SINCRONÍA novela por Lilia Morales y Mori

41.Texto. Los perros

Julio 6, 2007 · Dejar un comentario

Los perrosLlegó el día señalado y muy temprano las hermanas Ferrater junto con Gadea salieron para Pollenca. El día estaba pleno del aroma de los azahares y el cielo parecía trazado de una sola pincelada que revestía del mismo color las cálidas aguas del mediterráneo. Los campos cubiertos de verde se erguían bajo los rayos del sol y los campesinos saludaban alegremente al paso del carruaje descubierto. Las abuelas vestían con sobriedad elegantes trajes beiges con camisas de seda rosada Apel y gris perla Melissa. Las dos llevaban guantes de punto beiges y sombrillas del mismo color. Gadea lucía un hermoso vestido hecho para la ocasión en brocado de seda esmeralda que hacía resaltar más sus grandes ojos aceitunados.

Era la primera vez que las tres mujeres acudían a una reunión que no fuera para asistir a un enfermo, a la iglesia o a un evento de caridad en el pueblo. Las hermanas Ferrater nunca se imaginaron que serían ellas las que acudirían a una cita para verse con un hombre innoble señalado por el clero. Apel se persignó para sus adentros e hizo la señal de la cruz sin que se dieran cuenta su hermana y su nieta. Melissa se mostraba escrupulosa por primera vez en su vida, Gadea estaba enamorada, eso cualquier madre lo sabe, aunque ella no lo sabía por experiencia propia, podía reconocer en el semblante de su hija la luz que sus ojos irradiaban.       

Muy próximas al centro del villorrio y sobradas de tiempo Apel discurrió que le gustaría comprar flores para el altar de la virgen de la Asunción, Gadea y Melissa accedieron pero la tía abuela en último momento dijo que prefería adelantarse a la iglesia para rezar unas plegarias así que ella se bajó del carruaje frente al templo mientras que las dos mujeres se siguieron hasta el mercado de las flores. En un reclinatorio de la capilla del Cristo Melissa oró con sincero recogimiento por su hija, permaneció unos momentos en esa actitud piadosa, hasta que los rayos del sol que se filtraban por los ventanales emplomados con vidrios de colores la inundaron de luz tornasolada. La mujer se persigno y salió del templo y cómo no vio el carruaje se siguió hasta la plaza de las Palomas donde buscó una banca bajo la sombra de un árbol. Aunque reconocía que desde chiquilla circunstancialmente Gadea solía hacer su voluntad nunca había sido injusta ni obstinada, de tal modo no había de que preocuparse, sin lugar a dudas, la actitud de su hija no era otra cosa que una minucia pasajera.

Con el ánimo sosegado volteó a los alrededores tratando de ver su  carruaje y justo en ese momento, del otro lado de la calle vio salir del negocio de lencería y pasamanería a la señora Inés Vicuña de Font con su cuñada Anita quienes  cruzaban la acera acompañadas de sus respectivas hijas. Cuando las damas y sus encantadoras crías pasaron frente a ella la saludaron afablemente. La rubia y más pequeña de las niñas le comentó a la otra. –Querida Nina ¿sabes que me gustaría ser de grande? Algo contestó Nina pero Melissa no lo pudo escuchar porque empezaron a ladrar unos perros. –Qué raro. –pensó la anciana- siento como si esto ya lo hubiera vivido antes. Trató de evocar sus confusos recuerdos, pero era evidente que en su memoria el tiempo y los sucesos se trastocaban, y ante cualquier tentativa de ordenar el advenimiento de sus extrañas premoniciones todo le parecía quimérico, permaneció absorta tratando de entender lo sucedido hasta que la sacó de sus reflexiones la voz de Gadea que la llamaba.

-Tiitameli, Tiitamel.

Tan pronto como el carruaje arribó a la plaza, subió la anciana al coche que tomó carrera esquivando entre las patas de los caballos a un par de perros enfurecidos que tras un enorme lebrel se precipitaban a su babeante hocico que mordía un suculento hueso. 

——————————————–

Dar clic en La imprenta para continuar con el texto—————————Dar clic en INICIO para ir al principio de la novela SINCRONÍA

Categorías: Arte, ciencia, tecnología, matemáticas y literatura · Fantasía · Novela por entregas