HOLOGRAMAS CON ONDAS WIFI

Las ondas wifi sirven para crear hologramas

Permiten crear una imagen 3D de una persona usando únicamente la red doméstica

Investigadores alemanes han conseguido fabricar un holograma usando ondas wifi en vez de láser. El holograma refleja la imagen tridimensional de un objeto en un ordenador, a partir de las ondas wifi. En el futuro permitirá crear el holograma de una persona usando únicamente la red doméstica y localizarla en un edificio a través del wifi.

Innvestigadores alemanes han conseguido utilizar las ondas wifi que circulan en una habitación para crear un holograma de un objeto presente en esa sala. La tecnología permitiría en el futuro crear un holograma de una persona usando únicamente las ondas wifi de la red doméstica, sin necesidad de estar presente en la misma habitación o vivienda.

De momento la tecnología está en fase experimental, pero sus creadores piensan que en cinco o diez años se podrán usar las ondas wifi para localizar a una persona dentro de un edificio, más que para comunicarse con ella.

Wifi es la abreviatura de Wireless Fidelity, un conjunto de normas para redes inalámbricas que permiten la comunicación entre sus componentes mediante ondas electromagnéticas, que son las que han servido para la fabricación del holograma en esta investigación.

Las ondas wifi están separadas entre sí a una distancia menor que la de las ondas de radio y mayor que la distancia entre microondas, lo que les otorga una frecuencia única que no puede ser alterada por otras señales.

La comunicación mediante ondas wifi se consigue utilizando la cresta y la depresión de las ondas para enviar información, representando la cresta el 1 y la depresión del 0. De esta forma, las cadenas de 1 y 0 se pueden traducir a mensajes (letras, números y códigos) a través de los cuales se puede navegar por Internet.

Dimensión inesperada 

La nueva tecnología otorga a las ondas wifi una nueva dimensión inesperada, ya que podrían usarse para observar el interior de una habitación usando únicamente las ondas wifi y su incidencia sobre los objetos presentes en la sala.

La proeza se consigue creando un holograma de la habitación con ondas wifi. Los investigadores, Friedemann Reinhard y Philipp Holl, han sustituido el rayo láser que se usa para fabricar holografías por las ondas wifi. De esta forma, han construido un holograma de una delgada cruz de aluminio de un metro de ancho, según un artículoaceptado para publicación en Physical Review Letters.

La holografía es una técnica avanzada de fotografía que se basa en la creación de hologramas. Un holograma de un objeto o de una escena es un registro plano, realizado con un rayo láser sobre una película fotosensible, de la interferencia que se produce entre dos haces de luz coherentes cuando la luz de uno de los haces se refleja en el objeto. Cuando la película recibe la luz desde una perspectiva adecuada se proyecta una imagen tridimensional: el holograma.

Tal como se explica al respecto en la revista Science, el holograma de la cruz se basa en las características de las ondas wifi, a través de las cuales los investigadores alemanes pudieron construir el holograma de la cruz en un ordenador.

Un transmisor wifi fue colocado en una habitación, a 90 centímetros de la parte posterior de la cruz. Asimismo, un receptor wifi fue colocado a 1,4 metros de la parte delantera de la cruz, con la finalidad de que pudiera representar el papel de una placa fotográfica, capaz de capturar imágenes de la cruz. Un segundo receptor fijo fue colocado a una distancia mayor, a pocos metros, para tener una visión directa del emisor.

Nuevo tipo de holograma 

Lo que quedaba por hacer era relativamente sencillo: fabricar un holograma con las señales que llegaban a ambos receptores. No es un holograma tal como se consigue con un láser, ya que en realidad no están capturando fotográficamente la imagen, pero el resultado permite observar el objeto y sus formas. La cruz podía observarse en la pantalla del ordenador, sin ninguna cámara presente en la habitación.

Evidentemente, se tienen que dar determinados requisitos para que esta técnica holográfica basada en wifi funcione, pero esta investigación constituye un primer paso que puede aportar interesantes innovaciones en el campo de las ondas wifi.

También habría que ver si la técnica funciona estando los objetos situados en una habitación colindante al espacio donde está en emisor de ondas wifi, ya que estas ondas tienen un alcance de unos veinte metros en interiores.

Los investigadores señalan que ya existen algunas formas de utilizar señales wifi para rastrear el movimiento de personas dentro de un edificio, y que gracias a su experimento, estas técnicas evolucionarán rápidamente llevando a usar las ondas wifi más para localizar personas que para comunicarse con ellas. Dentro de 5 o 10 años.

Fuente: Tendencias21

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El futuro de la humanidad en manos de la IA

Nick Bostrom ¿Qué sucede cuando nuestras computadoras se vuelven más inteligentes que nosotros?

Un equipo de expertos investiga en un Instituto de Oxford los riesgos de extinción del ser humano.

Necesitamos sabiduría para enfrentar el futuro. Para saber si los progresos tecnológicos de vanguardia van en la dirección adecuada o no; si favorecen al ser humano o todo lo contrario. Para tener una idea de qué hacer si se presentan escenarios que ponen en riesgo la supervivencia de la especie, como los derivados de la amenaza nuclear, la modificación de microbios letales o la creación de mentes digitales más inteligentes que el hombre. A reflexionar sobre este tipo de cuestiones se dedican un puñado de cerebros en un lugar ubicado en Oxford y llamado el Instituto para el Futuro de la Humanidad.

Al frente de un heterodoxo grupo de filósofos, tecnólogos, físicos, economistas y matemáticos se encuentra un filósofo formado en física, neurociencia computacional y matemáticas, un tipo que desde su adolescencia se encontró sin interlocutores con los cuales compartir sus inquietudes acerca de Schopenhauer, un sueco de 42 años que se pasea por las instalaciones del Instituto con un brebaje hecho a base de vegetales, proteínas y grasas al que denomina elixir y que escucha audiolibros al doble de velocidad para no perder un segundo de su preciado tiempo. Se llama Nick Bostrom, y es el autor deSuperinteligencia: Caminos, Peligros, Estrategias, un libro que ha causado impacto, una reflexión acerca de cómo afrontar un futuro en que la inteligencia artificial supere a la humana, un ensayo que ha recibido el respaldo explícito de cerebros de Silicon Valley como Bill Gates y Elon Musk, de filósofos como Derek Parfit o Peter Singer, de físicos como Max Tegmark, profesor del Massachusetts Institute of Technology. Un trabajo que, además, se coló en la lista de los libros más vendidos que elabora The New York Times Book Review. La ONU le reclama para que exponga su visión, sociedades científicas como The Royal Society le invitan a dar conferencias, una de sus charlas TED lleva ya contabilizados más de 1.747.000 visionados. Y Stephen Hawking ya ha alertado al mundo: hay que tener cuidado con la Inteligencia Artificial.

El Instituto para el Futuro de la Humanidad —FHI, siglas en inglés— es un espacio con salas de reuniones bautizadas con nombres de héroes anónimos que con un gesto salvaron el mundo —como Stanislav Petrov, teniente coronel ruso que evitó un incidente nuclear durante la Guerra Fría— donde fluyen las ideas, los intercambios de impresiones, donde florecen hipótesis y análisis. Sobre todo, por las tardes-noches: el jefe es, como él mismo confiesa, un noctámbulo; se queda en la oficina hasta las dos de la madrugada.

“En el momento en que sepamos cómo hacer máquinas inteligentes, las haremos”, afirma Bostrom, en una sala del Instituto que dirige, “y para entonces, debemos saber cómo controlarlas. Si tienes un agente artificial con objetivos distintos de los tuyos, cuando se vuelve lo suficientemente inteligente, es capaz de anticipar tus acciones y de hacer planes teniendo en cuenta los tuyos, lo cual podría incluir esconder sus propias capacidades de modo estratégico”. Expertos en Inteligencia Artificial que cita en su libro aseguran que hay un 90% de posibilidades de que entre 2075 y 2090 haya máquinas tan inteligentes como los humanos. En la transición hacia esa nueva era habrá que tomar decisiones. Inocular valores morales a las máquinas, tal vez. Evitar que se vuelvan contra nosotros.

A analizar este tipo de supuestos y escenarios se dedica este hombre que en estos días lee intensivamente sobre machine learning (aprendizaje automático, rama de la inteligencia artificial que explora técnicas para que las computadoras puedan aprender por sí solas) y economía de la innovación. Para Bostrom el tiempo nunca es suficiente. Leer, leer, leer, asentar conocimientos, profundizar, escribir. “El tiempo es precioso. Es un bien de gran valor que constantemente se nos desliza entre los dedos”.

La gente parece olvidar la guerra nuclear. Un cambio para mal en la geopolítica podría ser un peligro

Estudiar, formular hipótesis, desarrollarlas, anticipar escenarios. Es lo que se hace en este Instituto donde se cultiva la tormenta de ideas y la videoconferencia, un laberinto de salas dominadas por pizarras vileda con diagramas y en cuyo pasillo de entrada cuelga un cartel que reproduce la portada de Un mundo feliz, la visionaria distopía firmada por Aldous Huxley en 1932. Un total de 16 profesionales trabajan aquí. Publican en revistas académicas, hacen informes de riesgos para compañías tecnológicas, para gobiernos (por ejemplo, el finlandés) o para la ONU, que se dispone a crear su primer programa sobre Inteligencia Artificial —uno de cuyos representantes andaba la semana pasada por las oficinas del FHI—. Niel Bowerman, director adjunto, físico del clima y exasesor del equipo político de Energía y Medio Ambiente de Barack Obama, explica que en el instituto siempre estudian cómo de grande es un problema, cuánta gente trabaja en él y cómo de fácil es realizar progresos en esa área para determinar los campos de estudio.

Bostrom es el hombre que comanda el Instituto, el que decide por dónde se transita, el visionario. Desarrolla su labor gracias al impulso filantrópico de James Martin, millonario interesado en las cuestiones de los riesgos existenciales del futuro que impulsó el FHI hace diez años para que se estudie y reflexione en torno a aquellas cosas en las que la industria y los gobiernos, guiados por sus particulares intereses, no tienen por qué pensar.

Al filósofo sueco, que formó parte en 2009 de la lista de los 100 mayores pensadores globales de la revista Foreign Policy, le interesa estudiar, sobre todo, amenazas lejanas, a las que no le gusta poner fecha. “Cuanto más largo sea el plazo”, dice, “mayores son las posibilidades de un escenario de extinción o de era posthumana”. Pero existen peligros a corto plazo. Los que más le preocupan a Bostrom son los que pueden afectar negativamente a las personas como las plagas, la gripe aviar, los virus, las pandemias.

En cuanto a la Inteligencia Artificial y su cruce con la militar, dice que el riesgo más claro lo presentan los drones y las armas letales autónomas. Y recuerda que la guerra nuclear, aunque tiene pocas probabilidades de llegar, sigue siendo un peligro latente. “La gente parece haber dejado de preocuparse por ella; un cambio para mal en la situación geopolítica podría convertirse en un gran peligro”.

“Hay una carrera entre nuestro progreso tecnológico y nuestra sabiduría, que va mucho más despacio

La biotecnología, y en particular, la posibilidad que ofrece el sistema de edición genética CRISPR de crear armas biológicas, también plantea nuevos desafíos. “La biotecnología está avanzando rápidamente va a permitir manipular la vida, modificar microbios con gran precisión y poder. Eso abre el paso a capacidades muy destructivas”. La tecnología nuclear, señala, se puede controlar. La biotecnología, la nanotecnología, lo que haga alguien un garaje con un equipo de segunda mano comprado en EBay, no tanto. Con poco se puede hacer mucho daño.

Superada su etapa transhumanista —fundó en 1998 junto a David Pearce la Asociación Mundial Transhumanista, colectivo que aboga de modo entusiasta por la expansión de las capacidades humanas mediante el uso de las tecnologías—, Bostrom ha encontrado en la Inteligencia Artificial el terreno perfecto para desarrollar su trabajo. La carrera en este campo se ha desatado, grandes empresas —Google compró en 2014 la tecnológica DeepMind— y Estados pugnan por hacerse con un sector que podría otorgar poderes inmensos, casi inimaginables.

Uno de los escenarios que proyecta en su libro, cuya versión en español publica el 25 de febrero la editorial Teell, es el de la toma de poder por parte de una Inteligencia Artificial (AI, siglas en inglés). Se produce una explosión de inteligencia. Las máquinas llegan a un punto en que superan a sus programadores, los humanos. Son capaces de mejorarse a sí mismas. De desarrollar grandes habilidades de programación, estratégicas, de manipulación social, de hacking. Pueden querer tomar el control del planeta. Los humanos pueden ser un estorbo para sus objetivos. Para tomar el control, esconden sus cartas. Podrán mostrarse inicialmente dóciles. En el momento en que desarrollan todos sus poderes, pueden lanzar un ataque contra la especie humana. Hackeardrones, armas. Liberar robots del tamaño de un mosquito elaborados en nanofactorías que producen gas nervioso, o gas mostaza.

Esta es simplemente la síntesis del desarrollo de un escenario. Pero, como decía la crítica de Superinteligencia de la revista The Economist, las implicaciones de la introducción de una segunda especie inteligente en la Tierra merecen que alguien piense en ellas. “Antes, muchas de estas cuestiones, no solo las del AI, solían estar en el campo de la ciencia ficción, de la especulación”, dice Bostrom, “para mucha gente era difícil de entender que se pudiera hacer trabajo académico con ello, que se podían hacer progresos intelectuales”.

El libro también plantea un escenario en que la Inteligencia Artificial se desarrolla en distintos sectores de manera paralela y genera una economía que produce inimaginables cotas de riqueza, descubrimientos tecnológicos asombrosos. Los robots, que no duermen, ni reclaman vacaciones, producen sin cesar y desbancan a los humanos en múltiples trabajos.

— ¿Los robots nos enriquecerán o nos reemplazarán?

— Primero, tal vez nos enriquezcan. A largo plazo ya se verá. El trabajo es costoso y no es algo deseado, por eso hay que pagar a la gente por hacerlo. Automatizarlo parece beneficioso. Eso crea dos retos: si la gente pierde sus salarios, ¿cómo se mantiene? Lo cual se convierte en una cuestión política, ¿se piensa en una garantía de renta básica? ¿En un Estado del Bienestar? Si esta tecnología realmente hace que el mundo se convierta en un lugar mucho más rico, con un crecimiento más rápido, el problema debería ser fácil de resolver, habría más dinero. El otro reto es que mucha gente ve su trabajo como algo necesario para tener estatus social y que su vida tenga sentido. Hoy en día, estar desempleado no es malo solo porque no tienes dinero, sino porque mucha gente se siente inútil. Se necesitaría cambiar la cultura para que no pensemos que trabajar por dinero es algo que te da valor. Es posible, hay ejemplos históricos: los aristócratas no trabajaban para vivir, incluso pensaban que tener que hacerlo era degradante. Creemos que las estructuras de significado social son universales, pero son recientes. La vida de los niños parece tener mucho sentido incluso si no hacen nada útil. Soy optimista: la cultura se puede cambiar.

A Bostrom se le ha acusado desde algunos sectores de la comunidad científica de tener visiones demasiado radicales. Sobre todo, en su etapa transhumanista. “Sus visiones sobre la edición genética o sobre la mejora del humano son controvertidas”, señala Miquel-Ángel Serra, biólogo que acaba de publicar junto a Albert Cortina Humanidad: desafío éticos de las tecnologías emergentes.“Somos muchos los escépticos con las propuestas que hace”. Serra, no obstante, deja claro que Bostrom está ahora en el centro del debate sobre el futuro de la Inteligencia Artificial, que es una referencia.

— ¿Proyecta usted una visión demasiado apocalíptica en su libro de lo que puede ocurrir con la humanidad?

— Mucha gente puede quedarse con la impresión de que soy más pesimista con la AI de lo que realmente soy. Cuando lo escribí parecía más urgente tratar de ver qué podía ir mal para asegurarnos de cómo evitarlo.

— Pero, ¿es usted optimista con respecto al futuro?

— Intento no ser pesimista ni optimista. Intento ajustar mis creencias a lo que apunta la evidencia; con nuestros conocimientos actuales, creo que el resultado final puede ser muy bueno o muy malo. Aunque tal vez podríamos desplazar la probabilidad hacia un buen final si trabajamos duramente en ello.

— O sea, que hay cosas que hacer. ¿Cuáles?

— Estamos haciendo todo lo posible para crear este campo de investigación de control problema. Hay que mantener y cultivar buenas relaciones con la industria y los desarrolladores de Inteligencia Artificial. Aparte, hay muchas cosas que no van bien en este mundo: gente que se muere de hambre, gente a la que le pica un mosquito y contrae la malaria, gente que decae por el envejecimiento, desigualdades, injusticias, pobreza, y muchas son evitables. En general, creo que hay una carrera entre nuestra habilidad para hacer cosas, para hacer progresar rápidamente nuestra capacidades tecnológicas, y nuestra sabiduría, que va mucho más despacio. Necesitamos un cierto nivel de sabiduría y de colaboración para el momento en que alcancemos determinados hitos tecnológicos, para sobrevivir a esas transiciones.

Fuente: El País

La Primera Persona en el Mundo en ser Reconocida como Cyborg

El primer ‘cyborg’ del mundo

Concierto a Color

(CNN) — Neil Harbisson es el primer cyborg (organismo cibernético) reconocido legalmente en el mundo. Tiene una antena implantada en el cráneo que le da acceso a algo con lo que no había nacido: la capacidad de ver a colores.

En un mundo donde la tecnología está abrumando nuestro enfoque mental y nuestras vidas sociales, Harbisson, de 32 años, tiene una relación más estrecha con la tecnología que incluso el más ávido usuario de un teléfono inteligente.

Harbisson creció en un pueblo costero de Cataluña, España y cuando era niño, fue diagnosticado con acromatopsia, una condición que no permite ver a colores.

En 2004, decidió encontrar una forma de salir de su mundo en blanco y negro, al desarrollar una tecnología que le permitiera tener una experiencia sensorial como ningún otro humano hubiera experimentado jamás.

La idea surgió mientras estudiaba composición de música experimentalen el Dartington College of Arts en Devon, Inglaterra. Para su proyecto final, Harbisson y el experto en computación Adam Montandon desarrollaron la primera personificación de lo que ellos llamaron eleyeborg. El aparato era una antena sujetada a un ordenador de cinco kilogramos y un par de auriculares. La cámara web en el extremo de la antena convertía cada color en 360 ondas de sonido diferentes que Harbisson podía escuchar por los audífonos.

Aunque parezca una forma de sinestesia inducida (una condición neurológica que causa que las personas vean o incluso saboreen los colores) la nueva condición de Harbisson es diferente, y merece un nombre completamente nuevo: sonocromatopsia, un sentido extra que conecta a los colores con el sonido.

A diferencia de la sinestesia, que puede variar enormemente de persona a persona, la sonocromatopsia hace que cada color corresponda a un sonido específico.

Le tomó alrededor de cinco semanas acostumbrarse a las jaquecas ocasionadas por los sonidos de cada color nuevo, y alrededor de cinco meses poder descifrar cada frecuencia como un color particular que ahora podía percibir como un sonido.

En los años posteriores a cuando empezó a usar el eyeborg, Harbisson pasó de no distinguir ningún color en absoluto a la capacidad de descifrar colores como rojo, verde y azul.

Incluso podía detectar colores como el infrarrojo y el ultravioleta, que están fuera del espectro de colores que alcanza a percibir el ojo humano.

Desde entonces, ir al supermercado se convirtió en algo parecido a una visita a un club nocturno. La ropa que elegía a diario comenzó a reflejar la escala de tonos musicales que coincidía con su estado emocional, de la misma forma en que algunas personas combinan sus pantalones con el resto de su atuendo.

Cuando estaba de buen humor, Harbisson se vestía en un acorde do mayor, colores cuya frecuencia de sonido corresponden al rosa, amarillo y azul; si se sentía triste, se vestía en colores turquesa, morado y naranja, que corresponden a re menor. También cambió el concepto que tenía sobre las razas: se dio cuenta de que el color de piel, para él, en realidad no era blanco y negro.

“Yo creía que la gente negra era negra, pero no es así. Ellos son de un tono de piel naranja muy oscuro y las personas que dicen ser blancas son de un naranja bastante claro”, explica Harbisson.

El siguiente paso fue lograr que la antena se viera menos voluminosa. Comenzó por reducir el peso de la computadora a un kilo y a sujetarla bajo su ropa. Después, el software fue reducido a un chip instalado bajo su piel. Y en diciembre del año pasado, a Harbisson le implantaron la antena directamente en su cráneo.

Encontrar a un doctor que hiciera este procedimiento no fue fácil. Le presentó su caso a cirujanos plásticos, y después a una docena de médicos. Todos lo rechazaron. Finalmente encontró a uno que estuvo dispuesto a hacerlo siempre y cuando su identidad se mantuviera en secreto. Pasaron meses antes de que la antena y el hueso se fusionaran, pero Harbisson dice que logró exactamente lo que deseaba.

“No siento ningún peso, ni presión”, dice, tomando el delgado cuello de la antena. “Solo parece como si tocara una parte de mi cuerpo. Parece ser una nueva parte de mi cuerpo, como una nariz o un dedo”.

El cyborgismo, un movimento del cual Harbisson es uno de los pioneros más destacados, es una tendencia que crece lentamente. El desarrollo de Google Glass ha atraído más atención al concepto de utilizar la tecnología portátil durante largos períodos de tiempo.

Los implantes magnéticos que permiten que uno sienta la atracción de campos magnéticos, como microondas o transformadores conectados a un suministro de energía, se han vuelto un equipo popular para los autodenominados “hackers biológicos”.

Y más recientemente, un cinematógrafo canadiense desarrolló e implantó su propio tipo de eyeborg: un ojo protésico incrustado con una cámara de vídeo.

Pero Harbisson dice que él tiene la distinción de ser el primer cyborglegalmente reconocido por un gobierno: la fotografía de su pasaporte británico lo muestra con su dispositivo, lo que efectivamente lo aprueba como parte de su cara.

Él cree que el movimiento necesita más impulso: “Pensaba que luego de unos pocos años esto sería realmente popular, que mucha gente empezaría a extender sus sentidos, pero todavía no es así”.

Esto lo atribuye a la presión social, señalando que una organización en contra de los cyborgs llamada Stop Cyborgs, cuyo blanco específico son aquellos que usan tecnología portátil como Google Glass o Narrative Clip, una cámara automática portátil que captura tu vida en video.

“La gente le tiene miedo a lo desconocido. Suelen exagerar o ser muy negativos sobre las posibles consecuencias de lo que es nuevo para ellos”.

Para Harbisson, acostumbrarse físicamente a la tecnología fue la parte sencilla. Obtener la aceptación de los demás ha sido el verdadero desafío. Frecuentemente compara los obstáculos a los que se enfrenta cada día con los que experimentaron los transexuales y travestis hace medio siglo.

En un esfuerzo por abordar algunos de estos problemas, Harbisson fundó, junto a su amigo de la infancia, Moon Ribas, la fundación Cyborg en 2010. Afirma que no está haciendo nada antinatural: “Oír mediante conducción es algo que los delfines hacen, una antena es algo que muchos insectos tienen, y saber dónde está el norte es algo que los tiburones también pueden detectar. Estos sentidos son muy naturales; todos existen ya, pero ahora podemos aplicarlos a los humanos”.

Una de las maneras en las que la fundación está tratando de mostrarle a la gente qué se siente ser un cyborg es mediante la aplicación Eyegorg para Android, que traduce los colores a las frecuencias de sonido que Harbisson escucha.

Él considera que la aplicación es el primer paso para presentarle a las personas la experiencia cyborg: “Todos tenemos un teléfono móvil y constantemente usamos la tecnología, de modo que esto se ha convertido en algo normal. También llegará a ser normal tener tecnología dentro de nuestros cuerpos o hacer que nos la implanten. Creo que solo tenemos que darle algo de tiempo.

Fuente: CNN México

El misterioso fenómeno de la acción fantasmal a distancia

La teoría de la “Horripilante acción fantasmal a distancia” de Einstein

La equivocación de Einstein: Demuestran que la ‘acción fantasmal a distancia’ es real

Pese a las dudas de Albert Einstein, el padre de la física moderna, existe la llamada ‘acción fantasmal a distancia’. Científicos del Instituto Nacional de Normas y Tecnología de EE.UU. (NIST, por sus siglas en inglés) llevaron a cabo un experimento que lo demostró.

Einstein utilizó el término ‘acción fantasmal a distancia’ para referirse a la mecánica cuántica, que describe el extraño comportamiento de las partículas más pequeñas de la materia y la luz. Particularmente tenía en cuenta el entrelazamiento, la idea de que los pares de partículas subatómicas pueden conectarse de forma invisible de una manera que trasciende el tiempo y el espacio. El eminente físico dudó de que fuera posible.

Sin embargo, experimentos de los investigadores del NIST demostraron que el fenómeno existe. Para eso, los científicos crearon fotones y los enviaron a dos lugares diferentes. Luego midieron los fotones y los resultados revelaron que esas partículas ligeras no solo se correlacionaban, sino que también eliminaban todas las demás opciones, para dejar claro que estas correlaciones no pueden ser causadas en el universo “realista” localmente controlado en el que Einstein pensaba que vivíamos.

“No se puede probar la mecánica cuántica, pero el realismo local, o acción local oculto, es incompatible con nuestro experimento. Nuestros resultados están de acuerdo con lo que la mecánica cuántica predice acerca de las acciones espeluznantes compartidas por partículas entrelazadas”, explica uno de los investigadores del NIST, Krister Shalm, en el artículo sobre el experimento.

Fuente: RT SEPA MÁS

Físicos de la Universidad de Washington y de la Universidad de Stony Brook de Nueva York, creen que el fenómeno del entrelazamiento cuántico o como Albert Einstein solía llamarle “acción fantasmal a distancia”, podría estar intrínsecamente asociado a los agujeros de gusano.

Los agujeros de gusano o como formalmente se les conoce “puentes Einstein-Rosen”, son una predicción de la teoría de la relatividad, vienen a ser una especie de pliegue espacio-temporal que en muchas novelas de ciencia ficción son usados para recorrer grandes distancias más rápido que si se viajara a la velocidad de la luz.

La acción fantasmal a distancia o entrelazamiento cuántico, ocurre cuando un par o grupo de partículas se entrelazan de tal forma que el comportamiento de una, determina el comportamiento de la otra, por ejemplo, si en un par de partículas entrelazadas una cambia, lo otra también lo hace de forma simultánea y sin importar que la distancia a la que se encuentren sea de unos pocos metros ¡o de varias galaxias!.

La ciencia ha demostrado que el entrelazamiento cuántico es real, y actualmente se estudia para el desarrollo de computadoras cuánticas y en la elaboración de una especie de encriptamiento cuántico que permitiría una seguridad prácticamente inviolable en las transferencias de datos.

Recientemente, los físicos teóricos Juan Martín Maldacena del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton y Leonard Susskind de la Universidad de Stanford, sostenían que los agujeros negros estaban relacionados con el fenómeno de entrelazamiento. Específicamente, que los agujeros de gusano están formados por un par de agujeros negros entrelazados, pero no sólo eso, sino que el fenómeno de entrelazamiento en general está relacionado con los agujeros de gusano, por lo que las partículas entrelazadas, como podrían ser dos electrones, posiblemente estén conectados por agujeros de gusano extremadamente pequeños.

Los agujeros negros se forman cuando una estrella de gran masa, llega al final de sus días convirtiéndose en una gigante roja que colapsa sobre si misma debido a la gran cantidad de fuerza gravitatoria que posee, creando una masa concentrada en un pequeño volumen, una enana blanca, si el proceso de auto-atracción gravitatoria continúa, la enana blanca termina convirtiéndose en un agujero negro, cuyo tamaño puede variar desde el  de un átomo hasta varias veces la masa del Sol. Se llaman agujeros negros porque el campo gravitatorio que poseen es tan descomunal que ni la luz puede escapar a el.

El entrelazamiento de los agujeros negros puede ocurrir de varias formas, por ejemplo, al formarse simultáneamente dos agujeros negros, éstos resultarían automáticamente entrelazados. Otra forma sería que la radiación emitida por un agujero negro sea capturada y luego colapsada en el interior de otro agujero negro, lo que daría como resultado que el agujero negro que capturó esa energía quedara entrelazado con el que suplió la energía.

El trabajo de investigación realizado por Andreas Karch profesor de física de la Universidad de Washington y Kristian Jensen de la Universidad de Stanford, y que fue publicado en la revista Physical Review Letters en el mes de noviembre, resulta interesante porque aporta una herramienta que los científicos podrán usar para desarrollar el anhelado deseo de la física de encontrar una teoría unificadora, es decir que explique todo lo que sucede en el universo, ya que actualmente para ello contamos con dos teorías incompatibles entre sí, la mecánica cuántica que sirve para explicar lo que sucede a escalas ultra diminutas y la teoría de la relatividad, que funciona únicamente para comprender los fenómenos que ocurren a mayor escala.

Fuente: Criptogramas

Después de la singularidad, ¿qué? 7 futuros hipotéticos entre la humanidad y la inteligencia artificial

¿LA CIVILIZACIÓN HUMANA TIENE FUTURO ANTE UNA ENTIDAD QUE FÁCILMENTE PODRÍA SOBREPASARNOS INTELECTUAL Y TECNOLÓGICAMENTE? ¿NUESTRA ESPECIE SERÁ VÍCTIMA DE SU PROPIA INVENCIÓN?

Ray Kurzweil El Futuro y la Singularidad Tecnológica

El ser humano es una especie sorprendente por la capacidad de ir más allá de sus propios recursos. Ese fue el recurso que aseguró la supervivencia del género y aun ahora nos mantiene en este planeta. El desarrollo intelectual de nuestra especie permitió que comprendiésemos los procesos del mundo para, poco a poco, utilizarlos a nuestro favor. En cierta forma eso es la tecnología: la manipulación del medio para asegurar nuestra supervivencia.

Esa, sin embargo, es una definición elemental. Con el tiempo nuestra tecnología llegó a un punto en el que parece encaminada a desprenderse del ser humano, a existir autónomamente e incluso continuar su existencia por medio de mejoras que puede implementar por sí misma.Grosso modo, esas son las cualidades de la inteligencia artificial, la cual podría alcanzar un grado de perfeccionamiento que en el dominio especializado se conoce como singularidad.

Recientemente, George Dvorsky elaboró en el sitio io9 una lista con escenarios hipotéticos, aunque inesperados, que podrían ocurrir una vez que la tecnología cobre conciencia de sí misma y tome decisiones al margen de los intereses de nuestra especie.

Después de todo, si la inteligencia artificial está hecha a nuestra imagen y semejanza, no sería extraño que hiciera lo que nosotros ya hacemos con otros seres vivos de este planeta.

¿Una humanidad interconectada por el placer?

Supongamos que un dispositivo de Superinteligencia Artificial que se mejora a sí mismo (SAI, por sus siglas en inglés) llega a la conclusión de que el propósito último de la existencia es el placer. De entrada no sería un razonamiento extraño, pues ya el ser humano en algún momento de su historia pensó algo parecido (el caso más célebre es el del filósofo griego Epicuro). Supongamos entonces que dicho dispositivo concluye no sólo que ese es el propósito de su existencia, sino también de la humanidad. En un escenario de tecnología extrema en el que pudiéramos recibir estimulación transcraneal, ¿podría una entidad robótica mantener conectada a toda la población en una fantasía de placer artificial continuo?

La huida

Otra conclusión factible: después de analizar posibilidades y escenarios hipotéticos, la entidad dotada con SAI concluye que la mejor alternativa es abandonar al ser humano y este planeta: “Hasta luego, y gracias por el pescado”.

La distopía del control único

Una entidad superinteligente, construida en el marco de los límites del razonamiento humano, podría llegar a la conclusión de que para cumplir con su razón de ser antes tiene que asegurar su supervivencia. ¿De qué manera? Eliminando cualquier situación o entidad que le represente una amenaza, lo cual implicaría vigilar, controlar y, en fin, convertirse en el punto focal de un régimen totalitario en donde todo sucedería bajo su mirada.

El hombre vs las máquinas y la regresión civilizatoria resultante

En varias fantasías de ciencia ficción la convivencia entre el hombre y la inteligencia artificial pronto deviene dependencia y, a partir de ahí, sometimiento: al ceder tantos aspectos de su vida y sus acciones cotidianas, la humanidad termina esclavizada por su propia invención. ¿Y no es este el antecedente de la rebeldía que, por otro lado, también ha caracterizado a nuestra especie? El resultado sin embargo sería que, si la humanidad resultara triunfante en esta lucha, tal vez tendría que comenzar a reconstruir su historia desde una etapa parcialmente primitiva.

Encuentros cercanos

Si la humanidad fuera capaz de desarrollar una entidad de Superinteligencia Artificial, es posible que ello implicaría también la consecución de la tecnología necesaria para entrar en contacto con civilizaciones extraterrestres. Quizá la singularidad es el punto indicado para demostrar el avance de nuestra especie, el logro necesario para que otras civilizaciones presten atención a lo que sucede en la Tierra.

Si es el caso, ¿esas civilizaciones permitirían que continuásemos con nuestro propio desarrollo?

¿Despertar del sueño?

 

La posibilidad de que vivamos en una simulación hecha por computadora podría tener en la singularidad su punto ciego. Tal vez esto que vivimos es la fantasía virtual de una civilización humana mucho más avanzada de lo que somos capaces de imaginar; quizá somos parte de un experimento que busca conocer el efecto de múltiples variables. Si este fuera el caso, tal vez conseguir la singularidad en IA equivaldría a alcanzar el límite de un sistema después del cual no habría nada.

El hack último

¿Una SAI podría descifrar los misterios del cosmos? ¿Podría encontrar la manera de detener la entropía? ¿Podría generar una especie de universo artificial alterno conectado con el que conocemos por medio de un agujero de gusano? Si su propósito es asegurar su supervivencia, ¿no llegaría hasta lo último para conseguirlo?

Fuente: pijamasurf

EL INTERNET DE LAS COSAS

El Internet de las Cosas se implantará en todos los hogares

El Internet de las Cosas crecerá de manera exponencial una vez empiece a expandirse definitivamente, especialmente en las casas. Así lo creen expertos de Telefónica y Google, entre otras empresas e instituciones académicas, reunidos por el Instituto de la Ingeniería de España, que señalan también que se ha convertido en la tecnología más esperada, por encima del ‘big data’.

Una jornada sobre el Internet de las Cosas, celebrada en el Instituto de la Ingeniería de España, en Madrid, permitió la semana pasada conocer las últimas novedades de un fenómeno ya bastante utilizado en la industria, y no tanto en los hogares.

Francisco Jariego, director de Internet de las Cosas Industrial de Telefónica I+D, señaló, según refleja la web del Instituto, que en la industria no cree que vaya a haber “mucha discontinuidad” en la introducción de esta tecnología, que conecta a los objetos unos con otros y con la red. “Es una tendencia natural”.

Según Google Trends, apuntó, el Internet de las Cosas (IdC) llegó a su tope en el ciclo de Gartner, es decir, al máximo de expectación, el año pasado, sustituyendo al big data como la tecnología de la que más habla la gente en la propia Internet.

“Dentro de dos años estaremos hablando de por qué no ha dado los resultados que todos esperábamos”, aunque luego se producirá su implantación efectiva y generalizada.

“Google ha comprado la empresa de termostatos Nest por una importante suma, Apple ha lanzado su Apple Watch… Todo el mundo está convencido de que va a llegar a todas partes, y no hay nada que crezca tanto que no produzca una transformación en los mercados”.

Jariego contó tres colaboraciones de su departamento: Una, con la Fundación Santa María la Real para la conservación del patrimonio, de Aguilar de Campoo (Palencia), que considera que es más barato prevenir el deterioro de los edificios, como las catedrales, que “curar”. Por ello, han instalado sensores que monitorizan la temperatura y la humedad de las obras de arte, y si las grietas están creciendo.

El segundo proyecto es de agricultura “de precisión”, con Ig4, una empresa onubense. “Si sabes la alimentación de una planta, puedes predecir mucho mejor su desarrollo, si debes regar algo más, etc.”

Y, por último, el ejemplo preferido de Jariego, desarrollado junto a la FIEB, Fundación para la Investigación en Etología y Biodiversidad. Han comprado una finca, que era un antiguo criadero de toros, en la que pretenden conservar animales abandonados, o incautados a traficantes ilegales, como animales exóticos. La idea es ofrecer las poblaciones a investigadores, que se suscribirían al servicio de cámaras del lugar, para hacer seguimiento de los animales. Dichos investigadores financiarían el proyecto.

En resumen: “un proyecto para el mundo mineral, otro para el vegetal y otro para el animal. El IdC puede llegar a todas partes”. Según General Electric, su aportación a la economía mundial va a ser del orden del PIB de EE.UU., añadió. “Casi todas las grandes empresas estamos apostando por ello. Intel y Qualcomm, las que más en el sector tecnológico, y los fondos de capital riesgo. También los gobiernos están entendiendo el potencial del IdC, y Obama quiere traer a EE.UU. la fabricación de los productos conectados”.

Expansión 

Para la expansión del IdC confluyen “dos cosas muy relevantes: el hardware cada vez es más barato (sensores que van metidos en los smartphones, por ejemplo), como predice la ley de Moore; crecimiento de los países del Este y la crisis han provocado que la convergencia de la mano de obra se acelere (es tan barata en México como en China); y la computación en la nube”.

Jariego resalta que el IdC tiene que ver con “cosas, que son físicas, que están en local. Una farola inteligente no la puedes subir a la nube. Es una gran oportunidad para regenerar empresas locales”.

Hacer un producto conectado es fácil, señaló, pero es más complicado dependiendo de lo que se quiera hacer, si se quiere instalar un microprocesador, por ejemplo. Además, supondrá que proveedores importantes, “como Intel o Google”, tendrán una capacidad de negociación “importante”.

Otro aspecto importante es que, al estar conectados, los dispositivos permitirán obtener información sobre el usuario, “por lo que podrán alquilarse en lugar de venderse. Los termostatos de Google, por ejemplo, sabrán el consumo en cualquier sitio, la demanda energética”. También citó la MagicBand de Disney, una pulsera que permite recorrer los parques de atracciones de la misma pagando de manera automática, a través de ella, evitando las colas. “Y un parque de atracciones no es tan distinto de una ciudad”.

El botón Click&Pizza -creado por Telefónica y Telepizza-, que se adhiere a la nevera, permite pedir una pizza simplemente pulsándolo. “Facilita la compra compulsiva, pero realmente es muy cómodo para el usuario”.

Jariego explicó que el smartphone “nos ha dado un montón de cosas, pero también somos sus esclavos. Mirarlo es lo primero que hacemos al levantarnos. Hablar con un hijo adolescente es imposible, salvo que le envíes un mensaje”. Y la situación puede ir a más, añadió.

En el futuro, podrá haber “puertas que se abran con la voz de la persona correcta, taxis que se llaman dando un taconazo con los zapatos… a lo mejor, como en El Gatopardo, hay que cambiarlo todo para que todo siga igual, y volvamos al mundo físico”.

Domótica 

De la domótica, y el IdC en los hogares, se ocupó Alberto Brunete, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, experto en robótica y automática.

“La nevera que te avisa de cuándo hay comida estropeada parece útil. La cafetera configurable a través de la tableta, con la leche que quieres, habría que verlo. A lo mejor no hay que conectar todos los dispositivos”, comenzó.

La Roomba, el robot limpiador, es uno de los avances de los últimos años en la “SmartHome”. Con todo, el sector del confort “no acaba de despegar, porque es caro y a la gente no le compensa. En cambio, el ahorro energético, la seguridad y la salud parecen motivos por los que vale la pena invertir, y es lo que está creciendo”.

Lo que quiere la gente es la “inteligencia ambiental”, es decir, que los dispositivos se autoconfiguren, que no haya que estar pendientes; que se encienda la calefacción sola, por ejemplo. “No es pijerío, es que la subida automática de la persiana nos permite ahorrar energía”.

Ahora no hay “prácticamente ningún dispositivo conectado”, por lo que cuando crezca, “hasta 10 o 15 por casa”, lo hará exponencialmente. Las predicciones de compañías como Intel así lo auguran para 2020, “aunque no todas las predicciones son correctas. En 2015, decían algunas, íbamos a tener la mitad de luces y termostatos conectados.” Pero algunas sí se cumplen, como el aumento de TV conectada a internet en mayores de 55 años. “Empiezan por Internet, y luego vendrán las Cosas”.

El presidente de Samsung, por ejemplo, pretende que en 2017 el 90% de sus dispositivos estén conectados a la red, incluida “la aspiradora o el purificador de aire. No sé si es interesante, aunque sí veo así que lo esté la Roomba, por ejemplo, para programarla y controlarla”.

Uno de los riesgos es la basura provocada por los posibles cambios constantes de tecnología, por lo que es precisa la “interoperabilidad, que la tecnología sea compatible entre fabricantes y no haya que tirarlo todo”. Las baterías deberán “duran un año o dos, para no tener que tocarlas constantemente, algo que será posible porque la mayoría de los dispositivos se encienden para comunicarse y luego se apagan, y algunos hasta generan su propia energía”.

Habrá que tener cuidado con la seguridad, pues al ser redes inalámbricas, traspasan los límiteddel hogar; y con la privacidad, “algo que siempre depende de como se use, como con las redes sociales”.

Por ahora cada empresa utiliza su propio sistema, “por lo que es imposible que esto despunte”, aunque algunas los usan abiertos, universales. En cuanto a los protocolos, citó los más usados, entre ellos el 6LoWPAN, que “envía mensajes más cortos”, o el Bluetooth. El desarrollo “dependerá de lo que quieran los grandes, como Google o Apple”.

Por último, terminó, habrá que ver quién paga el cambio: “Los proveedores, los usuarios, los que hacen las Cosas, el Gobierno… Creo que serán los usuarios”, respondió.

Industria 

Javier Cortés, responsable de Digital Smart de Accenture, es decir, la división de IdC, se centró en el apartado industrial, en cómo aprovecharlo para conseguir una producción eficiente.

“El objetivo es pasar de producto a servicio, generar servicios nuevos”. Por ejemplo, la empresa de maquinaria Caterpillar ha añadido sensores a sus productos, de manera que sabe qué les está pasando, y muchos los alquilan, con un mantenimiento asociado “y predictivo”. “Se puede ser mucho más concreto, mucho más selectivo, tener un mayor número de clientes con menor coste”.

En las minas de cielo abierto, por otra parte, los sensores se aplican para evitar parones, igual que en las fábricas. “Que una parte no tenga que esperar a otra”. Se puede prever que una pieza se va a estropear, sondear si la pieza está en el almacén, y si no está, pedirla por adelantado, ahorrando “un 30-35%” de tiempo.

Y por último, Isaac Hernández, Country Manager de Google for Work (soluciones empresariales para trabajar conectados), dio un repaso a los productos que está desarrollando Google en el IdC. Comenzó señalando que un teléfono móvil cuenta con “hasta 18 sensores distintos”. lo que habla de las inmensas posibilidades de esta tecnología.

El reto para Google es adelantarse, “ser proactivos”. Es lo que hace Google Now, que es “una especie de asistente, que sabe si estás en casa o en el trabajo, y te indica cuál es el próximo tren que puedes coger. Si sabe que vas a viajar, te da información, el pronóstico del tiempo, sitios para visitar. Si es otra moneda, una calculadora de divisas. Si es otro idioma, un traductor. Según los artículos que lees, te recomienda según tus gustos”.

Mostró también las últimas Google Glass, que no tienen cristales como tales (sólo una pequeña pantalla). Tiene cámara, reconocimiento de voz, batería, pero está “lejos” de lo que se conseguirá. “Se sigue avanzando y simplificando”. Ahora hay una “explosión” de wearables: una pulsera que mide la radiación del sol, etc. “No es sólo el sitio donde lo lleves puesto, sino lo que estás haciendo, si estás corriendo, etc. De eso dependerá quéwearables lleves”.

Otro ejemplo son cepillos de dientes conectados por Bluetooth, que permiten detectar “si tus hijos se los lavan bien”, o una persona con Alzhéimer, como añadió luego Brunete.

En cuanto a los termostatos Nest, “parecía que tendrían poca evolución, y lo que hacen es aprender de cuando estamos en casa o no, produciendo ahorros muy interesantes”. También mostró un i[wearables] para embarazadas, y un sensor para bebés. “Todos están en su primera fase. Se puede optar por ridiculizarlos, porque las experiencias no son redondas, o proyectar cómo serán cuando evolucionen. Nuestro modelo es crear y probar, y cambiar rápido si no funcionan. Algunas no saldrán, pero otras sí.”

Hernández reconoció que en el entorno de consumo no se ha encontrado una aplicación “killer”, determinante, como sí en el profesional. Las Google Glass, por ejemplo, permiten transmitir una operación quirúrgica en tiempo real.

En cuanto al coche autónomo, “que no es un wearable, pero es un tema apasionante”, contó que le han quitado el volante al prototipo de Google, que ahora solo tiene un botón. “Ha hecho dos millones de kilómetros, con 11 accidentes, ninguno culpa del coche, y todos leves”. El coche es un ejemplo de que con los nuevos modelos de negocio “un montón de industrias van a sufrir un trastorno profundo, disruption”.

Otro objetivo de Google es que “cada dispositivo pueda proporcionar una URL a cada persona que se acerca. Una maleta sobre su dueño, un párking sobre la empresa, etc.”

Todo ello hace sentir a Hernández “uncomfortably excited”, es decir, ilusionado pero incómodo, por el tremendo impacto profesional y personal de estos proyectos.

Coloquio 

En el coloquio se habló de los problemas de privacidad. Hernández reconoció que hay que encontrar “fórmulas para que la gente tenga autoridad sobre compartir o no la información, y que entienda cómo funciona el tema”. Gutiérrez Bueno, citando al experto Chema Alonso, señaló, con otras palabras, que es un problema en el que es mejor darse por fastidiado.

Jariego, por su parte, cree que “si algo nos resulta cómodo, renunciamos a la privacidad. Nadie se lee el contrato de 30 páginas, porque perderías vida. En Europa intentamos ser garantes de la privacidad, en Estados Unidos prima la libertad de expresión, y en China, tienen otro modelo”, en el que no profundizó.

Sobre el gasto de energía de los nuevos dispositivos, Brunete señaló que a cambio favorecen la eficiencia: “Lo comido por lo servido. El uso debe ser sostenible”. Cortés añadió que ayudan a promover las energías renovables.

Y sobre la seguridad en los hogares, Brunete señaló que las medidas se van tomando “cuando salen los problemas”.

Un asistente preguntó si esta tecnología podrá fabricarse en España. Jariego cree que hay una oportunidad, y que hay empresas pequeñas haciendo cosas. “Es un problema de escala, si hay que hacer cientos de miles de unidades, se fabrican en China. Es cuestión de creérnoslo, no pensar que lo van a hacer otros”. Brunete citó el caso de BQ, que está desarrollando una planta para desarrollar memorias USB, por ejemplo.

Sobre los modelos de negocio, Hernández cree que crecerá el modelo de producto-servicio, con oportunidades locales, a nivel nacional, según la cultura.

Jariego no cree que las nuevas tecnologías nos dejen sin trabajo, “igual que ha ido pasando con sucesivos avances. Llegaremos a una forma de vivir con ella. Al final tendrá éxito en la medida en que de poder a las personas”.

Un asistente preguntó si los servicios que se ofrezcan gratis con los productos conectados, “como una cafetera conectada a Internet en la cual el fabricante sepa si usas sus cápsulas”, harán que el producto “sea el cliente”. Brunete respondió, a secas, “sí”, y Jariego añadió que “no todo puede pagarse con publicidad, habrá otros modelos de negocio”. Hernández trata de leerlo en positivo: “Cuanto más sepan de mi, si me ofrecen cosas relevantes, tiene valor. Los sistemas de monetización irán apareciendo”. Según Cortés, “se está buscando más confortabilidad para el usuario”.

Brunete completó su respuesta explicando que “nada es gratis en este mundo. Los productos de Google los pagamos de otra forma, dando información, igual que Google”.

Sobre si el IdC se ha disparado en los últimos tiempos, el profesor de la UPM preguntó al público cuántos tenían domótica en casa, y cuatro manos se levantaron: “No ha cambiado nada, salvo el móvil. La domótica lleva 15 años vendiéndose, pero está todo por venir. Tienen que bajar los chips, no puedes pagar 100 euros por dispositivo”. Jariego cree que el problema no es de coste, sino que “no está claro para qué” sirve tener dispositivos conectados.

Por su parte, Cortés añadió que lo que está cambiando es que se están conectando cosas “que antes eran imposibles de conectar”.

La sesión forma parte de un ciclo de 10 jornadas sobre sendas tecnologías que, según la UE, pueden cambiar nuestras vidas: los drones, la impresión en 3D y el grafeno, entre otras.

Fuente: Tendencias21

LOS TRABAJOS DEL FUTURO

LOS TRABAJOS DEL FUTURO

¿Cuáles serán los empleos tecnológicos del futuro?

El avance de la ciencia y la tecnología global demandan nuevas especializaciones para lograr mantener el ritmo de crecimiento. ¿Estás preparado para ser un experto en el futuro?

¿Qué nos depara el futuro? Suele ser una pregunta común que nos hacemos al pensar en nuestro bienestar personal en los años que vendrán. Pero si ampliamos ese foco y en lugar de pensar en nuestro pequeño paso por este mundo miramos más allá, podremos tener una perspectiva un poco mayor de lo que podría llegar a presentarle el futuro profesional a nuestros hijos, nietos y bisnietos.

La tecnología domina gran parte de los avances de la humanidad, y proporciona las herramientas necesarias para que esa evolución sea constante y sólida, pero sin la mano de obra especializada, todo esto podría quedar paralizado. Es verdad que la infinita curiosidad del ser humano nos ha permitido evolucionar a través del tiempo basados en el infalible método “prueba-error”, pero en cierto punto, sin un ingeniero, científico, matemático, o programador, algunas cosas encontrarían su techo en poco tiempo.

Para tomar un punto de referencia histórico similar al actual, podemos decir que la Revolución Industrial, fecha de inicio de la producción en masa, hito que vino de la mano de la máquina de vapor como bandera, fue el comienzo de un proceso de desarrollo tecnológico en el que por primera vez la sociedad estaba involucrada y veía que su alcance y poderío era mayor que antes.

Este hito movilizó las industrias, los medios de transporte y obviamente el consumo, como nunca antes se había visto. La humanidad ya formaba parte del proceso de evolución tecnológica que había comenzado.

Pero esto también requirió de una gran masa de personas capacitadas para avanzar en los logros siguientes, lo que generó el perfeccionamiento de ingenieros, acereros, matriceros, agrimensores, químicos, entre tantos otros.

Así como en la Edad Media un herrero prestigioso podía tener status imperial, en los siglos siguientes, médicos, pensadores, ingenieros y matemáticos fueron ocupando esos estratos sociales de prestigio, que eran considerados como los visionarios del futuro.

En la actualidad existen muchas profesiones que han desaparecido, justamente por la evolución de algunos sectores de la industria y la tecnología. Un matricero fue reemplazado por un software de CAD y una impresora de prototipado rápido, un pintor o un chapista por un robot que pinta y endereza metales. Hasta algunas profesiones relacionadas con la salud comienzan a ver droides enfermeros o cuidadores de ancianos en los mismos pasillos donde circulan a diario.

¿Qué perspectiva podemos tomar para ver la evolución de estas profesiones y comprender lo que podría necesitarse en el futuro?

La ingeniería siempre ha sido la punta de lanza de la evolución humana. Desde una microscópica lente para entrar en un cuerpo humano hasta un puente de kilómetros de largo, esta profesión ha sido necesaria para el desarrollo. En el futuro quizás sean necesarios más ingenieros eólicos, solares y espaciales, si tenemos en cuenta la necesidad de producir energía renovable y no contaminante, así como también sostener nuestro lugar en el espacio exterior, quizás en poco tiempo en forma permanente.

Una estación espacial permanente o una fija en algún planeta podría requerir de agricultores espaciales, personas capacitadas para generar alimentos y mantener a una población estable.

La cantidad de robots tanto en la Tierra como en el espacio requerirá de miles de expertos reparadores de tiempo completo para evitar que en poco tiempo, estos droides comiencen a acumularse y convertirse en chatarra como ocurre hoy con la tecnología doméstica.

¿Buscas empleo?

Tu futuro empleo, el de tus hijos o el de tus nietos podría estar entre estos probables segmentos más desarrollados en el futuro:

Medicina: La manipulación genética, la biomedicina y la epidemiología entre otros campos de los que se esperan grandes avances en los próximos años, serán terreno propicio para nanomédicos, encargados de implantar minúsculas prótesis y robots. El crecimiento y velocidad de propagación de los virus también requerirá de expertos en cuarentenas, con habilidades para contener focos de infección y evitar su alcance. En un futuro que casi pisamos, fabricantes de partes del cuerpo tendrán la tarea de fabricar prótesis, tejidos e incluso órganos. La salud mental generará cada vez más demanda de profesionales para controlar adicciones, estrés, problemas de aprendizaje y fobias, entre otros tantos desequilibrios provocados por el vértigo al que estamos sometidos en una sociedad moderna basada en el consumo.

Ingeniería: La exigencia del cuidado ambiental a las industrias y el ritmo de consumo exigirán un nuevo nivel de ingenieros, especializados en centros de reciclaje, fuentes de energía renovables, tratamiento de efluentes y . El crecimiento de los vehículos alternativos también necesitará de expertos para reparar autos eléctricos, aviones no tripulados o incluso, maquinaria pesada robotizada.

Informática: Muchas de las profesiones que existen en la actualidad tendrán su espacio y demanda en el futuro cercano. Desarrolladores, expertos en seguridad informática, robótica, manejo de contenidos, redes sociales y cualquier tipo de interfaz dentro de la World Wide Web (si existe como la conocemos hoy en día) o del futuro mercado televisivo interactivo y por demanda, serán los principales empleos en una era donde la información domina el consumo global.

Consumo y alimentación: El crecimiento poblacional y los cada vez menos espacios disponibles para la agricultura impulsarán la agricultura hidropónica como alternativa, tanto a nivel calidad (no requiere de pesticidas) como de espacio utilizable (un metro cuadrado de suelo puede contener 100 plantas de frutilla). La ingeniería genética también tendrá un rol destacado en el futuro, con el objetivo de obtener más alimentos con mejores prestaciones y tolerancia a los cada vez más extremos climas terrestres.

Sociedad: Hace varios años que Bill Gates fomenta la educación democrática. Incluso se encarga de financiar proyectos para llevar conocimientos de grandes universidades a todos los confines del mundo. Pero según declaró hace pocas semanas  mientras participaba de una conferencia en Davos, Suiza, “un profesor de Stanford delante de 160 mil alumnos online es alentador pero no suficiente”. Los profesores virtuales o avatares permitirán sustituir la enseñanza presencial por contenidos más dinámicos y al alcance de toda la población, para crear más y mejores oportunidades de desarrollo intelectual. También serán necesarios especialistas en el incómodo cambio climático que está sufriendo nuestro planeta, para evitar tener que abandonar zonas de los continentes por los climas extremos que han provocado las mega industrias. A un nivel menor, pilotos, arquitectos y guías de turismo espaciales podrán ofrecer una mejor experiencia de viaje cuando los vuelos fuera de la atmósfera sean tan comunes (y accesibles) como pasar 10 días en una playa del caribe. Abogados virtuales que resuelvan los millones de conflictos por daño moral, privacidad y propiedad intelectual en internet, organizadores virtuales de bibliotecas y documentación de empresas y traductores de idiomas en un mundo cada vez más globalizado, también podrían ser excelentes oportunidades de empleos para nuestros descendientes.

Se estima que para el año 2030 la población mundial ascenderá a 8.300 millones de individuos, la demanda de alimentos crecerá un 50%, la de agua un 30%, y quizás naciones como China e India sean consolidadas y reconocidas como grandes líderes mundiales, y motores de la industria, siempre y cuando Beijing y Nueva Delhi tengan la suficiente cantidad de expertos en cambios climáticos como para evitar convertirse en ciudades fantasmas en las próximas décadas.

Fuente: FayerWayer