La Ciencia de la Inmortalidad

Teletransportación y Nanotecnología

Por José Langarica

Yo y muchos otros científicos creemos que en unos veinte años tendremos los medios para reprogramar a nuestros cuerpos de la era de piedra con software para detener y después revertir el envejecimiento. Entonces la nanotecnología nos hará vivir por siempre. —Ray Kurzweil.

He aquí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida, y comiendo de él, viva para siempre.
Génesis, 3,22

Para los caldeos era imposible imaginar la astronomía como algo aparte de la astrología, una pseudociencia, por no decir nada de nuestra radioastronomía, la observación de rayos cósmicos o el clima de otros mundos. La diferencia entre nuestra ciencia y la de otros tiempos no sólo reside en las materias de estudio, sino especialmente en sus métodos.

Si bien la ciencia contemporánea se ocupa en muchos temas que en su momento fueron ficción científica, lo más lógico es que en el futuro la senda continúe, abordando materias que hoy permanecen como meras especulaciones fascinantes: los viajes en el tiempo, universos paralelos, el atajo de distancias cósmicas mediante “agujeros de gusano”. No se trata de meras fronteras técnicas como el viaje interestelar o la fusión nuclear, sino de verdaderos hitos en nuestra comprensión del universo.

Otros ven, inspirados en revelaciones sorprendentes como las de la mecánica cuántica, un conocimiento científico más anecdótico bañado en cierto misticismo y más amable con ideas que antaño fueron consideradas anticientíficas. Si el principio de incertidumbre está bien establecido en las partículas subatómicas, ¿por qué no llevarlo a todo lo demás? Al menos así es como su lógica parece tomarlos de la mano.

Toda ciencia del futuro necesariamente nació como ficción científica, sin que eso signifique que toda ella esté destinada a convertirse en ciencia. De estas muchas probabilidades me gustaría proponer escenarios que orbitan a tan sólo una asequible ciencia del futuro: la ciencia de la inmortalidad. Para algunos podrá ser una emocionante mirada a un mundo próximo. A otros quizás no los aliente constatar que la ciencia continuará siendo tal, independiente de ingredientes chamánicos.

Teletransportación

La teletransportación supone un cambio de posición instantáneo sin recorrer las distancias intermedias. Anton Zeilinger, de la Universidad de Viena, sugiere al campo como parte de la física del futuro, y es justo ahí donde nuestra historia comienza.
“Logramos la teletransportación cuántica hace diez años, y la estamos usando de forma regular en la información llevada por un sistema”, asegura.

Nótese que Zeilinger habla de información y no de cuerpos. Es decir, lo que se teletransporta no es un objeto físico sino la información de un estado cuántico desde un sitio a otro. No es exactamente lo que la gente piensa cuando recurre en su memoria a un episodio de Viaje a las estrellas donde Kirk, McCoy y Spock se desmaterializan desde una jungla extraterrestre y se materializan de regreso en el Enterprise.
Los humanos, para empezar, no son estados cuánticos sino “clásicos”, por más que ocurran fenómenos cuánticos todo el tiempo en sus organismos.

Tema aparte es que la teletransportación crea toda clase de preguntas como ¿qué significa ser nosotros? “Cuando alguien me teletransporta, y sé que lo que se teletransporta es información —no material, no una cosa, no los elementos de los que estoy hecho— ¿quién es quien acaba allá?”, se pregunta Zeilinger.

Más aún, una teletransportación como la que ocurre en la ciencia ficción necesariamente implica matar el estado inicial del transporte y recrearlo mediante información en otro lugar. La teletransportación implica necesariamente otro tema absolutamente ajeno a la experiencia pero eterno en los mitos humanos: la inmortalidad.

Nanotecnología

Se llama nanotecnología a las técnicas realizando operaciones en el orden de una mil millonésima de metro. Sus usos actuales resaltan sobretodo en cosméticos o protectores solares, aunque avanzan rápidamente en la mejora de baterías o equipos electrónicos. Insisto, esto es sólo el principio. Y en ningún lugar se contemplan mejor sus promesas que en la medicina. Superando el umbral de la regeneración de nervios o la detección, diagnóstico y tratamiento de diferentes tipos de cáncer, se busca por un lado la obtención de “medicinas inteligentes”, con menores efectos secundarios y más efectividad.

Más aún, se habla seriamente de la construcción de órganos enteros mediante nanobots que usarían moléculas como bloques de construcción.
El futurólogo Ray Kurzweil —famoso por haber predicho la futura penetración de internet en nuestra sociedad— ve en esto una fórmula para la inmortalidad, la cual, estima, estará a nuestro alcance en veinte años.

“Yo y muchos otros científicos creemos que en unos veinte años tendremos los medios para reprogramar a nuestros cuerpos de la era de piedra con software para detener y después revertir el envejecimiento. Entonces la nanotecnología nos hará vivir por siempre […] Al final los nanobots remplazarán células sanguíneas y harán su trabajo con miles de veces más eficiencia”.

La nanotecnología no está sola: el advenimiento de los genes modificados abonará en nuevas técnicas para la regeneración de tejidos. Esta inmortalidad biológica es diferente de la inmortalidad como la teletranportación supone y que sin duda queda mucho más allá en el futuro tecnológico, si es que existe alguna vez. La teletransportación supone la suficiente información para reconstruir el sistema que representa a cada ser humano individual, incluyendo a la conciencia de sí mismo, su memoria, su forma de ser: es la última etapa de la clonación. La reproducción exacta no solamente de un genoma, sino de un individuo en su totalidad.

Sorprendentemente, el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov no encontraba agradable esa perspectiva: “Una sociedad suficientemente egocéntrica para aferrarse a la inmortalidad no titubearía ante la necesidad de eliminar por completo la infancia”, escribió.
Pero ¿le serviría de algo? Sería una sociedad compuesta por los mismos cerebros, fraguando los mismos pensamientos, ateniéndose a los mismos hábitos sin variación alguna, de forma incesante.

Recordemos que el niño posee un cerebro no sólo joven, sino también nuevo. Cada recién nacido (exceptuando los nacimientos múltiples de individuos idénticos) posee una dotación genética sin la menor similitud con la de cualquier otro ser humano que haya vivido jamás. Gracias a los recién nacidos la humanidad recibe una inyección constante de combinaciones genéticas innovadoras; por tanto, se allana el camino para un perfeccionamiento y desarrollo crecientes.

Marvin Minsky, célebre por sus teorías sobre la inteligencia artificial, siempre encontró chocante la resistencia humana a alargar su vida habiendo tanto que explorar en el cosmos. Y es que, después de todo, nuestras creaciones, las máquinas, nos vienen pisando los talones, y no faltan los futurólogos que también vaticinen su futuro domino intelectual sobre los humanos.

“Existe una buena probabilidad de que las máquinas serán más listas que nosotros”, reflexiona Paul Saffo, futurista de la Universidad de Stanford. “Hay dos escenarios. El optimista, donde estas máquinas superhumanas son muy gentiles y nos tratan como a sus mascotas. El escenario pesimista es que no lo son y nos tratan como su comida”, dice.

Creo que una humanidad intelectualmente estática muy probablemente tendrá que enfrentarse a uno de ambos escenarios. Y es que una vida inmortal tendría tiempo no sólo de explorar millones de estrellas en millones de galaxias, sino que la evolución dejaría de ser física para tomar su cariz verdaderamente de conciencia. Esos seres serían, verdaderamente, dioses.

Los mitos humanos han tenido visiones epifánicas de ese futuro. Los autores del libro del Génesis vieron de esa manera las consecuencias de comer el fruto del conocimiento.
Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.

Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal [Génesis 3:2 al 5].
En última instancia la máxima ciencia del futuro es una ciencia de dioses, no de humanos. O dicho de otra manera, en el futuro seremos dioses, o no habrá futuro.

Referencia: Replicante

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