El futuro de la humanidad en manos de la IA

Nick Bostrom ¿Qué sucede cuando nuestras computadoras se vuelven más inteligentes que nosotros?

Un equipo de expertos investiga en un Instituto de Oxford los riesgos de extinción del ser humano.

Necesitamos sabiduría para enfrentar el futuro. Para saber si los progresos tecnológicos de vanguardia van en la dirección adecuada o no; si favorecen al ser humano o todo lo contrario. Para tener una idea de qué hacer si se presentan escenarios que ponen en riesgo la supervivencia de la especie, como los derivados de la amenaza nuclear, la modificación de microbios letales o la creación de mentes digitales más inteligentes que el hombre. A reflexionar sobre este tipo de cuestiones se dedican un puñado de cerebros en un lugar ubicado en Oxford y llamado el Instituto para el Futuro de la Humanidad.

Al frente de un heterodoxo grupo de filósofos, tecnólogos, físicos, economistas y matemáticos se encuentra un filósofo formado en física, neurociencia computacional y matemáticas, un tipo que desde su adolescencia se encontró sin interlocutores con los cuales compartir sus inquietudes acerca de Schopenhauer, un sueco de 42 años que se pasea por las instalaciones del Instituto con un brebaje hecho a base de vegetales, proteínas y grasas al que denomina elixir y que escucha audiolibros al doble de velocidad para no perder un segundo de su preciado tiempo. Se llama Nick Bostrom, y es el autor deSuperinteligencia: Caminos, Peligros, Estrategias, un libro que ha causado impacto, una reflexión acerca de cómo afrontar un futuro en que la inteligencia artificial supere a la humana, un ensayo que ha recibido el respaldo explícito de cerebros de Silicon Valley como Bill Gates y Elon Musk, de filósofos como Derek Parfit o Peter Singer, de físicos como Max Tegmark, profesor del Massachusetts Institute of Technology. Un trabajo que, además, se coló en la lista de los libros más vendidos que elabora The New York Times Book Review. La ONU le reclama para que exponga su visión, sociedades científicas como The Royal Society le invitan a dar conferencias, una de sus charlas TED lleva ya contabilizados más de 1.747.000 visionados. Y Stephen Hawking ya ha alertado al mundo: hay que tener cuidado con la Inteligencia Artificial.

El Instituto para el Futuro de la Humanidad —FHI, siglas en inglés— es un espacio con salas de reuniones bautizadas con nombres de héroes anónimos que con un gesto salvaron el mundo —como Stanislav Petrov, teniente coronel ruso que evitó un incidente nuclear durante la Guerra Fría— donde fluyen las ideas, los intercambios de impresiones, donde florecen hipótesis y análisis. Sobre todo, por las tardes-noches: el jefe es, como él mismo confiesa, un noctámbulo; se queda en la oficina hasta las dos de la madrugada.

“En el momento en que sepamos cómo hacer máquinas inteligentes, las haremos”, afirma Bostrom, en una sala del Instituto que dirige, “y para entonces, debemos saber cómo controlarlas. Si tienes un agente artificial con objetivos distintos de los tuyos, cuando se vuelve lo suficientemente inteligente, es capaz de anticipar tus acciones y de hacer planes teniendo en cuenta los tuyos, lo cual podría incluir esconder sus propias capacidades de modo estratégico”. Expertos en Inteligencia Artificial que cita en su libro aseguran que hay un 90% de posibilidades de que entre 2075 y 2090 haya máquinas tan inteligentes como los humanos. En la transición hacia esa nueva era habrá que tomar decisiones. Inocular valores morales a las máquinas, tal vez. Evitar que se vuelvan contra nosotros.

A analizar este tipo de supuestos y escenarios se dedica este hombre que en estos días lee intensivamente sobre machine learning (aprendizaje automático, rama de la inteligencia artificial que explora técnicas para que las computadoras puedan aprender por sí solas) y economía de la innovación. Para Bostrom el tiempo nunca es suficiente. Leer, leer, leer, asentar conocimientos, profundizar, escribir. “El tiempo es precioso. Es un bien de gran valor que constantemente se nos desliza entre los dedos”.

La gente parece olvidar la guerra nuclear. Un cambio para mal en la geopolítica podría ser un peligro

Estudiar, formular hipótesis, desarrollarlas, anticipar escenarios. Es lo que se hace en este Instituto donde se cultiva la tormenta de ideas y la videoconferencia, un laberinto de salas dominadas por pizarras vileda con diagramas y en cuyo pasillo de entrada cuelga un cartel que reproduce la portada de Un mundo feliz, la visionaria distopía firmada por Aldous Huxley en 1932. Un total de 16 profesionales trabajan aquí. Publican en revistas académicas, hacen informes de riesgos para compañías tecnológicas, para gobiernos (por ejemplo, el finlandés) o para la ONU, que se dispone a crear su primer programa sobre Inteligencia Artificial —uno de cuyos representantes andaba la semana pasada por las oficinas del FHI—. Niel Bowerman, director adjunto, físico del clima y exasesor del equipo político de Energía y Medio Ambiente de Barack Obama, explica que en el instituto siempre estudian cómo de grande es un problema, cuánta gente trabaja en él y cómo de fácil es realizar progresos en esa área para determinar los campos de estudio.

Bostrom es el hombre que comanda el Instituto, el que decide por dónde se transita, el visionario. Desarrolla su labor gracias al impulso filantrópico de James Martin, millonario interesado en las cuestiones de los riesgos existenciales del futuro que impulsó el FHI hace diez años para que se estudie y reflexione en torno a aquellas cosas en las que la industria y los gobiernos, guiados por sus particulares intereses, no tienen por qué pensar.

Al filósofo sueco, que formó parte en 2009 de la lista de los 100 mayores pensadores globales de la revista Foreign Policy, le interesa estudiar, sobre todo, amenazas lejanas, a las que no le gusta poner fecha. “Cuanto más largo sea el plazo”, dice, “mayores son las posibilidades de un escenario de extinción o de era posthumana”. Pero existen peligros a corto plazo. Los que más le preocupan a Bostrom son los que pueden afectar negativamente a las personas como las plagas, la gripe aviar, los virus, las pandemias.

En cuanto a la Inteligencia Artificial y su cruce con la militar, dice que el riesgo más claro lo presentan los drones y las armas letales autónomas. Y recuerda que la guerra nuclear, aunque tiene pocas probabilidades de llegar, sigue siendo un peligro latente. “La gente parece haber dejado de preocuparse por ella; un cambio para mal en la situación geopolítica podría convertirse en un gran peligro”.

“Hay una carrera entre nuestro progreso tecnológico y nuestra sabiduría, que va mucho más despacio

La biotecnología, y en particular, la posibilidad que ofrece el sistema de edición genética CRISPR de crear armas biológicas, también plantea nuevos desafíos. “La biotecnología está avanzando rápidamente va a permitir manipular la vida, modificar microbios con gran precisión y poder. Eso abre el paso a capacidades muy destructivas”. La tecnología nuclear, señala, se puede controlar. La biotecnología, la nanotecnología, lo que haga alguien un garaje con un equipo de segunda mano comprado en EBay, no tanto. Con poco se puede hacer mucho daño.

Superada su etapa transhumanista —fundó en 1998 junto a David Pearce la Asociación Mundial Transhumanista, colectivo que aboga de modo entusiasta por la expansión de las capacidades humanas mediante el uso de las tecnologías—, Bostrom ha encontrado en la Inteligencia Artificial el terreno perfecto para desarrollar su trabajo. La carrera en este campo se ha desatado, grandes empresas —Google compró en 2014 la tecnológica DeepMind— y Estados pugnan por hacerse con un sector que podría otorgar poderes inmensos, casi inimaginables.

Uno de los escenarios que proyecta en su libro, cuya versión en español publica el 25 de febrero la editorial Teell, es el de la toma de poder por parte de una Inteligencia Artificial (AI, siglas en inglés). Se produce una explosión de inteligencia. Las máquinas llegan a un punto en que superan a sus programadores, los humanos. Son capaces de mejorarse a sí mismas. De desarrollar grandes habilidades de programación, estratégicas, de manipulación social, de hacking. Pueden querer tomar el control del planeta. Los humanos pueden ser un estorbo para sus objetivos. Para tomar el control, esconden sus cartas. Podrán mostrarse inicialmente dóciles. En el momento en que desarrollan todos sus poderes, pueden lanzar un ataque contra la especie humana. Hackeardrones, armas. Liberar robots del tamaño de un mosquito elaborados en nanofactorías que producen gas nervioso, o gas mostaza.

Esta es simplemente la síntesis del desarrollo de un escenario. Pero, como decía la crítica de Superinteligencia de la revista The Economist, las implicaciones de la introducción de una segunda especie inteligente en la Tierra merecen que alguien piense en ellas. “Antes, muchas de estas cuestiones, no solo las del AI, solían estar en el campo de la ciencia ficción, de la especulación”, dice Bostrom, “para mucha gente era difícil de entender que se pudiera hacer trabajo académico con ello, que se podían hacer progresos intelectuales”.

El libro también plantea un escenario en que la Inteligencia Artificial se desarrolla en distintos sectores de manera paralela y genera una economía que produce inimaginables cotas de riqueza, descubrimientos tecnológicos asombrosos. Los robots, que no duermen, ni reclaman vacaciones, producen sin cesar y desbancan a los humanos en múltiples trabajos.

— ¿Los robots nos enriquecerán o nos reemplazarán?

— Primero, tal vez nos enriquezcan. A largo plazo ya se verá. El trabajo es costoso y no es algo deseado, por eso hay que pagar a la gente por hacerlo. Automatizarlo parece beneficioso. Eso crea dos retos: si la gente pierde sus salarios, ¿cómo se mantiene? Lo cual se convierte en una cuestión política, ¿se piensa en una garantía de renta básica? ¿En un Estado del Bienestar? Si esta tecnología realmente hace que el mundo se convierta en un lugar mucho más rico, con un crecimiento más rápido, el problema debería ser fácil de resolver, habría más dinero. El otro reto es que mucha gente ve su trabajo como algo necesario para tener estatus social y que su vida tenga sentido. Hoy en día, estar desempleado no es malo solo porque no tienes dinero, sino porque mucha gente se siente inútil. Se necesitaría cambiar la cultura para que no pensemos que trabajar por dinero es algo que te da valor. Es posible, hay ejemplos históricos: los aristócratas no trabajaban para vivir, incluso pensaban que tener que hacerlo era degradante. Creemos que las estructuras de significado social son universales, pero son recientes. La vida de los niños parece tener mucho sentido incluso si no hacen nada útil. Soy optimista: la cultura se puede cambiar.

A Bostrom se le ha acusado desde algunos sectores de la comunidad científica de tener visiones demasiado radicales. Sobre todo, en su etapa transhumanista. “Sus visiones sobre la edición genética o sobre la mejora del humano son controvertidas”, señala Miquel-Ángel Serra, biólogo que acaba de publicar junto a Albert Cortina Humanidad: desafío éticos de las tecnologías emergentes.“Somos muchos los escépticos con las propuestas que hace”. Serra, no obstante, deja claro que Bostrom está ahora en el centro del debate sobre el futuro de la Inteligencia Artificial, que es una referencia.

— ¿Proyecta usted una visión demasiado apocalíptica en su libro de lo que puede ocurrir con la humanidad?

— Mucha gente puede quedarse con la impresión de que soy más pesimista con la AI de lo que realmente soy. Cuando lo escribí parecía más urgente tratar de ver qué podía ir mal para asegurarnos de cómo evitarlo.

— Pero, ¿es usted optimista con respecto al futuro?

— Intento no ser pesimista ni optimista. Intento ajustar mis creencias a lo que apunta la evidencia; con nuestros conocimientos actuales, creo que el resultado final puede ser muy bueno o muy malo. Aunque tal vez podríamos desplazar la probabilidad hacia un buen final si trabajamos duramente en ello.

— O sea, que hay cosas que hacer. ¿Cuáles?

— Estamos haciendo todo lo posible para crear este campo de investigación de control problema. Hay que mantener y cultivar buenas relaciones con la industria y los desarrolladores de Inteligencia Artificial. Aparte, hay muchas cosas que no van bien en este mundo: gente que se muere de hambre, gente a la que le pica un mosquito y contrae la malaria, gente que decae por el envejecimiento, desigualdades, injusticias, pobreza, y muchas son evitables. En general, creo que hay una carrera entre nuestra habilidad para hacer cosas, para hacer progresar rápidamente nuestra capacidades tecnológicas, y nuestra sabiduría, que va mucho más despacio. Necesitamos un cierto nivel de sabiduría y de colaboración para el momento en que alcancemos determinados hitos tecnológicos, para sobrevivir a esas transiciones.

Fuente: El País

LOS TRABAJOS DEL FUTURO

LOS TRABAJOS DEL FUTURO

¿Cuáles serán los empleos tecnológicos del futuro?

El avance de la ciencia y la tecnología global demandan nuevas especializaciones para lograr mantener el ritmo de crecimiento. ¿Estás preparado para ser un experto en el futuro?

¿Qué nos depara el futuro? Suele ser una pregunta común que nos hacemos al pensar en nuestro bienestar personal en los años que vendrán. Pero si ampliamos ese foco y en lugar de pensar en nuestro pequeño paso por este mundo miramos más allá, podremos tener una perspectiva un poco mayor de lo que podría llegar a presentarle el futuro profesional a nuestros hijos, nietos y bisnietos.

La tecnología domina gran parte de los avances de la humanidad, y proporciona las herramientas necesarias para que esa evolución sea constante y sólida, pero sin la mano de obra especializada, todo esto podría quedar paralizado. Es verdad que la infinita curiosidad del ser humano nos ha permitido evolucionar a través del tiempo basados en el infalible método “prueba-error”, pero en cierto punto, sin un ingeniero, científico, matemático, o programador, algunas cosas encontrarían su techo en poco tiempo.

Para tomar un punto de referencia histórico similar al actual, podemos decir que la Revolución Industrial, fecha de inicio de la producción en masa, hito que vino de la mano de la máquina de vapor como bandera, fue el comienzo de un proceso de desarrollo tecnológico en el que por primera vez la sociedad estaba involucrada y veía que su alcance y poderío era mayor que antes.

Este hito movilizó las industrias, los medios de transporte y obviamente el consumo, como nunca antes se había visto. La humanidad ya formaba parte del proceso de evolución tecnológica que había comenzado.

Pero esto también requirió de una gran masa de personas capacitadas para avanzar en los logros siguientes, lo que generó el perfeccionamiento de ingenieros, acereros, matriceros, agrimensores, químicos, entre tantos otros.

Así como en la Edad Media un herrero prestigioso podía tener status imperial, en los siglos siguientes, médicos, pensadores, ingenieros y matemáticos fueron ocupando esos estratos sociales de prestigio, que eran considerados como los visionarios del futuro.

En la actualidad existen muchas profesiones que han desaparecido, justamente por la evolución de algunos sectores de la industria y la tecnología. Un matricero fue reemplazado por un software de CAD y una impresora de prototipado rápido, un pintor o un chapista por un robot que pinta y endereza metales. Hasta algunas profesiones relacionadas con la salud comienzan a ver droides enfermeros o cuidadores de ancianos en los mismos pasillos donde circulan a diario.

¿Qué perspectiva podemos tomar para ver la evolución de estas profesiones y comprender lo que podría necesitarse en el futuro?

La ingeniería siempre ha sido la punta de lanza de la evolución humana. Desde una microscópica lente para entrar en un cuerpo humano hasta un puente de kilómetros de largo, esta profesión ha sido necesaria para el desarrollo. En el futuro quizás sean necesarios más ingenieros eólicos, solares y espaciales, si tenemos en cuenta la necesidad de producir energía renovable y no contaminante, así como también sostener nuestro lugar en el espacio exterior, quizás en poco tiempo en forma permanente.

Una estación espacial permanente o una fija en algún planeta podría requerir de agricultores espaciales, personas capacitadas para generar alimentos y mantener a una población estable.

La cantidad de robots tanto en la Tierra como en el espacio requerirá de miles de expertos reparadores de tiempo completo para evitar que en poco tiempo, estos droides comiencen a acumularse y convertirse en chatarra como ocurre hoy con la tecnología doméstica.

¿Buscas empleo?

Tu futuro empleo, el de tus hijos o el de tus nietos podría estar entre estos probables segmentos más desarrollados en el futuro:

Medicina: La manipulación genética, la biomedicina y la epidemiología entre otros campos de los que se esperan grandes avances en los próximos años, serán terreno propicio para nanomédicos, encargados de implantar minúsculas prótesis y robots. El crecimiento y velocidad de propagación de los virus también requerirá de expertos en cuarentenas, con habilidades para contener focos de infección y evitar su alcance. En un futuro que casi pisamos, fabricantes de partes del cuerpo tendrán la tarea de fabricar prótesis, tejidos e incluso órganos. La salud mental generará cada vez más demanda de profesionales para controlar adicciones, estrés, problemas de aprendizaje y fobias, entre otros tantos desequilibrios provocados por el vértigo al que estamos sometidos en una sociedad moderna basada en el consumo.

Ingeniería: La exigencia del cuidado ambiental a las industrias y el ritmo de consumo exigirán un nuevo nivel de ingenieros, especializados en centros de reciclaje, fuentes de energía renovables, tratamiento de efluentes y . El crecimiento de los vehículos alternativos también necesitará de expertos para reparar autos eléctricos, aviones no tripulados o incluso, maquinaria pesada robotizada.

Informática: Muchas de las profesiones que existen en la actualidad tendrán su espacio y demanda en el futuro cercano. Desarrolladores, expertos en seguridad informática, robótica, manejo de contenidos, redes sociales y cualquier tipo de interfaz dentro de la World Wide Web (si existe como la conocemos hoy en día) o del futuro mercado televisivo interactivo y por demanda, serán los principales empleos en una era donde la información domina el consumo global.

Consumo y alimentación: El crecimiento poblacional y los cada vez menos espacios disponibles para la agricultura impulsarán la agricultura hidropónica como alternativa, tanto a nivel calidad (no requiere de pesticidas) como de espacio utilizable (un metro cuadrado de suelo puede contener 100 plantas de frutilla). La ingeniería genética también tendrá un rol destacado en el futuro, con el objetivo de obtener más alimentos con mejores prestaciones y tolerancia a los cada vez más extremos climas terrestres.

Sociedad: Hace varios años que Bill Gates fomenta la educación democrática. Incluso se encarga de financiar proyectos para llevar conocimientos de grandes universidades a todos los confines del mundo. Pero según declaró hace pocas semanas  mientras participaba de una conferencia en Davos, Suiza, “un profesor de Stanford delante de 160 mil alumnos online es alentador pero no suficiente”. Los profesores virtuales o avatares permitirán sustituir la enseñanza presencial por contenidos más dinámicos y al alcance de toda la población, para crear más y mejores oportunidades de desarrollo intelectual. También serán necesarios especialistas en el incómodo cambio climático que está sufriendo nuestro planeta, para evitar tener que abandonar zonas de los continentes por los climas extremos que han provocado las mega industrias. A un nivel menor, pilotos, arquitectos y guías de turismo espaciales podrán ofrecer una mejor experiencia de viaje cuando los vuelos fuera de la atmósfera sean tan comunes (y accesibles) como pasar 10 días en una playa del caribe. Abogados virtuales que resuelvan los millones de conflictos por daño moral, privacidad y propiedad intelectual en internet, organizadores virtuales de bibliotecas y documentación de empresas y traductores de idiomas en un mundo cada vez más globalizado, también podrían ser excelentes oportunidades de empleos para nuestros descendientes.

Se estima que para el año 2030 la población mundial ascenderá a 8.300 millones de individuos, la demanda de alimentos crecerá un 50%, la de agua un 30%, y quizás naciones como China e India sean consolidadas y reconocidas como grandes líderes mundiales, y motores de la industria, siempre y cuando Beijing y Nueva Delhi tengan la suficiente cantidad de expertos en cambios climáticos como para evitar convertirse en ciudades fantasmas en las próximas décadas.

Fuente: FayerWayer

REVOLUCIÓN DE LA INTELIGENCIA

VISIONES DEL FUTURO
Extracto de la serie de 6 videos (Narrado por Michio Kaku y otros científicos e investigadores)

Hace tres siglos el gran científico inglés Isaac Newton escribió: “Tan sólo soy como un niño que juega en la arena mientras el océano de la verdad yace misterioso frente a mí” En la actualidad una vez más somos como niños jugando en la arena pero el gran océano de la verdad ya no es un misterio.

El físico teórico estadounidense, futurólogo y divulgador científico Michio Kaku, asegura que el descubrimiento de las leyes fundamentales de la naturaleza en el siglo 20 abrirá posibilidades sin paralelo en el siglo 21. Estamos haciendo la transición histórica de la era de los descubrimientos científicos a la era de un dominio científico en la cual seremos capaces de manipular y moldear a la naturaleza casi según nuestros deseos.

En las próximas décadas la ciencia nos permitirá crear y manipular la inteligencia casi a nuestra voluntad y su dominio nos permitirá crear nuevos mundos. La posibilidad de crear máquinas inteligentes nos permitirá rediseñar nuestras propias mentes.

El crecimiento exponencial del poder de las computadoras transformará radicalmente toda la civilización humana. Para el 2020, la inteligencia estará en todas partes, prácticamente en cada objeto, a esta circunstancia los científicos la llaman: COMPUTACIÓN OMNIPRESENTE. En pocos años los microprocesadores serán tan económicos que estarán en cada artículo que compremos. Tendremos redes invisibles en nuestras paredes, en nuestro mobiliario e incluso en nuestra ropa.

Computadoras portátiles cuidarán permanentemente de nuestra salud, será como llevar en nuestra ropa a un médico las 24 horas del día. Pero quizá el impacto mayor suceda cuando la inteligencia omnipresente converja con otra tecnología de rápido crecimiento: La Internet.

El incremento sin precedentes en la comunicación en línea, Facebook, MySpace y la mensajería instantánea están cada vez más presentes en la vida cotidiana. La realidad virtual surge como un fascinante mundo repleto de avatares que se desenvuelven autónomos sin las limitaciones del mundo real. Juegos en línea como Second Life nos permiten crear mundos donde todo es posible y donde nos podemos reinventar a nuestro antojo infinitamente.

Se estima que para el 2020 habrá un completo universo tridimensional en el ciberespacio con países y gobiernos virtuales. Escuelas y universidades virtuales, propiedades y mercados de valores virtuales, familias y amigos virtuales. La realidad virtual será cada vez más como la verdadera realidad pero con la ventaja de que podremos compartir un espacio de realidad virtual con alguien que vive a cientos de kilómetros. La realidad virtual será el lugar donde se puedan vivir todas las fantasías inimaginables. La interface de la realidad virtual en un futuro podrá integrarse en el propio cuerpo humano.

Esta condición multifacética de la identidad que nos confieren las redes sociales ¿podría alterar nuestro propio sentido de identidad? Una pregunta obligada frente al expectante territorio del ciberespacio.

La realidad virtual y la computación omnipresente son sólo los primeros pasos del dominio de la inteligencia artificial. A medida que avanza el siglo 21, la inteligencia artificial revolucionará nuestras vidas de una forma aún más radical. Significará un salto evolutivo que desafiará profundamente la condición humana. En la segunda mitad del siglo 21 entraremos en nuevos dominios, pasaremos de ser creadores de inteligencia artificial a ser creadores de máquinas inteligentes. Máquinas que competirán con la inteligencia humana y probablemente hasta la excedan. Esto significa que un largo y anhelado sueño futurista podrá hacerse realidad.

Actualmente las máquinas provistas de inteligencia artificial especializada, controlan gran parte de nuestras vidas, de nuestra sociedad y de nuestra economía. Cada vez se diseñan más máquinas para pensar por si mismas, tal es el caso de los robots modulares llamados Súper Bots. Cada módulo necesario puede convertirse en un cerebro para controlar a los otros y pueden detectar en que parte del cuerpo se encuentran. Estos son sólo prototipos, la próxima generación de Súper Bots serán capaces de evaluar su ambiente de forma independiente y elegir por si mismos una forma más adecuada.

En un futuro se podrá lograr que los robots hagan diferentes tareas en diversos ambientes. Pero aún hay grandes obstáculos que limitan la habilidad de los robots para pensar y actuar con autonomía. En primer lugar el reconocimiento de objetos y el entendimiento de lo que escuchan puede ser una limitante que está a punto de cambiar. En el Instituto Tecnológico de Massachusetts crearon una máquina con la habilidad de reconocer objetos y lo lograron combinando la informática con la neurología. Si entendemos cómo trabaja nuestro cerebro y cómo actúa nuestra inteligencia, podremos ser capaces de recrearla en una máquina. La inteligencia emocional es la vanguardia de la inteligencia humana, así que los robots deberán aprender a diferenciar entre lo que es “bueno” y lo que es “malo”.

Con la evolución de ambos, la inteligencia y la habilidad de las máquinas para navegar en nuestro mundo existe la probabilidad de éstas pudieran escapar del control humano. Incluso, hay una gran posibilidad de que las máquinas llegaran a ser más listas que nosotros. Esto nos hace considerar dos escenarios: El escenario optimista que plantea que las nuevas máquinas superhumanas sean gentiles y nos traten como mascotas. Y el escenario pesimista es que no sean tan gentiles y nos utilicen como alimento (todos fundamentamos nuestras esperanzas en el primer escenario) La amenaza de robots autosuficientes que se vuelven contra los humanos ha sido un tema recurrente de la ciencia ficción.

Siempre que Hollywood nos muestra a los seres humanos en conflicto con los robots, suele haber cierto equilibrio entre ambas partes porque Hollywood sólo nos muestra películas donde tenemos oportunidad de ganar. Lo importante es que nosotros podemos controlar el avance de la inteligencia de nuestros robots. Del mismo modo podremos elegir como creamos la inteligencia artificial y tenemos que estar seguros de que esa inteligencia nunca va a querer mejorarse a sí misma porque nunca va a querer atentar contra la vida inteligente.

Creo que dependerá de nosotros que tipo de máquinas inteligentes inventaremos, nosotros decidiremos la relación que tendremos con ellas y tendremos otra alternativa aún más compleja, tendremos la posibilidad de elegir el nivel de nuestra propia inteligencia. A medida que las máquinas se hagan más inteligentes podremos mejorar nuestras propias capacidades cognitivas e intelectuales, y esta es la ironía, mientras las máquinas se parecen más a los humanos, los humanos podrían parecerse más a las máquinas, de hecho eso puede representar el máximo estadio en el dominio de la inteligencia.

Unir nuestras mentes con las máquinas puede sonar como ciencia-ficción, pero ya está sucediendo. En la clínica Cleveland en Ohio los neurocirujanos implantan electrodos en los cerebros de pacientes con depresión crónica. La técnica se denomina Estimulación profunda del Cerebro o, EPC y se utiliza en pacientes con mal de Parkinson. La EPC también llamada marcapasos cerebral significa implantar un pequeño cable eléctrico en diferentes partes del cerebro, este cable emite pequeñas señales eléctricas y controla la actividad anormal del cerebro con conexiones que ayudan a mejorar la calidad de vida y la conducta del paciente.

Los implantes cerebrales tienen actualmente el potencial para tratar un amplio abanico de patologías en el futuro cercano. El uso de marcapasos cerebrales será cada vez más frecuente. Se utilizan en pacientes con epilepsia severa y en pacientes con síndrome de Turrell. Una de las fronteras siguientes será la de los pacientes con severo daño cerebral como en los derrames cerebrales y muy probablemente también en pacientes con autismo y Alzheimer y en otras tantas patologías neurológicas y psiquiátricas. Pero los implantes pueden hacer mucho más que reparar el cerebro, pronto los microprocesadores empezarán a aumentar su capacidad y a mejorarlo. Algunos científicos predicen que en el futuro tendremos un procesador de memoria que podrá almacenar archivos y optimizar nuestra memoria, nuestras capacidades cognitivas e intelectuales.

A finales de la década del 2020 casi todas las personas tendrán cierta cantidad de inteligencia no biológica dentro del cerebro. En la década del 2040 la parte no biológica de nuestra inteligencia será mucho más poderosa que la parte biológica. Nosotros como especie ya empezamos a colocar tecnología de procesamiento de la información dentro de nuestros cuerpos. Nos estamos haciendo más robóticos, al mismo tiempo nuestra tecnología se hace más biológica y creo que en los próximos 50 años tendremos robots con más componentes biológicos y gente con más componentes electrónicos. Así que ¿Dónde estará la gente y donde estarán los robots en 50 o 100 años? Es una pregunta muy interesante.

Estamos en los albores de una nueva era en la cual podremos literalmente ser capaces de cambiar la mente con tan sólo presionar un botón. Uno de los mayores problemas que tenemos en el siglo 21 es como relacionarnos con un mundo que está lejos de la realidad y como trabajamos nuestra conciencia al tener una realidad mejorada, teniendo gente en el mundo que no tiene acceso a nada. Todas las revoluciones tienen ganadores y perdedores, esta revolución no es diferente, pero creo que los grandes perdedores son las personas que no quieren involucrarse, ellos son los que descubrirán que estar alejados les traerá algunas consecuencias desagradables. Esta es una revolución en la cual no es una buena idea ser un testigo. En el pasado sólo éramos observadores de la inteligencia. Ahora, por primera vez en la historia humana en la revolución de la información podemos ser dueños de la inteligencia. Este dominio nos dará libertades y oportunidades sin precedentes, ya que tiene el potencial de enriquecer nuestras vidas más que cualquier cosa en el pasado pero también nos confronta con aspectos sociales que son fundamentales y con alternativas que tenemos que discutir en la actualidad.

Le resultará interesante ver esta serie de videos que plantean una verdadera revolución del futuro de la inteligencia.