidir si se trata de un humano o de una máquina. A mediados de este año, aunque en medio de críticas, un chatbot llamado Eugene Goostman –que personifica a un niño ucraniano de 13 años- convenció al 33 por ciento de los jueces que participaron en la prueba.

Como está el panorama, la duda no se resolverá antes de experimentar una situación que nos enfrente a un mundo de ciencia ficción o que lo desvirtúe a cambio de desarrollos futuristas aún bajo el mando humano.

Fuente: EL TIEMPO

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La tecnología está transformando la sexualidad y el amor humanos

Sentimientos De un Robot

La sexualidad del mañana no será sólo háptica, sino radicalmente distinta a como hoy la concebimos.

El Club de Ámsterdam ha celebrado recientemente un ciclo de conferencias en el que diversos especialistas expusieron sus ideas sobre el futuro de la sexualidad con la incursión de las tecnologías en nuestras vidas cotidianas. Muchas cosas han cambiado: juguetes sexuales de última generación o la pornografía en Internet avanzan a toda velocidad, esta última cada vez más potenciada por los dispositivos hápticos que permiten el contacto a distancia. Para los más románticos, cada vez hay más bodas virtuales y los robots amenazan con convertirse en nuestras parejas para toda la vida. Por Olga Castro-Perea.

El Club de Ámsterdam, formado por un grupo de especialistas en prospectiva (disciplina que estudia el futuro desde una perspectiva científica y tecnológica), ha analizado recientemente el futuro de la sexualidad como consecuencia de la inmersión de la tecnología en nuestra vida cotidiana.

No cabe duda de que la tecnología ha influido en nuestros valores morales, nuestra forma de relacionarnos socialmente y, también, en las relaciones sexuales. La tecnología y la sexualidad, además, han hecho buenas migas desde el principio: la industria del porno ha sido una de las primeras en hacer uso de Internet y de hecho es actualmente una de las más desarrolladas en la Red, donde se ha convertido en un negocio altamente lucrativo.

El Club de Ámsterdam ha analizado todos los aspectos y perspectivas de este tema en el marco de su ciclo de conferencias mensual. Bajo el título “El futuro de la sexualidad”, los especialistas Marie-Luise Janssen, antropóloga de la universidad de Amsterdan; Melissa Gira, editora de la revista on-line Sexerati.com; Luc Sala, autor de una docena de libros referidos a actividades culturales y empresariales; y Mirjam Schieveld, directora del Instituto Summer de ciencias sociales, aportaron sus diversas perspectivas a esta cuestión.

Avances tecnológicos

Según la revista Internetactu, los prospectivistas señalaron que muchas cosas han cambiado como consecuencia de la expansión tecnológica: se ha disparado el mercado de objetos sexuales de última generación, se ha terminado el tabú de la sexualidad en personas mayores en un mundo envejecido, han aparecido nuevas fórmulas de pornografía on-line (como la que posibilita Second Life, mundo virtual de interacción social al que se puede acceder por Internet) y se ha desarrollado la sexualidad mediática, es decir, la sexualidad potenciada por un medio de comunicación.

Por otro lado, han ido aumentando las llamadas interfaces hápticas (conexiones que permiten el contacto a distancia) que han transformado considerablemente la sexualidad, en especial aquéllas que cubren el cuerpo entero. La palabra háptica hace alusión al conjunto de sensaciones no visuales y no auditivas que experimenta un individuo.

En este sentido, es muy curiosa la maquinaria ideada por el escritor de ciencia ficción Yann Minh de la que tal vez, un día, todo el mundo tenga un ejemplar en su casa : la NooScaphe-X1. En la revista A thousands tomorrows se ha señalado al respecto que un cibersexo más realista (gracias a estas interfaces) podría significar en el futuro que la gente sea menos propicia a buscar una pareja en la vida real.

Pero la sexualidad del mañana no será sólo háptica, es decir, que no sólo estará estimulada por el tacto a distancia, sino quizá también radicalmente distinta a como hoy la concebimos. El control directo sobre el cerebro por medio de dispositivos especiales nos permitirá estimular áreas cerebrales relacionadas con la sexualidad, en lugar de los órganos sexuales o las zonas erógenas del cuerpo, aseguran los especialistas.

También bodas virtuales

Para los que, además de la satisfacción sexual, buscan en la tecnología romanticismo, ésta también aportará novedades. Por un lado, un analista de la consultora norteamericana Gartner, llamado Adam Sarner ha predicho que en 2015 el 2% de los ciudadanos norteamericanos estarán casados en los mundos virtuales, publica la revista Networkworld.

Estos matrimonios online tendrán las mismas implicaciones legales que los matrimonios del mundo real, al igual que los mismos derechos, lo que requerirá de la revisión de algunas leyes. Según Sarner, las compañías gastarán además más dinero en el marketing de productos y servicios para personas virtuales en 2020 que en el mundo físico.

Para este analista, el éxito de los matrimonios online derivará de la posibilidad de tener una conexión emocional con alguien, aunque en realidad no se le conozca, que cuide de ti y a quien cuidar.

Y amoríos robóticos

Pero no queda ahí la cosa. Un investigador de inteligencia artificial británico llamado David Levy, autor de un libro titulado “Love and Sex with Robots” asegura en dicha obra que, muy pronto, llegará el día en que la gente se enamore de robots y desee tenerlos por compañeros, amigos e, incluso, parejas sexuales o esposos y esposas.

Esto llegará a producirse porque los robots cada vez serán más parecidos a los humanos, y con ellos podremos mantener conversaciones inteligentes y compartir emociones. Aunque suena a ciencia ficción, Levy asegura que es posible. En los últimos 20 años, se han ido desarrollando progresivamente robots más capaces de relacionarse con los humanos, y que esta tendencia seguirá aumentando hasta que podamos vincularnos emocionalmente, amarlos o mantener relaciones sexuales con ellos.

Tal y como publica The New York Times, Levy ha escrito que el amor con robots llegará a ser tan normal como con otros humanos y que, además, mejorará las relaciones sexuales porque con ellos “ensayaremos” aprendiendo cosas que no encontramos en los manuales de sexología.

Según él, factores que propician el surgimiento de las relaciones sentimentales humanas, como el misterio, la atracción recíproca o la disposición podrían aplicarse también a los robots. Según él, por ejemplo, éstos podrían ser programados para comportarse como “atraídos” por un individuo, y actuar como lo haría cualquier humano en esa situación.

Además, existe otra ventaja: la gente podrá hacerse compañeros a medida, tanto como si desea tener un amigo para salir o viajar, como si lo que anhela es un amante o un compañero sentimental.

Fuente: Tendencias21

Inteligencia Artificial, Robótica, Ciencia-Ficción

Marvin Minsky: “Las máquinas podrán hacer todo lo que hagan las personas, porque las personas sólo son máquinas”

Marvin Minsky se califica como psicólogo teórico, aunque en realidad es un eminente matemático e informático. Es cofundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y profesor de Arte y Ciencias de la Comunicación. Trata a las máquinas casi como si fueran seres humanos y trabaja para conseguir que piensen por sí mismas. Vehemente y polémico, su carácter le ha servido para enemistarse con muchos colegas.

Lanza manotazos al aire mientras habla, y se indigna cuando le cuestionan una idea de la que está tan seguro como de que se llama Marvin Minsky. Ha llegado 45 minutos antes de la hora convenida porque su esposa quiere algo de tiempo libre para ver El Escorial, pero él se alarga en cada respuesta, no parece que le importe el reloj. Ella se queda contemplado tras una columna y de vez en cuando se apoya en el bastón para cambiar de postura, como si hubiera elegido el papel de vieja compañera que sigue a su marido allá donde va y continúa disfrutando de sus digresiones sobre inteligencia artificial, inteligencia humana, cibernética, ciencia-ficción, neurología, robots… Parecen una pareja de maduros turistas, aunque su vitalidad corresponde más a la de un par de jovenzuelos. Acaban de participar en un congreso de neurociencia patrocinado por la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Tecnológico de Canarias, apenas han tenido tiempo para tomar tierra de su vuelo procedente de Estados Unidos y ya están confirmando sus reservas para viajar a Italia esta misma tarde, no sin antes haber paseado por las inmisericordes cuestas de San Lorenzo de El Escorial.

–¿Qué edad tienen?
–Bueno, nuestra edad es algo que cambia a cada momento. No merece la pena reseñarla. Cuando era un joven investigador y empecé a estudiar, mis maestros tenían 50 años. Entonces pensaba: ¿Cómo es posible vivir medio siglo y seguir teniendo ideas claras? Bueno, ahora sé cómo….

–Sí, desde luego, y algunas de sus ideas son muy controvertidas…
–Me da igual. No pretendo convencer a nadie, me gusta ser polémico. No siempre las mejores ideas científicas son las más comunes.

–Por ejemplo, usted es crítico al evaluar el estado actual de la inteligencia artificial.
–Sí, porque lo único que tenemos hoy en día son máquinas hábiles, pero no inteligentes. No son capaces de aprender de un millón de formas distintas, como hace el ser humano.

–Los seres humanos aprendemos de los errores. ¿Las máquinas también?
–Sí, claro, una máquina debe aprender de sus fallos. Para hacer que una máquina progrese no sirve de mucho decirle que algo es correcto. Si lo ha hecho, es que sabe cómo hacerlo. Pero si ella hace algo mal y tú se lo dices, entonces ella cambia. La mayoría de las veces los errores son mejores para aprender que los aciertos.

–Hay gente que piensa que, aunque consigamos que una máquina haga lo mismo que un hombre, eso no puede ser considerado inteligencia. ¿Qué diferencia habrá entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana?
–No veo que haya ninguna diferencia. Las máquinas todavía no son muy buenas en el terreno de la solución de problemas, pero creo que los seres humanos hacemos cosas increíbles -simplemente por la manera en que trabaja nuestro cerebro. Y podremos simular con ordenadores todo lo que conocemos sobre su funcionamiento. Así que no habrá diferencia alguna.

–¿Podremos conseguir una simulación perfecta, sin ninguna falla?
–Por qué no. Si se encuentra alguna diferencia, lo único que hay que hacer es crear programas más potentes.

–Incluso tener la consciencia de ser inteligente…
–Creo que la consciencia es algo simple, la inteligencia es más complicada. Podemos hacer ordenadores muy tontos pero muy conscientes. Si tener consciencia de los actos significa recordar lo que se ha hecho, eso es fácil de lograr. Pero la inteligencia está compuesta de centenares de otros factores. Aun así, hay gente que opina equivocadamente que la consciencia es el ladrillo fundamental de la inteligencia.

–Uno de los que piensan así es el famoso físico Roger Penrose.
–Sí. Creo que él no tiene ni idea de lo que es la consciencia. Desde luego, tiene mucha verborrea, pero no hace sugerencias útiles.

–¿Qué ocurre con las emociones? ¿Tienen algo que ver con la inteligencia?
–Sucede lo mismo que con la consciencia: que son demasiado simples. Las emociones no son más que una forma concreta de resolver problemas. Por ejemplo, cuando uno elige estar enfadado es para resolver un problema muy deprisa y dejarse llevar. No piensa en el coste, no le importa si se hiere a otras personas. Es una reacción muy primitiva. Un ratón puede tener emociones más fuertes que una persona, pero no es inteligente. Incluir emociones en una máquina no resolvería nada. Seguro que a usted le pasa como a todo el mundo, que cree que las emociones son un gran misterio. Pero no, el pensamiento es el verdadero misterio, las emociones son una tontería.

–Podemos decir lo mismo, entonces, sobre la creatividad…
–Sí. Es fácil fabricar una máquina que sea capaz de crear todas las soluciones posibles a un problema. Lo difícil es que ella no haga cosas inútiles, que sólo escoja la solución adecuada. La selección es lo importante, no la creación.

–Por poner la inteligencia en un altar tan alto y creer que todo se reduce a un problema de programación, algunos le acusan de ser demasiado reduccionista…
–Bueno, eso puede que para ellos sea un insulto. Para mí, ser reduccionista es bueno. Me insultarían si pensasen que soy un supersticioso o un fanático… La ciencia es comprender y enseñar cómo se pueden hacer cosas complejas con soluciones simples. La gente que piensa que yo no puedo hacer eso es porque cree que hay algo mágico que no puede ser explicado. Para mí, eso sería el insulto.

–¿Cree que las máquinas podrán hacer algún día ciencia por sí solas?
–Sí, creo que las máquinas podrán hacer cualquier cosa que hagan las personas, porque las personas no son más que máquinas.

–¿Y qué investigarán las máquinas entonces?
–Serán muy inteligentes y no podemos ni siquiera imaginar qué descubrimientos harán.

–¿Qué es exactamente usted, un filósofo, un científico, un artista?
–Soy una especie de psicólogo teórico. Pero este título no es el ideal para que la gente piense que haces algo verdaderamente vanguardista.

–Cuando era un niño leía mucha ciencia-ficción…
–Sí, y también ciencia.

–¿Y cree que su trabajo tiene algo que ver con la ciencia-ficción?
–Creo que los escritores de ciencia-ficción fueron los mejores pensadores sobre el futuro. Creo que la ficción ordinaria está muerta, siempre me parece lo mismo. Pero la ciencia-ficción trata de un mundo que está en constante cambio.

–¿Entonces, los científicos de hoy tienen que aprender algo de los escritores?
–Sí, muchos buenos científicos han aprendido mucho de la literatura. Pero, ojo, hay buena ciencia-ficción y mala ciencia-ficción.

–¿Es ficción pensar que en el futuro las máquinas inteligentes serán tan cotidianas como ahora lo son los ordenadores personales?
–No, no lo es. Y le diré más: las utilizaremos para mejorar nuestros cerebros. Hoy somos seres limitados, tenemos un solo cerebro con una velocidad determinada y con una memoria concreta. En el futuro, habrá tiendas para recargar de memoria nuestro cerebro, igual que ahora hacemos con los PC. Habrá una máquina que analice la inteligencia de cada uno y le dé el producto adecuado.

–Y ese día habremos alcanzado la inmortalidad…
–Sí. Creo que algunos podrán elegir renovar su inteligencia eternamente y ser inmortales y otros preferirán morir.

–¿Y usted que hará?
–A mí me gustaría ser inmortal, por qué no. Tengo mucho trabajo que hacer y estoy demasiado ocupado para morir. Sólo los que no tienen nada que hacer en la vida quieren morir.

–¿No será peligroso que las máquinas controlen el mundo, que dependamos de ellas para conocer más, para ser inmortales?
–No. Es más peligroso no ser inmortal. La alternativa es que todo el mundo muera. Y lo raro es que la gente se conforme con ello. No entiendo a la gente. Todos parecen estar felices porque van a morir, sólo se conforman con decir: “Espero que no sea hoy”.

–Pero el mundo estará controlado por la máquina…
–¿Y qué? ¿Ahora por quién cree que está controlado?

–¿Por el ser humano?
–No existe el ser humano. Estamos controlados por gente, por individuos concretos. Eso sí que me da miedo: que Hitler pueda conseguir el control, no una máquina.

–¿Habrá máquinas listas y tontas, igual que ahora hay humanos listos y tontos?
–Sí, seguro que habrá una población de máquinas. Algunas de ellas evolucionarán por accidente hacia formas mejores que otras.

–Se empezará, entonces, una historia de las máquinas…
–Podrá haber máquinas que sólo se preocupen de su historia y otras que sólo se preocupen de hacer cosas nuevas. No podemos imaginar qué pasará, pero si se fabricara una única máquina gigantesca, terminaría colapsándose y no sentiría interés por hacer las cosas simples, así que tendría que crear máquinas más pequeñas y comenzar a reproducirse. Entonces empezaría la historia de las máquinas.

–¿Cree que hay inteligencia extraterrestre?
–Es muy probable, pero aún no podemos saberlo. Imagínese: hace doscientos años, no teníamos radio y los humanos alejados antes no se podían ni comunicar. En sólo cien años la ciencia ha evolucionado increíblemente. Quizás dentro de otros cien seamos capaces de crear ordenadores más potentes que nuestro cerebro y de reemplazarnos a nosotros mismos por niños más inteligentes que nosotros. La probabilidad de que ahora nos podamos comunicar con seres extraterrestres es pequeña, pero quién sabe lo que puede pasar en el futuro.

–¿Cuál es, según usted, la manifestación más estúpida de la inteligencia humana?
–El deporte. ¿Cómo es posible que haya máquinas tan maravillosas como el cerebro, con miles de millones de neuronas capaces de producir miles de sinapsis cada una, desperdiciadas en la función inútil de tirar pelotas dentro de un aro?

–¿Y la más inteligente?
–Bueno, es difícil, pero creo que dedicarse a hacer teorías sobre la ciencia y tratar de construir máquinas y descubrir cosas nuevas. Eso tiene el mejor futuro.

–¿Y la música…? ¿Sigue usted componiendo?
–A veces, pero sólo cuando no se me ocurre otra cosa mejor que hacer. En cuanto me viene a la mente alguna idea buena, la música me parece vacía.

Y Marvin Minsky se va directamente al piano que adorna el hall del hotel. No debe de tener nada mejor en que pensar, porque se pone a tocar una melodía de tintes melancólicos. Vaciando de ideas la mente, espera a que llegue su mujer, con la que quiere disfrutar de un rápido paseo por las cuestas de San Lorenzo de El Escorial.

Jorge Alcalde
Esta entrevista fue publicada en octubre de1996, en el número 185 de MUY Interesante

Fuente: Muy Interesante

VIAJE A MARTE

“Viaje a Marte” presentada como un servicio público por Lockheed Martin, y exhibida en forma exclusiva en IMAX Theatres, el premiado director George Butler (“Shackleton’s Antarctic Adventure”) y el productor nominado al Premio de la Academia Frank Marshall (“Raiders of the Lost Ark”, “Seabiscuit”) han documentado la extraordinaria misión a Marte que envió a dos intrépidos exploradores que desafiaron a la muerte — Spirit y Opportunity, vehículos de exploración de Marte — al Planeta Rojo. A través de los ojos de estos extraordinarios robots el público puede ahora ver Marte de una forma como nadie lo ha hecho antes. El tamaño y la claridad de la pantalla IMAX transporta al espectador a un imponente paisaje que jamás vio la huella de un terrícola — hasta ahora. Pero esta importante expedición logró mucho más que la simple transmisión de miles de imágenes marcianas. Los exploradores robóticos llamados en inglés rover en realidad descubrieron rastros de hielo dentro de las rocas de Marte. El descubrimiento demostró claramente que alguna vez fluyó el agua por la superficie — un gran paso hacia adelante para responder a la más inquietante de las preguntas… ¿Existe vida en Marte?