Sobre el Puerto de Turritela una franja anaranjada en el cielo anunciaba el crepúsculo matutino frente a las aguas del Golfo de México, en tanto que el sosiego de la aurora contrastaba con las olas del mar que se agitaban con furia sobre la playa. El moderado viento del amanecer en breves instantes se había convertido en tremendo ventarrón arrastrando con todo lo que se encontraba a su paso. Montones de arena golpeaban sobre los cristales de la casa de la playa sin que Pamela se percatara de ello, pues el rugir del viento mitigaba los sonidos habituales como el ruido de la cerradura que un sujeto con la cabeza cubierta accionaba en la entrada principal de la residencia. El hombre abrió la puerta y tras de él tres personas enfundadas hasta las orejas penetraron presurosas al vestíbulo que en unos segundos había quedado tapizado de fina arenilla. Cuando Ferdinán se despojó del rompevientos que traía puesto vio a Pamela profundamente dormida en la sala. Se aproximó a ella con gran sigilo para no despertarla, pero en ese instante la señora Perilló abrió los ojos y se arrojó a los brazos de su esposo.
-Fer, mi amor ¿por qué no me hablaste?
-Quería darte una sorpresa.
-Me encantan tus sorpresas. -Dijo Pamela- visiblemente apenada al tiempo que se componía el cabello y se alisaba la ropa que llevaba puesta del día anterior.
-No te preocupes pequeñita aún es temprano, que te parece si te arreglas mientras Yara y Romelia preparan el desayuno. Te adelanto que tenemos mucho que celebrar. ¡Ah! y otra sorpresa… tenemos visita.
-¿Alguien que conozco?
-No, le dio un beso –y le dijo- la cita es en la cocina.
-¿Me trajiste lo que te pedí? -Alcanzó a decir Pamela cuando ya se retiraba Ferdinán.
-Sí, no te demores preciosa.
Pamela colocó un separador de papel hecho a mano que había adquirido en alguna tienda de artesanías para indicar la página de su última lectura. Cerró el libro y lo depositó con esmero en una cómoda de la recámara, puso orden en la mesa y guardó la linterna en un mueble de la sala. Una hora después hacía su aparición en el lugar acordado por Fer. La madre y la hija la saludaron de forma cordial desde la mesa de servicio donde daban los últimos toques a la presentación de los platillos que se disponían llevar a la mesa del ante-comedor. Ferdinán se levantó y le dijo señalando a un sujeto que llevaba puesta una cachucha de los Medias Rojas de Boston. –Él es Nicholas Dafra.
-Hola Pamela –dijo el invitado en tono muy amistoso- yo sé mucho de ti por lo que me ha contado Ferdinán y supongo que querrás saber algo de mí. Bueno, soy ex alumno del MIT, músico de medio tiempo, cocinero por vía genética, circunstancialmente hacker, criptólogo aficionado y anarquista de tiempo completo.
-¡Ah! Grandioso, mucho gusto.
-Se le olvidó decir que es filósofo autodidacta y un genio en Inteligencia Artificial. -Añadió Ferdinán muy satisfecho.
-Romelia sírvanos por favor. -Ordenó Pamela sin hacer ninguna observación al último comentario de Ferdinán.
-Supongo que también eres geek. –Agregó Pamela sin preámbulos.
-Reconozco que me enloquece la tecnología y que a veces puedo parecer un pirado informático. Pero no creo encajar estrictamente en el contexto geek.
-¿No te sientes geek porqué te consideras hacker circunstancial? -Le preguntó Pamela con verdadero interés.
-No me siento geek porque no me lo he propuesto. Lo de hacker se dio porque al papá de un amigo lo involucraron en un penoso asunto ilegal a través de Internet, yo logré esclarecer el problema accediendo a toda clase de archivos de los facinerosos, salieron muchos trapos al sol y mucha gente inocente se vio afectada.
-Entiendo. –dijo Pamela.
Ferdinán pensó que era el momento de intervenir, así que consideró que un buen tema de sobremesa sería hablar sobre la financiación del proyecto de investigación básica o fundamental con el que se pensaba llegar a algunas áreas del conocimiento por el conocimiento mismo. El objetivo era harto arriesgado ya que carecía de aplicación práctica. La intención era establecer niveles de abstracción que posibilitaran formulaciones hipotéticas que podrían utilizarse posteriormente en el desarrollo y progreso científico para el mejoramiento de los seres humanos.
El café se sirvió en la sala en un ambiente más cordial y relajado Pamela confiaba por entero en el buen criterio de Ferdinán, por lo que juzgó necesario de su parte creer en la capacidad de Dafra. Fer habló sin mucha formalidad del tema de los juegos y juguetes inteligentes que soportarían la base económica del proyecto de investigación.
-Nuestro pionero robótico en el reino del mundo infantil es “Nákoreen”. –Dijo Fer sacando el prototipo de un empaque muy gracioso y elocuente respecto a su contenido. El ratón mecánico era sin lugar a dudas un hermoso robot con bigotes de alta tecnología. En otro compartimiento de la caja había un buen pedazo de queso artificial. Ferdinán le entregó el queso a Pamela y -le dijo- escóndelo en cualquier lugar del piso de la casa. Pamela se retiró con la vianda mecánica y la colocó en su habitación debajo de su cama. Cuando regresó a la sala Fer le entregó a Nákoreen. El simpático roedor ya estaba activado, así que Pamela lo puso en el suelo cerca de sus pies y de inmediato el ratoncillo se alejó del lugar haciendo simpáticos molinetes por toda la habitación. En ese momento los tres se transformaron en niños que seguían con ojos encantados los correteos ágiles del robot. Movieron las mesas de centro, las sillas del comedor, un par de lámparas de piso y todo lo que pudiera interrumpir a su paso el recorrido inteligente de Nákoreen que en pocos minutos, muy a pesar de sus esfuerzos por entorpecerle el camino, no tuvieron más remedio que seguirle hasta el interior del dormitorio. Cuando el ratón se introdujo debajo de la cama, Pamela, Ferdinán y Dafra se agacharon lo suficiente como para meter más de la mitad de sus cuerpos bajo el lecho. Así pudieron ver como Nákoreen sentado en sus patas traseras tomaba un pedazo de queso y lo agitaba entre sus manos al tiempo que decía “el queso es mío”.
Los tres tumbados en el piso celebraban con risas la robótica hazaña mientras Romelia que había entrado a la habitación para guardar una ropa repetía para sus adentros. -¡Qué juventud la de ahora! Los tres adultos transportados por un instante a su infancia regresaron a la sala, tras el ventanal pudieron ver a un intrépido en la playa, que trataba de permanecer de pie asido a una palmera frente a los vientos huracanados de más de 130 Km. por hora. Era un poco más de las dos de la tarde y para amenizar la plática Ferdinán puso música de Enya y sirvió tequila, Pamela trajo unos platos con queso, aceitunas, pan y carnes frías. De una carpeta Fer sacó unos papeles que le entregó a Pamela donde se mostraba una relación detallada de los productos que darían lugar a la prometedora industria de juegos y juguetes “Makine” con los que se estipulaba capitalizar el proyecto de investigación. El señor Perilló pretendía llegar más allá del propósito lúdico como una actividad innata e inseparable de los seres humanos desde su infancia hasta la vejez. Él quería hacer del juego una metáfora amigable para la expansión de la inteligencia, sus herramientas eran muy simples, estimular el desarrollo de las habilidades del pensamiento a través del símbolo y la capacidad asociativa para generalizar respuestas mentales de alto nivel, algo que de suyo podía ya observarse en los pequeños de hasta tres años que sabían manejar con bastante destreza juegos elaborados para la computadora. Entre sus aliados contaba por supuesto con los sistemas expertos, aunque le quedaba claro que Nákoreen aún no podía conseguir el camino más corto para llegar a su destino, ni siquiera entendía el porqué de su destino, no obstante, sí podían los niños y las niñas encontrar en el juego una nueva forma de relacionar la tecnología con los objetos de su mundo cotidiano.
Frente a una necesidad creada del siglo XXI advertía un mercado potencial que no excluía en lo absoluto a los adultos para los que había diseñado con la más alta tecnología sofisticados juegos de ingenio y azar. Por lo pronto no descartaba la posibilidad de celebrar un jugoso convenio con McDonalds, un gigante de la comida rápida y con las grandes empresas de distribución mercantil donde sin lugar a dudas le quedaban muy claras las reglas del juego a nivel mundial, así que estaba seguro de salir a flote en su propio barco navegando junto a Mattel, Hasbro, Bandai, Tomy, Lego y otros grandes del ámbito juguetero. Muy pronto los juegos y juguetes de Makine estarían en todos los Wal-Marts, Toys “R” Us, Carrefours etc. Y aunque las etiquetas de sus productos decían “Made in China”, algunas piezas y componentes venían de Japón, Taiwán, Arabia Saudí, Estados Unidos y Europa. De estos dos últimos lugares se adquiría la mayor parte de la maquinaria, los moldes y las herramientas. Hong Kong entregaba el material en crudo a las factorías chinas, quienes posteriormente recogían la mercancía y la fletaban a los países de destino. La producción de juguetes estaría muy globalizada de tal modo Makine no poseería ninguna fábrica o sitio de producción en ninguna parte del mundo. Desde un piso de oficinas en la ciudad de México se administraría la compañía juguetera, de tal modo la casa de las gárgolas permanecería como un bunker intocable para la ciencia.
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