Después de la singularidad, ¿qué? 7 futuros hipotéticos entre la humanidad y la inteligencia artificial

¿LA CIVILIZACIÓN HUMANA TIENE FUTURO ANTE UNA ENTIDAD QUE FÁCILMENTE PODRÍA SOBREPASARNOS INTELECTUAL Y TECNOLÓGICAMENTE? ¿NUESTRA ESPECIE SERÁ VÍCTIMA DE SU PROPIA INVENCIÓN?

Ray Kurzweil El Futuro y la Singularidad Tecnológica

El ser humano es una especie sorprendente por la capacidad de ir más allá de sus propios recursos. Ese fue el recurso que aseguró la supervivencia del género y aun ahora nos mantiene en este planeta. El desarrollo intelectual de nuestra especie permitió que comprendiésemos los procesos del mundo para, poco a poco, utilizarlos a nuestro favor. En cierta forma eso es la tecnología: la manipulación del medio para asegurar nuestra supervivencia.

Esa, sin embargo, es una definición elemental. Con el tiempo nuestra tecnología llegó a un punto en el que parece encaminada a desprenderse del ser humano, a existir autónomamente e incluso continuar su existencia por medio de mejoras que puede implementar por sí misma.Grosso modo, esas son las cualidades de la inteligencia artificial, la cual podría alcanzar un grado de perfeccionamiento que en el dominio especializado se conoce como singularidad.

Recientemente, George Dvorsky elaboró en el sitio io9 una lista con escenarios hipotéticos, aunque inesperados, que podrían ocurrir una vez que la tecnología cobre conciencia de sí misma y tome decisiones al margen de los intereses de nuestra especie.

Después de todo, si la inteligencia artificial está hecha a nuestra imagen y semejanza, no sería extraño que hiciera lo que nosotros ya hacemos con otros seres vivos de este planeta.

¿Una humanidad interconectada por el placer?

Supongamos que un dispositivo de Superinteligencia Artificial que se mejora a sí mismo (SAI, por sus siglas en inglés) llega a la conclusión de que el propósito último de la existencia es el placer. De entrada no sería un razonamiento extraño, pues ya el ser humano en algún momento de su historia pensó algo parecido (el caso más célebre es el del filósofo griego Epicuro). Supongamos entonces que dicho dispositivo concluye no sólo que ese es el propósito de su existencia, sino también de la humanidad. En un escenario de tecnología extrema en el que pudiéramos recibir estimulación transcraneal, ¿podría una entidad robótica mantener conectada a toda la población en una fantasía de placer artificial continuo?

La huida

Otra conclusión factible: después de analizar posibilidades y escenarios hipotéticos, la entidad dotada con SAI concluye que la mejor alternativa es abandonar al ser humano y este planeta: “Hasta luego, y gracias por el pescado”.

La distopía del control único

Una entidad superinteligente, construida en el marco de los límites del razonamiento humano, podría llegar a la conclusión de que para cumplir con su razón de ser antes tiene que asegurar su supervivencia. ¿De qué manera? Eliminando cualquier situación o entidad que le represente una amenaza, lo cual implicaría vigilar, controlar y, en fin, convertirse en el punto focal de un régimen totalitario en donde todo sucedería bajo su mirada.

El hombre vs las máquinas y la regresión civilizatoria resultante

En varias fantasías de ciencia ficción la convivencia entre el hombre y la inteligencia artificial pronto deviene dependencia y, a partir de ahí, sometimiento: al ceder tantos aspectos de su vida y sus acciones cotidianas, la humanidad termina esclavizada por su propia invención. ¿Y no es este el antecedente de la rebeldía que, por otro lado, también ha caracterizado a nuestra especie? El resultado sin embargo sería que, si la humanidad resultara triunfante en esta lucha, tal vez tendría que comenzar a reconstruir su historia desde una etapa parcialmente primitiva.

Encuentros cercanos

Si la humanidad fuera capaz de desarrollar una entidad de Superinteligencia Artificial, es posible que ello implicaría también la consecución de la tecnología necesaria para entrar en contacto con civilizaciones extraterrestres. Quizá la singularidad es el punto indicado para demostrar el avance de nuestra especie, el logro necesario para que otras civilizaciones presten atención a lo que sucede en la Tierra.

Si es el caso, ¿esas civilizaciones permitirían que continuásemos con nuestro propio desarrollo?

¿Despertar del sueño?

 

La posibilidad de que vivamos en una simulación hecha por computadora podría tener en la singularidad su punto ciego. Tal vez esto que vivimos es la fantasía virtual de una civilización humana mucho más avanzada de lo que somos capaces de imaginar; quizá somos parte de un experimento que busca conocer el efecto de múltiples variables. Si este fuera el caso, tal vez conseguir la singularidad en IA equivaldría a alcanzar el límite de un sistema después del cual no habría nada.

El hack último

¿Una SAI podría descifrar los misterios del cosmos? ¿Podría encontrar la manera de detener la entropía? ¿Podría generar una especie de universo artificial alterno conectado con el que conocemos por medio de un agujero de gusano? Si su propósito es asegurar su supervivencia, ¿no llegaría hasta lo último para conseguirlo?

Fuente: pijamasurf

La Biología de La Creencia versus Epigenética

La Biología de La Creencia Dr. Bruce Lipton

Epigenética, la esencia del cambio

Verónica Guerrero Mothelet

En la frontera del conocimiento, esta joven disciplina estudia los procesos bioquímicos que regulan la actividad de los genes y que responden a la influencia del ambiente.

Desde el descubrimiento de la estructura del ácido desoxirribonucleico, o ADN, comenzó una persistente controversia: ¿qué determina la salud y longevidad de un individuo?, ¿los genes con los que nace o el entorno en el que se desarrolla? Para enriquecer la discusión, en años recientes se han presentado pruebas de que el entorno puede influir en ciertos aspectos de la vida de un organismo que antes se consideraban determinados por los genes. Por ejemplo, se ha observado que los gemelos idénticos pueden, con el paso del tiempo, presentar divergencias fisiológicas, así como de salud e incluso psicológicas, pese a tener la misma información genética. Estas diferencias no se deben, pues, a los genes del individuo, que por lo general no cambian, sino a procesos bioquímicos que regulan la actividad de los genes y que responden a la influencia del ambiente. Estos procesos forman una segunda capa de información relacionada con el ADN: la información epigenética.

Expresión genética

Cuando miras a una persona lo que ves son proteínas: la piel, el pelo y las uñas están hechas de moléculas de ese tipo. Hay otras proteínas que, en vez de formar tejidos, controlan las reacciones químicas de las células. Para funcionar, el organismo necesita producir una gran diversidad de proteínas, las cuales se fabrican en el interior de las células.

Las instrucciones para fabricar todas las proteínas que necesita el organismo están escritas en el ADN, molécula complicada que forma un hilo muy largo. El doctor Félix Recillas Targa, investigador del Departamento de Genética Molecular del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, explica: “Dentro de una célula eucariota, como las de los organismos superiores, existe un núcleo, y en su interior está compactado el ADN con la información genética. Si estiramos la molécula de ADN, ésta tendría una longitud de dos a tres metros lineales. La célula eucariota tuvo que evolucionar hasta convertirse en un sistema altamente complejo que compacta la molécula de ADN en el interior del diminuto núcleo celular”.

Pero no basta simplemente con enredarla y meterla en el núcleo. El mecanismo lector de la célula debe tener acceso a los genes. En esencia, un gen es un tramo de ADN que contienen la información necesaria para fabricar una proteína. Para que pueda ser leída por la maquinaria celular, la molécula tiene que compactarse de una manera organizada. También es necesario que exista algún mecanismo que relaje el ADN compactado.

Las hebras de ADN se enrollan alrededor de unas moléculas llamadas histonas, que hacen las veces de carretes. La fibra que resulta de esta primera etapa de compactación se enreda aún más, y así en varios pasos. Debidamente compactado, el conjunto forma unas cuantas madejas separadas que se llaman cromosomas. Al desenredarse para que lo lea la maquinaria celular, el conjunto que forma el ADN, las histonas y otras moléculas que le dan estructura se llama cromatina.

Cuando la célula lee un gen y fabrica la proteína correspondiente decimos que el gen “se expresa”. Tu organismo, su apariencia y su funcionamiento son producto de la expresión de tus genes.

El ADN no lo es todo

Una célula no fabrica todas las proteínas catalogadas en el ADN, sino sólo unas cuantas, que dependen del tejido al que pertenece la célula y de sus necesidades del momento. Así, la célula no produce al mismo tiempo todas las proteínas que le corresponden, por lo que hay mecanismos que “encienden” y “apagan” los genes y regulan su expresión como si fueran un botón de volumen. Decimos que el efecto de estos mecanismos es epigenético(“epi” significa “encima” en griego) porque no está determinado por la información contenida en la secuencia del ADN, sino por las proteínas y otras sustancias químicas que la rodean y que afectan la expresión de los genes. Estos mecanismos responden a distintos factores del ambiente, como la exposición a sustancias químicas, los hábitos alimenticios y, en general, el estilo de vida.

Uno de los mecanismos reguladores más importantes se conoce como metilación del ADN. El metilo es un grupo químico formado por un átomo de carbono y tres de hidrógeno, que tiende a unirse a otras moléculas. El organismo lo extrae de los alimentos. En el núcleo celular, donde se encuentra el ADN, unas enzimas especiales pegan grupos metilo en ciertos puntos de la secuencia genética. Mientras más metilado esté un tramo de ADN, menos probable es que se exprese la información que contiene. La metilación es un mecanismo de defensa de la célula contra la gran cantidad de genes parásitos y defectos que se han acumulado en el ADN a lo largo de la evolución, como si fueran virus informáticos.

El nivel de metilación es muy importante, pues cuando no es el adecuado, puede favorecer el desarrollo de enfermedades, ya sea porque es excesivo y apaga genes que son necesarios, o bien porque es insuficiente y deja activos genes parásitos. Ernesto Soto-Reyes, estudiante e investigador del laboratorio del doctor Recillas, refiere que en la literatura científica la metilación del ADN se considera como el “quinto nucleótido”. Además de las moléculas adenina (A), timina (T), guanina (G) y citosina (C) —llamadas nucleótidos y que forman la secuencia del ADN—, existe la citosina metilada, que contribuye directamente a los fenómenos de regulación de los genes.

Todas las células albergan la misma información genética, pero la función y desarrollo de cada una dependen de los patrones de encendido y apagado de ciertos genes, patrones determinados por la metilación. Esto es más claro en el caso de las células troncales embrionarias, células que son como materia prima que puede convertirse en cualquier tipo de célula, como neurona, leucocito o célula epitelial. Para que una célula troncal se transforme, por ejemplo, en una neurona, deben activarse los genes apropiados y desactivarse todos los que no se requieran. Así, la diferenciación celular está regida por procesos epigenéticos, que producen cambios en la expresión de los genes sin que por ello se modifique la secuencia del ADN.

Cambios con consecuencias

Las histonas que forman la estructura de la cromatina —y que se encargan de enredar y desenredar el ADN— son el blanco de otro mecanismo epigenético que les pega distintos tipos de moléculas para modificar su comportamiento. Cuando se modifican las histonas, el tramo de ADN correspondiente puede relajarse o compactarse, mostrando u ocultando la información.

En los procesos muy tempranos del desarrollo embrionario, cuando todas las células son iguales, los mecanismos epigenéticos son cruciales porque le dicen a cada una en qué se tiene que convertir. Por ejemplo, en las células totipotenciales embrionarias, células indiferenciadas que tienen la capacidad de convertirse en todos los tejidos que componen un nuevo organismo, la cromatina necesita mantenerse abierta durante una etapa, pero debe cerrarse una vez que las células han tomado su ruta de diferenciación.

En el curso de la vida, algunos factores ambientales como la alimentación, las sustancias tóxicas y hasta el estrés también actúan sobre las histonas y, al modificarlas, activan o desactivan genes. Los genes afectados pueden producir más o menos proteínas de lo normal, lo que altera las funciones orgánicas. Este cambio en la producción de proteínas puede transmitirse por herencia de una célula a otra y también puede transmitirse de padres a hijos.

Los cambios epigenéticos pueden tener consecuencias de peso para el organismo. Por ejemplo, en la propensión a contraer ciertas enfermedades con componente hereditaria. “Muchos estudios se concentran en el nivel genético, pero la modulación tiene consecuencias en el cáncer”, señala Félix Recillas. Hoy en día se sabe que 50% o más de los procesos tumorales se originan por defectos a nivel epigenético (errores de metilación que dejan activos genes nocivos o que suprimen genes benéficos) y no forzosamente genético.

Soto-Reyes añade que hay genes conocidos como “supresores de tumores”, como el que contiene la información para fabricar la proteína P53, considerada el guardián del genoma. Esta proteína es la encargada de decidir si la célula debe repararse, si puede sobrevivir con el daño que tiene o debe morir. El cáncer puede surgir cuando un proceso epigenético bloquea los genes de ésta y otras proteínas supresoras de tumores. Al mismo tiempo, se pueden activar otros tramos de ADN, llamados oncogenes. Como resultado, la célula ya no puede ni repararse ni morir, y empieza a crecer y a multiplicarse sin medida. “El cáncer es una enfermedad muy compleja, y a veces se considera más bien un conjunto de enfermedades, que coinciden en que siempre se presenta una elevada división celular, y los fenómenos epigenéticos participan en la modulación de muchos de los genes implicados”, dice Soto-Reyes.

Descifrar el Epigenoma Humano

En agosto de 2008, un grupo de más de 36 investigadores de diversos países publicó en la revista Nature la propuesta de iniciar un importante esfuerzo conjunto para descifrar el epigenoma humano, y exhortó a la comunidad científica a apoyar la Alianza para el Epigenoma Humano contra las Enfermedades (AHEAD, por sus siglas en inglés), con el objetivo de ayudar a resolver los problemas que presentan algunos padecimientos mortales o incurables. Así como el Proyecto del Genoma Humano produjo una secuencia “normal” de referencia para estudiar las enfermedades humanas, el proyecto AHEAD pretende crear mapas epigenómicos de alta resolución, que puedan emplearse como referencia. Esa solicitud contó con el apoyo de la Red de Excelencia del Epigenoma, organismo de la Unión Europea, así como de la Fuerza de Tareas para el Epigenoma Humano, un equipo internacional de investigación fundado por la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer hace cinco años.

Un mes después de que se publicara la propuesta en Nature, el gobierno de Estados Unidos otorgó 190 millones de dólares a un programa preliminar de epigenómica llamado Roadmap Epigenomics Program, a cargo de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).

AHEAD no es el primer proyecto para analizar el epigenoma. En 1999, siete instituciones de Gran Bretaña, Alemania y Francia formaron el Consorcio para el Epigenoma Humano (HEC), cuyo objetivo final es “determinar el perfil de metilación de todos los genes en todos los tejidos”. El proyecto piloto del HEC, financiado por la Unión Europea, concluyó en 2004. La siguiente etapa ya está muy avanzada y permitirá conocer con exactitud cuál es la metilación en cada tipo de célula; de allí podrá deducirse cuáles genes se expresan.

La vida deja huellas

La epigenética está adquiriendo tal relevancia que se investiga desde diversos frentes en muchos países. Un área importante es la de estudios comparativos como los que se hacen con gemelos idénticos. Estos estudios muestran que, pese a tener la misma información genética y ser indistinguibles en apariencia, los gemelos pueden diferir notablemente, en especial en lo que toca a la salud. Una de las investigaciones más conocidas fue llevada a cabo por un grupo español, dirigido por el especialista Manel Esteller, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de Madrid. Estudiando componentes epigenéticos de 40 parejas de gemelos de edades que iban de los tres a los 74 años, los investigadores encontraron que, en promedio, el grado de metilación del ADN variaba significativamente en una tercera parte de los gemelos, incrementándose conforme aumentaba la edad de los individuos. Así, puede ser que con el paso del tiempo uno de los gemelos contraiga diabetes y el otro no, por ejemplo.

Las emociones y vivencias de los sujetos también pueden propiciar cambios epigenéticos. El neurocientífico Eric Nestler, director del Instituto del Cerebro de la Escuela de Medicina Monte Sinaí, en Nueva York, encontró que el estrés social crónico puede alterar la cromatina, modificando la expresión de los genes que regulan dos importantes regiones cerebrales: el núcleo accumbens y el hipocampo. Estos cambios llegan a afectar rasgos fisiológicos y conductuales de los individuos y, además de transmitirse a nivel celular cuando las células se duplican, pueden transmitirse a la descendencia.

En un estudio con ratas, el investigador Ian Weaver, del Hospital Infantil de Toronto, encontró resultados parecidos, pero descubrió asimismo que la modificación epigenética puede revertirse por medio de fármacos. Sus resultados sugieren que la información epigenética es dinámica y que podríamos manipularla, a condición de conocerla mejor.

Otros experimentos sugieren que los cambios epigenéticos favorables se heredan tanto como los negativos. Larry Feig, de la Universidad Tufts, Estados Unidos, llevó a cabo una investigación para buscar efectos generacionales. Feig utilizó ratones modificados genéticamente para padecer trastornos de la memoria y los crió en un ambiente enriquecido, con interacción social, juguetes y aparatos de ejercicio. Como resultado, sus ratones adquirieron una memoria normal. Pero lo más asombroso fue que la siguiente generación heredó la buena memoria pese a padecer el mismo defecto genético y no criarse en el mismo ambiente estimulante que sus padres.

En busca de transformaciones

Un área muy prometedora en el futuro de la epigenética se relaciona con las células troncales. Uno de los retos es programar células pluripotenciales (que pueden convertirse en cualquier tipo de célula) para transformarse en un tipo celular específico, como neuronas dopaminérgicas, que podrían corregir el mal de Parkinson. “Eso sólo se podrá lograr si comprendemos el código epigenético”, dice Félix Recillas. “No es suficiente con conocer el genoma completo; también es importante saber cómo se modula”, añade.

Más novedosa es una línea de investigación relacionada con las células llamadas iPS (induced pluripotent stem cell, “célula troncal de pluripotencialidad inducida”) y que explora la posibilidad de convertir células diferenciadas tomadas de un adulto en células pluripotenciales (indiferenciadas) iguales a las que se extraen los embriones. Las células de pluripotencialidad inducida podrían reprogramarse para convertirse en células del tipo que se desee, por ejemplo, para regenerar tejidos dañados (como el corazón o el cerebro). En opinión del doctor Recillas, esto es posible, pero todavía está muy lejos de conseguirse.

Si bien el aspecto terapéutico de este tipo de reprogramación puede tomar mucho tiempo, el proceso podría permitir probar fármacos en tejidos humanos sin poner en riesgo a nadie. “Podrían hacerse cultivos de células de un paciente, transformarlas en las células requeridas y analizar en ellas el efecto de los medicamentos o vectores virales, que de funcionar podrían servir, por ejemplo, para corregir defectos genéticos”, señala Recillas.

“El desafío es enorme”, dice Félix Recillas, “porque cualquier error podría resultar muy peligroso. Por ello las aplicaciones terapéuticas todavía están restringidas. Sin embargo, desde el punto de vista de la ciencia básica y del análisis de medicamentos, podría ser una de las primeras aplicaciones”.

Algunos grandes laboratorios multinacionales están desarrollando fármacos para modificar la cromatina, es decir, para manipular la información epigenética. Esto sería muy útil en padecimientos como ciertos tipos de leucemias, en los cuales se produce una proteína anormal que desactiva genes que deberían encenderse. En general, descifrar el código epigenético y aprender a manipularlo podría aportarnos terapias epigenéticas e impulsar la medicina epigenética.

Fuente: ¿cómovez?

Un concurso enfrenta a hombre y máquina creando relatos, música y poesía

El jurado valora si el trabajo ha sido generado o no automáticamente y cuál prefiere 

Un equipo del Dartmouth College en Hanover, Estados Unidos, ha organizado una competición para inspirar a los investigadores de inteligencia artificial en un nuevo reto, ser capaces de crear relatos cortos, sonetos o una pieza de música de baile mediante un algoritmo que resulte imperceptible para el público o incluso preferible a lo que hace el hombre. Con ello aspiran a alcanzar una nueva dimensión de la inteligencia artificial, la inteligencia creativa. Los concursos se celebrarán durante el próximo curso académico. Por Patricia Pérez

Las áreas de aplicación de la inteligencia artificial han ido aumentado a medida que avanza la tecnología y su nivel de aceptación en campos tan dispares como la robótica, la medicina, la educación o el entretenimiento. Su incursión facilita ciertas tareas propias del hombre y reduce los costos, aunque todavía queda un escollo, la creatividad.

¿Puede un algoritmo pasar por un escritor, un poeta o un DJ? Una competición en el Dartmouth College en Hanover, Estados Unidos, está a punto de averiguarlo. La universidad está buscando algoritmos de inteligencia artificial capaces de crear relatos cortos, sonetos y piezas de música de baile de “calidad humana”, para enfrentarse a una selección de estas piezas creadas por el hombre.

Según recoge un artículo publicado en Idaho Statesman, ni público ni jueces sabrán cuál es cuál. El objetivo es determinar si se pueden distinguir con facilidad y si, llegado el caso, prefieren la creatividad generada por ordenador.

“Cuando demostramos avances en inteligencia artificial, siempre hay quien cuestiona que un ordenador no pueda pintar una puesta de sol o escribir un hermoso soneto de amor, pero ¿realmente podría?” Esa es la pregunta que se plantea Dan Rockmore, director del Neukom Institute para Informática en Dartmouth, lo que le impulsó para organizar esta competición.

Variante del Test de Turing

A Rockmore, profesor de matemáticas e informática, se le ocurrió la idea de los concursos mientras montaba en bicicleta estática. Cayó en la cuenta de que la música que se escuchaba durante su clase de spinning le ayudaba a pedalear siguiendo el ritmo, y se sorprendió cuando el instructor le dijo que seleccionaba las canciones sin ayuda de programas informáticos.

Esto le hizo plantearse si podría desarrollar un programa que desempeñara tal tarea, pues se trata de un acto creativo, y si un equipo o algoritmo podría crear algo cuyo resultado fuera imperceptible o incluso preferible a lo que hace el hombre. De esta forma, el objetivo final de las competiciones es “inspirar a los investigadores de inteligencia artificial para que asuman ese reto y sean capaces de crear otra dimensión de la IA, la inteligencia creativa”, explica Rockmore.

El resultado de estos planteamientos es una competición con variaciones del Test de Turing, llamado así por el informático británico Alan Turing, quien en 1950 propuso un experimento para determinar si un equipo podía tener inteligencia semejante a la humana. La prueba clásica de Turing consiste en programas informáticos inteligentes capaces de engañar a una persona con la que mantienen una conversación, en torno a la cual se han organizado muchas competiciones en los últimos años.

También se ha dirigido la investigación a crear programas informáticos para generar música o texto. The Associated Press, por ejemplo, comenzó a usar hace un año programas que generan automáticamente informes económicos sobre los resultados trimestrales de empresas, y planea sustituir asimismo a reporteros en temas deportivos universitarios.

Lo que diferencia a los concursos de Dartmouth es la evaluación por parte de jueces para determinar si el trabajo se ha generado por hombre o máquina, y si la gente prefiere el trabajo creado desde un ordenador. En este sentido, será interesante ver quién juzga, pues sería más significativo, por ejemplo, engañar a un editor con un relato generado por ordenador que a un lector medio. El nombre de los jueces se dará a conocer en septiembre.

Reglas del juego

Los concursos, a los que se ha llamado DigiLit, PoetiX and AlgoRhythms, tendrán lugar el próximo curso académico, con entrega de premios en abril. El primero de ellos pretende recompensar algoritmos que podrían, por ejemplo, escribir relatos cortos para una clase de escritura creativa, en la que se pide a los estudiantes presentar una nueva historia cada día.

PoetiX valorará sólo sonetos tradicionales, es decir, catorce versos distribuidos en cuatro estrofas. En sendos concursos de escritura, si un relato o poema creado por una máquina es calificado como humano por la mayoría de los jueces, los creadores ganarán 5.000 dólares, y habrá un premio de 3.000$ al equipo con el mejor software.

En AlgoRhythms, seis finalistas competirán contra DJs humanos durante una fiesta de baile, en la que deberán seleccionar temas de una lista de 1.000 pistas que se dará a conocer justo antes de la competición. Tanto los DJs humanos como los ordenadores no serán visibles desde la pista de baile, y será el público quien decida si prefiere el hombre o la máquina. El premio será también de 3.000 dólares.

Con estas competiciones Rockmore no pretende lanzar un ataque a la imaginación. Más bien, según sus palabras, se trata de otra manera de “investigar la relación de la creatividad y el gusto humano con la neurociencia”.

Fuente: Tendencias21

DESCUBREN UN NUEVO ESTADO DE LA MATERIA

Condensado de Bose-Einstein

Michio Kaku sobre el condensado Bose-Einstein – el laser atómico

Un equipo internacional de científicos, liderado por Kosmas Prassides de la Universidad de Tohoku (Japón), ha descubierto un nuevo estado de la materia denominado como el metal, ‘Jahn Teller’.

Los científicos han logrado que una sustancia formada por una estructura cristalina de buckminsterfullereno (futboleno) y átomos de cesio cambiara sus propiedades físicas, tras haber aumentado la presión, añadiendo en ella átomos de rubidio, informa el portalMotherboard.

Los investigadores vinculan dichos cambios con el efecto Jahn-Teller, que hace que algunas sustancias pasen de ser un aislante a convertirse en un superconductor.

Se prevé que el descubrimiento sea de gran valor, dado que este nuevo estado de la materia permite a los físicos explicar cómo funcionan superconductores bajo altas temperaturas, lo cual posteriormente les ayudaría a revolucionar la electrónica.

Fuente: RT

El nuevo estado de la materia es un material que parece ser un aislante, superconductor, metal e imán. Todo en uno.
Cuando hablamos de estados de la materia, no sólo existen los sólidos, líquidos, gases y plasmas. También hay que considerar los estados más oscuros que no se dan en la naturaleza, sino que son creados en el laboratorio, como el condensado de Bose-Einstein, la materia degenerada, supersólidos y superfluidos, o el plasma de quarks y gluones.

El primer paso fue introducir rubidio en moléculas de carbono-60  (lo que se conoce como buckminsterfullereno o más popularmente “buckyballs”  o futboleno y  fue bautizado así en honor al ingeniero Buckminster Fuller, inventor de la cúpula geodésica, que tiene una enorme semejanza con esta molécula). Luego, el equipo dirigido por el químico Kosmas Prassides de la Universidad Tokohu en Japón fue capaz de cambiar la distancia entre ellos, lo que les obligó a formar una nueva estructura cristalina. Y esta configuración la que, sometida a diversas pruebas, exhibe una combinación de aislante, superconductor, metal y cualidades magnéticas, junto a un nuevo estado que los investigadores han denominado “Jahn-Teller”.

El nombre del efecto Jahn-Teller, se utiliza en química para describir cómo, a bajas presiones, la disposición geométrica de las moléculas en un estado electrónico puede distorsionarse. Este nuevo estado de la materia permite a los científicos transformar lo que  es un aislante – que no puede conducir electricidad – en un conductor, simplemente aplicando presión.
Cuando se piensa en presión, habitualmente nos imaginamos la idea de apretar o comprimir algo, obligando a las moléculas a estar más juntas por la acción de la fuerza bruta. Pero otra opción es  hacerlo químicamente: ajustar las distancias entre moléculas sumando nuevos átomos.

Es esta fase de transición entre aislante y conductor de que, hasta ahora, los científicos nunca han visto antes, e insinúa la posibilidad de transformar materiales aislantes en materiales superconductores súper valiosos.¿Por qué es tan emocionante esto? Si se confirman sus propiedades, este nuevo estado de la materia permitirá a los científicos entender mejor porqué algunos materiales tienen el potencial de lograr la superconductividad a una temperatura relativamente alta: es decir -135 ° C en lugar de -243,2 ° C. Debido a que la superconductividad permite un material para conducir la electricidad sin resistencia, lo que significa que no hay calor, sonido, o cualquier otra forma de liberación de energía, la consecución de este revolucionaría la forma en que usamos y producir energía, pero sólo es viable si podemos lograrlo en llamada altas temperaturas.

Fuente: QUO

EL INTERNET DE LAS COSAS

El Internet de las Cosas se implantará en todos los hogares

El Internet de las Cosas crecerá de manera exponencial una vez empiece a expandirse definitivamente, especialmente en las casas. Así lo creen expertos de Telefónica y Google, entre otras empresas e instituciones académicas, reunidos por el Instituto de la Ingeniería de España, que señalan también que se ha convertido en la tecnología más esperada, por encima del ‘big data’.

Una jornada sobre el Internet de las Cosas, celebrada en el Instituto de la Ingeniería de España, en Madrid, permitió la semana pasada conocer las últimas novedades de un fenómeno ya bastante utilizado en la industria, y no tanto en los hogares.

Francisco Jariego, director de Internet de las Cosas Industrial de Telefónica I+D, señaló, según refleja la web del Instituto, que en la industria no cree que vaya a haber “mucha discontinuidad” en la introducción de esta tecnología, que conecta a los objetos unos con otros y con la red. “Es una tendencia natural”.

Según Google Trends, apuntó, el Internet de las Cosas (IdC) llegó a su tope en el ciclo de Gartner, es decir, al máximo de expectación, el año pasado, sustituyendo al big data como la tecnología de la que más habla la gente en la propia Internet.

“Dentro de dos años estaremos hablando de por qué no ha dado los resultados que todos esperábamos”, aunque luego se producirá su implantación efectiva y generalizada.

“Google ha comprado la empresa de termostatos Nest por una importante suma, Apple ha lanzado su Apple Watch… Todo el mundo está convencido de que va a llegar a todas partes, y no hay nada que crezca tanto que no produzca una transformación en los mercados”.

Jariego contó tres colaboraciones de su departamento: Una, con la Fundación Santa María la Real para la conservación del patrimonio, de Aguilar de Campoo (Palencia), que considera que es más barato prevenir el deterioro de los edificios, como las catedrales, que “curar”. Por ello, han instalado sensores que monitorizan la temperatura y la humedad de las obras de arte, y si las grietas están creciendo.

El segundo proyecto es de agricultura “de precisión”, con Ig4, una empresa onubense. “Si sabes la alimentación de una planta, puedes predecir mucho mejor su desarrollo, si debes regar algo más, etc.”

Y, por último, el ejemplo preferido de Jariego, desarrollado junto a la FIEB, Fundación para la Investigación en Etología y Biodiversidad. Han comprado una finca, que era un antiguo criadero de toros, en la que pretenden conservar animales abandonados, o incautados a traficantes ilegales, como animales exóticos. La idea es ofrecer las poblaciones a investigadores, que se suscribirían al servicio de cámaras del lugar, para hacer seguimiento de los animales. Dichos investigadores financiarían el proyecto.

En resumen: “un proyecto para el mundo mineral, otro para el vegetal y otro para el animal. El IdC puede llegar a todas partes”. Según General Electric, su aportación a la economía mundial va a ser del orden del PIB de EE.UU., añadió. “Casi todas las grandes empresas estamos apostando por ello. Intel y Qualcomm, las que más en el sector tecnológico, y los fondos de capital riesgo. También los gobiernos están entendiendo el potencial del IdC, y Obama quiere traer a EE.UU. la fabricación de los productos conectados”.

Expansión 

Para la expansión del IdC confluyen “dos cosas muy relevantes: el hardware cada vez es más barato (sensores que van metidos en los smartphones, por ejemplo), como predice la ley de Moore; crecimiento de los países del Este y la crisis han provocado que la convergencia de la mano de obra se acelere (es tan barata en México como en China); y la computación en la nube”.

Jariego resalta que el IdC tiene que ver con “cosas, que son físicas, que están en local. Una farola inteligente no la puedes subir a la nube. Es una gran oportunidad para regenerar empresas locales”.

Hacer un producto conectado es fácil, señaló, pero es más complicado dependiendo de lo que se quiera hacer, si se quiere instalar un microprocesador, por ejemplo. Además, supondrá que proveedores importantes, “como Intel o Google”, tendrán una capacidad de negociación “importante”.

Otro aspecto importante es que, al estar conectados, los dispositivos permitirán obtener información sobre el usuario, “por lo que podrán alquilarse en lugar de venderse. Los termostatos de Google, por ejemplo, sabrán el consumo en cualquier sitio, la demanda energética”. También citó la MagicBand de Disney, una pulsera que permite recorrer los parques de atracciones de la misma pagando de manera automática, a través de ella, evitando las colas. “Y un parque de atracciones no es tan distinto de una ciudad”.

El botón Click&Pizza -creado por Telefónica y Telepizza-, que se adhiere a la nevera, permite pedir una pizza simplemente pulsándolo. “Facilita la compra compulsiva, pero realmente es muy cómodo para el usuario”.

Jariego explicó que el smartphone “nos ha dado un montón de cosas, pero también somos sus esclavos. Mirarlo es lo primero que hacemos al levantarnos. Hablar con un hijo adolescente es imposible, salvo que le envíes un mensaje”. Y la situación puede ir a más, añadió.

En el futuro, podrá haber “puertas que se abran con la voz de la persona correcta, taxis que se llaman dando un taconazo con los zapatos… a lo mejor, como en El Gatopardo, hay que cambiarlo todo para que todo siga igual, y volvamos al mundo físico”.

Domótica 

De la domótica, y el IdC en los hogares, se ocupó Alberto Brunete, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, experto en robótica y automática.

“La nevera que te avisa de cuándo hay comida estropeada parece útil. La cafetera configurable a través de la tableta, con la leche que quieres, habría que verlo. A lo mejor no hay que conectar todos los dispositivos”, comenzó.

La Roomba, el robot limpiador, es uno de los avances de los últimos años en la “SmartHome”. Con todo, el sector del confort “no acaba de despegar, porque es caro y a la gente no le compensa. En cambio, el ahorro energético, la seguridad y la salud parecen motivos por los que vale la pena invertir, y es lo que está creciendo”.

Lo que quiere la gente es la “inteligencia ambiental”, es decir, que los dispositivos se autoconfiguren, que no haya que estar pendientes; que se encienda la calefacción sola, por ejemplo. “No es pijerío, es que la subida automática de la persiana nos permite ahorrar energía”.

Ahora no hay “prácticamente ningún dispositivo conectado”, por lo que cuando crezca, “hasta 10 o 15 por casa”, lo hará exponencialmente. Las predicciones de compañías como Intel así lo auguran para 2020, “aunque no todas las predicciones son correctas. En 2015, decían algunas, íbamos a tener la mitad de luces y termostatos conectados.” Pero algunas sí se cumplen, como el aumento de TV conectada a internet en mayores de 55 años. “Empiezan por Internet, y luego vendrán las Cosas”.

El presidente de Samsung, por ejemplo, pretende que en 2017 el 90% de sus dispositivos estén conectados a la red, incluida “la aspiradora o el purificador de aire. No sé si es interesante, aunque sí veo así que lo esté la Roomba, por ejemplo, para programarla y controlarla”.

Uno de los riesgos es la basura provocada por los posibles cambios constantes de tecnología, por lo que es precisa la “interoperabilidad, que la tecnología sea compatible entre fabricantes y no haya que tirarlo todo”. Las baterías deberán “duran un año o dos, para no tener que tocarlas constantemente, algo que será posible porque la mayoría de los dispositivos se encienden para comunicarse y luego se apagan, y algunos hasta generan su propia energía”.

Habrá que tener cuidado con la seguridad, pues al ser redes inalámbricas, traspasan los límiteddel hogar; y con la privacidad, “algo que siempre depende de como se use, como con las redes sociales”.

Por ahora cada empresa utiliza su propio sistema, “por lo que es imposible que esto despunte”, aunque algunas los usan abiertos, universales. En cuanto a los protocolos, citó los más usados, entre ellos el 6LoWPAN, que “envía mensajes más cortos”, o el Bluetooth. El desarrollo “dependerá de lo que quieran los grandes, como Google o Apple”.

Por último, terminó, habrá que ver quién paga el cambio: “Los proveedores, los usuarios, los que hacen las Cosas, el Gobierno… Creo que serán los usuarios”, respondió.

Industria 

Javier Cortés, responsable de Digital Smart de Accenture, es decir, la división de IdC, se centró en el apartado industrial, en cómo aprovecharlo para conseguir una producción eficiente.

“El objetivo es pasar de producto a servicio, generar servicios nuevos”. Por ejemplo, la empresa de maquinaria Caterpillar ha añadido sensores a sus productos, de manera que sabe qué les está pasando, y muchos los alquilan, con un mantenimiento asociado “y predictivo”. “Se puede ser mucho más concreto, mucho más selectivo, tener un mayor número de clientes con menor coste”.

En las minas de cielo abierto, por otra parte, los sensores se aplican para evitar parones, igual que en las fábricas. “Que una parte no tenga que esperar a otra”. Se puede prever que una pieza se va a estropear, sondear si la pieza está en el almacén, y si no está, pedirla por adelantado, ahorrando “un 30-35%” de tiempo.

Y por último, Isaac Hernández, Country Manager de Google for Work (soluciones empresariales para trabajar conectados), dio un repaso a los productos que está desarrollando Google en el IdC. Comenzó señalando que un teléfono móvil cuenta con “hasta 18 sensores distintos”. lo que habla de las inmensas posibilidades de esta tecnología.

El reto para Google es adelantarse, “ser proactivos”. Es lo que hace Google Now, que es “una especie de asistente, que sabe si estás en casa o en el trabajo, y te indica cuál es el próximo tren que puedes coger. Si sabe que vas a viajar, te da información, el pronóstico del tiempo, sitios para visitar. Si es otra moneda, una calculadora de divisas. Si es otro idioma, un traductor. Según los artículos que lees, te recomienda según tus gustos”.

Mostró también las últimas Google Glass, que no tienen cristales como tales (sólo una pequeña pantalla). Tiene cámara, reconocimiento de voz, batería, pero está “lejos” de lo que se conseguirá. “Se sigue avanzando y simplificando”. Ahora hay una “explosión” de wearables: una pulsera que mide la radiación del sol, etc. “No es sólo el sitio donde lo lleves puesto, sino lo que estás haciendo, si estás corriendo, etc. De eso dependerá quéwearables lleves”.

Otro ejemplo son cepillos de dientes conectados por Bluetooth, que permiten detectar “si tus hijos se los lavan bien”, o una persona con Alzhéimer, como añadió luego Brunete.

En cuanto a los termostatos Nest, “parecía que tendrían poca evolución, y lo que hacen es aprender de cuando estamos en casa o no, produciendo ahorros muy interesantes”. También mostró un i[wearables] para embarazadas, y un sensor para bebés. “Todos están en su primera fase. Se puede optar por ridiculizarlos, porque las experiencias no son redondas, o proyectar cómo serán cuando evolucionen. Nuestro modelo es crear y probar, y cambiar rápido si no funcionan. Algunas no saldrán, pero otras sí.”

Hernández reconoció que en el entorno de consumo no se ha encontrado una aplicación “killer”, determinante, como sí en el profesional. Las Google Glass, por ejemplo, permiten transmitir una operación quirúrgica en tiempo real.

En cuanto al coche autónomo, “que no es un wearable, pero es un tema apasionante”, contó que le han quitado el volante al prototipo de Google, que ahora solo tiene un botón. “Ha hecho dos millones de kilómetros, con 11 accidentes, ninguno culpa del coche, y todos leves”. El coche es un ejemplo de que con los nuevos modelos de negocio “un montón de industrias van a sufrir un trastorno profundo, disruption”.

Otro objetivo de Google es que “cada dispositivo pueda proporcionar una URL a cada persona que se acerca. Una maleta sobre su dueño, un párking sobre la empresa, etc.”

Todo ello hace sentir a Hernández “uncomfortably excited”, es decir, ilusionado pero incómodo, por el tremendo impacto profesional y personal de estos proyectos.

Coloquio 

En el coloquio se habló de los problemas de privacidad. Hernández reconoció que hay que encontrar “fórmulas para que la gente tenga autoridad sobre compartir o no la información, y que entienda cómo funciona el tema”. Gutiérrez Bueno, citando al experto Chema Alonso, señaló, con otras palabras, que es un problema en el que es mejor darse por fastidiado.

Jariego, por su parte, cree que “si algo nos resulta cómodo, renunciamos a la privacidad. Nadie se lee el contrato de 30 páginas, porque perderías vida. En Europa intentamos ser garantes de la privacidad, en Estados Unidos prima la libertad de expresión, y en China, tienen otro modelo”, en el que no profundizó.

Sobre el gasto de energía de los nuevos dispositivos, Brunete señaló que a cambio favorecen la eficiencia: “Lo comido por lo servido. El uso debe ser sostenible”. Cortés añadió que ayudan a promover las energías renovables.

Y sobre la seguridad en los hogares, Brunete señaló que las medidas se van tomando “cuando salen los problemas”.

Un asistente preguntó si esta tecnología podrá fabricarse en España. Jariego cree que hay una oportunidad, y que hay empresas pequeñas haciendo cosas. “Es un problema de escala, si hay que hacer cientos de miles de unidades, se fabrican en China. Es cuestión de creérnoslo, no pensar que lo van a hacer otros”. Brunete citó el caso de BQ, que está desarrollando una planta para desarrollar memorias USB, por ejemplo.

Sobre los modelos de negocio, Hernández cree que crecerá el modelo de producto-servicio, con oportunidades locales, a nivel nacional, según la cultura.

Jariego no cree que las nuevas tecnologías nos dejen sin trabajo, “igual que ha ido pasando con sucesivos avances. Llegaremos a una forma de vivir con ella. Al final tendrá éxito en la medida en que de poder a las personas”.

Un asistente preguntó si los servicios que se ofrezcan gratis con los productos conectados, “como una cafetera conectada a Internet en la cual el fabricante sepa si usas sus cápsulas”, harán que el producto “sea el cliente”. Brunete respondió, a secas, “sí”, y Jariego añadió que “no todo puede pagarse con publicidad, habrá otros modelos de negocio”. Hernández trata de leerlo en positivo: “Cuanto más sepan de mi, si me ofrecen cosas relevantes, tiene valor. Los sistemas de monetización irán apareciendo”. Según Cortés, “se está buscando más confortabilidad para el usuario”.

Brunete completó su respuesta explicando que “nada es gratis en este mundo. Los productos de Google los pagamos de otra forma, dando información, igual que Google”.

Sobre si el IdC se ha disparado en los últimos tiempos, el profesor de la UPM preguntó al público cuántos tenían domótica en casa, y cuatro manos se levantaron: “No ha cambiado nada, salvo el móvil. La domótica lleva 15 años vendiéndose, pero está todo por venir. Tienen que bajar los chips, no puedes pagar 100 euros por dispositivo”. Jariego cree que el problema no es de coste, sino que “no está claro para qué” sirve tener dispositivos conectados.

Por su parte, Cortés añadió que lo que está cambiando es que se están conectando cosas “que antes eran imposibles de conectar”.

La sesión forma parte de un ciclo de 10 jornadas sobre sendas tecnologías que, según la UE, pueden cambiar nuestras vidas: los drones, la impresión en 3D y el grafeno, entre otras.

Fuente: Tendencias21

UN UNIVERSO DE LA NADA

¿POR QUÉ HAY ALGO EN VEZ DE NADA?

Lawrence M. Krauss trata de desmontar la creencia en lo sobrenatural como origen del universo

El polémico divulgador científico lo hace desde la cosmología

Hay tres poderosas razones para leer este libro, y el lector es muy libre de elegir la que prefiera. La primera es que Lawrence Krauss (Nueva York, 1954) es uno de los intelectuales más interesantes de nuestro tiempo. Cosmólogo y físico teórico de primera línea, director del Proyecto Orígenes de la Universidad de Arizona y polemista de altura —llegó a conminar al papa Ratzinger a retractarse de su teología desde las páginas de The New York Times—, Krauss es uno de esos raros científicos que levantan la vista de sus ecuaciones para ver qué implican en el gran cuadro de las cosas y las ideas. Una inteligencia del futuro, con toda la ciencia, la profundidad y el arte en su pluma. Y no sin cierta mala uva.

La segunda, muy relacionada con el último punto, es que Un universo de la nada puede leerse como un argumento contra la religión, o contra cualquier creencia en lo sobrenatural, y que tanto el autor como sus editores hacen explícito ese ángulo con transparente intención polémica. El biólogo, divulgador y ateo militante Richard Dawkins lo expresa admirablemente en el postfacio: “Si El origen de las especies fue el golpe más letal de la biología a la creencia en lo sobrenatural, quizás acabemos viendo que Un universo de la nada es su equivalente en la cosmología; el título quiere decir lo que dice; y lo que dice es devastador”.

Y la tercera es que el último libro de Krauss —octavo en un currículo que incluye el superventas del año pasado La física de Star Trek— es seguramente la mejor explicación de la cosmología moderna para el lector general disponible en el mercado. Krauss es un divulgador científico de ensueño, rápido, transparente y penetrante, y su escritura está llena de chispa y digresión anecdótica, con un seductor sentido del humor. Algún día toda la especie humana será así.

Hay pocas aventuras intelectuales tan cautivadoras como la cosmología del siglo pasado, en la que aún seguimos inmersos. A principios del siglo XX, la sabiduría convencional era que nuestra galaxia, la Vía Láctea, ocupaba la totalidad de un universo estático e inmanente, y hoy sabemos que solo es una entre los 400.000 millones de galaxias que pueblan el universo observable. Un universo que, para colmo, parece absorto en una expansión acelerada que solo puede conducir a su muerte no ya térmica, sino por falta de sustancia.

Parecemos vivir, por otro lado, en un periodo privilegiado en la historia del cosmos. En el futuro lejano, debido a la expansión acelerada de todo cuanto existe, cada galaxia parecerá estar aislada: parecerá, en efecto, ser la única galaxia del universo, como creíamos en la Vía Láctea a principios del siglo XX. La expansión será tal que toda otra galaxia quedará fuera de toda observación y toda interacción permitida por la relatividad de Einstein, que fija un límite máximo para la velocidad de la luz y cualquier otra cosa.

Los astrónomos del futuro serán mucho más ignorantes que los nuestros, en flagrante contradicción con cualquier idea intuitiva de progreso. Como dice Krauss, “vivimos en un tiempo muy especial, el único tiempo en que la observación permite verificar que… ¡vivimos en un tiempo especial!”. Se trata de una paradoja antrópica, un término casi cabalístico que usan los físicos para referirse a los posibles sesgos que puede introducir en nuestros modelos del mundo el mero hecho de que nosotros estemos observando. El mero hecho de que vivamos en el tipo de universo que permite que vivamos, si me permiten el gongorismo.

Un universo de la nada expone magistralmente el inmenso avance en nuestra comprensión del mundo que han supuesto los últimos cien años de cosmología. De la gran aportación de Einstein con su teoría del tiempo, el espacio y la materia (la relatividad general), pasando por Henrietta Swan Leavitt, la mujer que convirtió las cefeidas en una cinta métrica para medir el cosmos; el astrónomo y exabogado Edwin Hubble, que demostró la expansión del universo con su telescopio y utilizando la teoría de Henrietta, y el físico teórico y sacerdote Georges Lemaître, que leyó el Big Bang en las ecuaciones de Einstein y es sin duda uno de los dos grandes curas de la historia de la ciencia, junto al fundador de la genética, Gregor Mendel.

El título de esta reseña es el subtítulo del libro de Krauss, y también su columna vertebral: ¿Por qué hay algo en vez de nada? Una pregunta milenaria y, según el autor, el último reducto de los teólogos y otros pensadores creyentes. Incluso si la ciencia logra explicar las leyes que rigen el comportamiento de la naturaleza y del ser humano dentro de ella, sostiene esta corriente teológica, jamás podrá responder esa última de las cuestiones. ¿Por qué hay algo en vez de nada?

Apuntando a la cabeza, Un universo de la nada se propone nada menos que responder a esa última de las preguntas. No le voy a reventar el final: lea el libro.

Un universo de la nada. Lawrence M. Krauss. Postfacio de Richard Dawkins.Traducción de Cecilia Belza y Gonzalo García. Pasado & Presente. Barcelona, 2013. 251 páginas.

Fuente: EL PAÍS

Un Dispositivo Que Escanea Cualquier Elemento Físico

Dos en uno: Primera máquina del mundo que escanea e imprime en 3D 

¿Hasta dónde puede llevar el uso de impresoras 3D? 

Blacksmith Genesis incorpora una cámara para controlar los trabajos de forma remota

La Nanyang Technological University (NTU) en Singapur ha conseguido aunar escáner e impresión 3D en un solo equipo de forma compacta. Este dispositivo de fácil manejo permitirá a usuarios sin grandes conocimientos en software de modelado escanear cualquier artículo, editar el modelo digitalizado en el ordenador e imprimirlo en 3D en diferentes tamaños. La primera remesa está lista para su envío a partir de marzo entre los primeros usuarios que apoyaron la campaña de crowdfunding que ha permitido su lanzamiento. Por Patricia Pérez

Los orígenes de la impresora se remontan a la década de 1940 aproximadamente, coincidiendo con la creación del primer ordenador de la historia. Progresivamente fueron surgiendo diferentes sistemas de impresión y conexión a la red, reduciéndose además el tamaño de los dispositivos e incorporando nuevas funciones. Fue así como en 1998 se dio el salto a la multifunción, una herramienta versátil que permitía a empresas y particulares imprimir, fotocopiar, escanear y enviar faxes desde un mismo equipo.

La impresión 3D ha seguido el mismo camino, aunque a pasos agigantados. El auge de las impresoras favoreció la aparición de los escáneres, que permiten obtener modelos tridimensionales de objetos reales que después reproducir. Sin embargo, se trata todavía de equipos realmente costosos.

Con el objetivo de acercar esta tecnología a los consumidores, se creó el Grupo Blacksmith, especializado en la impresión 3D en el seno de la Nanyang Technological University (NTU) de Singapur, una universidad joven pero no por ello menos activa. “Siempre ha sido mi deseo que las impresoras 3D sean tan comunes como las impresoras de inyección de tinta y láser que ahora se puede encontrar en cualquier hogar u oficina”, subraya el profesor Chua Chee Kai, una eminencia en el campo de la impresión 3D y padrino del proyecto.

De este propósito nace la primera impresora 3D compacta del mundo, que además permite escanear objetos. Según explica la NTU en un comunicado, el dispositivo se ha bautizado como Blacksmith Genesis, una multifunción fácil de usar y accesible para el consumidor medio. “La mayoría de las impresoras 3D que se venden actualmente no son fáciles de usar, ya que sus modelos y planos por lo general se tienen que diseñar desde cero en el equipo”, lamenta Fang Kok Boon, CEO del grupo y uno de los fundadores junto a Alex Pui Tze Sian.

Por el contrario, la nueva impresora llega exenta de este tipo de complicaciones, ya que los usuarios no estarán obligados a diseñar una obra original desde cero, fundamental para quienes carezcan de conocimientos de uso de un software de modelado. Mucho más fácil: el dispositivo escanea cualquier elemento físico, y a partir de ahí puede copiarlo de inmediato e imprimirlo, o bien utilizarlo como base para modelar otro objeto 3D personalizado.

Diseño innovador con varias primicias 

El dispositivo de alta tecnología, que se presenta con una carcasa de aluminio negro, pesa seis kilos y cuenta con pantalla de dos pulgadas LCD, Wi-Fi, un lector de tarjetas SD integrado y conexión USB para la impresión instantánea.

Los investigadores han utilizado una innovadora plataforma giratoria para la impresión y escaneado, a diferencia de otros modelos 3D comercializados previamente. En este caso, la plataforma, pendiente de patente, permite una verdadera exploración de 360 grados, y puede imprimir artículos de hasta 6.650 cm3 (unos 6,5 litros), el doble del tamaño conseguido hasta ahora por otras impresoras 3D de tamaño similar.

Posee además una buena resolución de 50 micrómetros, lo que permite duplicar el detalle de las reproducciones en comparación con otras impresoras 3D compactas. Asimismo, la exploración de objetos con su cámara de 5 megapíxeles tarda sólo 6 minutos, dos veces más rápido que otros escáneres 3D disponibles.

El Grupo Blacksmith también es el primero en incorporar un sistema de control remoto y detección de errores automático gracias a su cámara integrada. Esto permite a los usuarios controlar la impresión en tiempo real desde cualquier lugar del mundo a través del smartphone, simplemente con una conexión a Internet.

Financiado con crowdfunding 

La puesta en marcha del proyecto fue posible tras completar con éxito en agosto pasado una campaña de crowdfunding en Indiegogo, la mayor plataforma de recaudación de fondos a nivel mundial, con la que recaudaron más de 80.000 dólares. De esta forma han conseguido producir la primera remesa de impresoras, lista ya para su envío durante el mes de marzo entre los primeros usuarios que apoyaron la campaña.

Mark Reilly, un ciudadano de Iowa, en Estados Unidos, será el primer cliente en recibir su Blacksmith Genesis. “Creo que es genial poder copiar un objeto de dos pulgadas y escalarlo hasta cinco pulgadas o viceversa”, subraya Reilly, quien destaca además el “todo en uno” del dispositivo, eliminando así la necesidad de comprar varios artículos para poder imprimir, escanear y copiar.

Reilly alaba igualmente el tamaño del área de impresión, pues ocupa mucho menos espacio que otras impresoras 3D, así como el hecho de incorporar una cámara para controlar los trabajos de forma remota.

La siguiente fase será expandir la venta a nivel global. Para ello, el grupo acaba de lanzar la página web donde realizar las reservas al precio de 2.200 dólares, con una tarifa plana de 150 dólares para el envío a 70 países de todo el mundo.

“La impresión 3D es una innovación disruptiva que ha revolucionado el mundo de la fabricación y las industrias biomédicas”, destaca el profesor Chua. “Aunque las impresoras 3D de bajo costo están disponibles, todavía son muy difíciles de programar y montar. Tener una impresora 3D asequible y de alta calidad, que además sea fácil de usar, es lo que falta en el mercado y es ahí donde se dirige el Grupo Blacksmith”, agregó.

En ese sentido, alaba la capacidad de los creadores de Blacksmith Genesis para incorporar innovaciones del laboratorio a la industria y, en este caso además, directamente a los hogares de los consumidores.

Fuente: Tendencias21