SINCRONÍA novela por Lilia Morales y Mori

34.Texto. Las mujercitas desnudas

Junio 11, 2007 · Dejar un comentario

mujercitas desnudasNo le quedó la menor duda. Era la misma damisela  rezagada de mal genio la que no le apartaba la vista. Gadea más que aterrada se sintió grotesca, había caído de bruces en medio de la piscina, estaba hecha una sopa y tan vestida con todo y capa se sintió ridícula junto a las desnudas mujercitas.          

-¿No te das por vencida, verdad? –le dijo la mujer a Gadea en un tono de pocos amigos.  

-Perdón por molestar, al menos si me indicara la salida… -Imploró Gadea.  

-Acabas de llegar, ¿y ya quieres irte?  

-No… solo… que no quiero estorbar. 

-Pues no estorbarás por mucho tiempo –le dijo duramente la mujer- en breve comenzarás a disgregarte.  

-¿A disgregarme?  

-Oíste bien. –Gritó- afectas nuestro sistema y no puedes permanecer mucho tiempo aquí. 

-¿Y hay una forma de salir? –gimió Gadea  

-Si, hay una.  

-¿Una? –Preguntó Gadea con gran nerviosismo. 

-Si, tendrás que salir por el Corporum-esferae… y muy pocos lo logran. Pero antes de indicarte la salida –continuó la mujer- Debo decirte que me llamo Ollg ¿Cuál es tu nombre? –Le preguntó la mujercita alisándose el húmedo y largo cabello.   

-Gadea… Gadea Ancarola. 

-¡Ah! Veo que tienes dos nombres. –dijo Ollg nadando hasta la orilla de la alberca.  

Gadea la siguió y de un brinco, al igual que la mujercita salieron de la piscina. La joven Ancarola más que temor  experimentaba una extraña sensación de aturdimiento ante la inverosímil situación que enfrentaba, de tal modo no se percató del hilarante ruido que hacían sus zapatos al caminar ni tampoco de los charcos azulosos que dejaban a su paso sus ropas empapadas. Ollg era pequeñita y ágil, estando ella de pie no le llegaba siquiera a la cintura, su cara era la de una mujer joven, ni fea ni agraciada, tenía un cuerpecito regordete y los dedos de los pies estaban tan separados que parecían un simpático abanico. Gadea observó que la alberca se encontraba en un espacio impecablemente limpio y bastante amplio, se dio cuenta que el techo en forma de bóveda mostraba al centro de la cúpula la figura ornamentada de un sol flanqueado por dos lunas o sobrepuesto en un círculo el cual estaba rodeado por una enorme estrella de doce picos. Completaban el diseño gran cantidad de pequeñas estrellas y textos trazados en forma radial y concéntrica a lo largo de todo el borde de la representación. Abstraída con todo lo que le rodeaba, clavó sus ojos en la decoración del muro donde se podía ver en la parte central un bajorrelieve en cuyo centro sobresalía una exquisita estrella de seis puntas. A su vez la estrella estaba rodeada de lo que parecía una canaleta o anillo que semejaba una alberca de agua azulosa la cual remataba con nueve antepechos o salientes. No obstante, observó la figura con mayor cuidado y descubrió que el arreglo del muro exhibía una enorme flor de nueve pétalos. Entre cada pétalo se formaba una línea con un texto escrito y dos círculos de texto rodeaban la flor. Ningún otro adorno había en esa habitación, ni muebles, ni tapates, ni cortinas, ni cuadros, absolutamente nada, sólo los ventanales rematados en  enormes arcadas dejaban pasar esa luz inusual, densa y difusa a través de las húmedas membranas que las cubrían.           

Ollg la llamó un par de veces, Gadea salió de su introspección y siguió a la mujercita hasta llegar a una arcada lo suficientemente alta y ancha como para permitir el paso de un elefante. Con un objeto similar a un gran anillo adornado con algo que parecía una gema, la mujercita señaló una sección del monumental arco y al instante desapareció parte de la superficie membranosa que lo cubría, creándose entre la piedra del anillo y la trama de la arcada una incandescente estela luminosa. Del hueco recién abierto, el cual tras de ellas al acto se cerró, salieron ambas a una espaciosa terraza que más adelante tomaba la forma de un sinuoso camino franqueado por los lados de minúsculos parapetos que marcaban el borde hacia un desfiladero sobre el cual estaba asentada la totalidad del conjunto, dando la sensación de flotar o existir suspendido arriba de las oscuras gargantas del precipicio cuya base permanecía cubierta de densa niebla. El día comenzaba a declinar y el cielo que hacía unos instantes mostraba cierta refulgencia, de forma imprevista se llenó de oscuros manchones saturando el ambiente de tinieblas. No muy lejos Gadea vio aproximarse a un tropel de mujercitas desnudas que con paso raudo pasaban frente a ella portando cada una, una luminosa estrella. Gadea se aparto lo suficiente para no alterarlas y en su intensión no midió lo bajo del parapeto con el cual horrendamente tropezó. Su cuerpo salió disparado al desfiladero dando violentos tumbos de tramo en tramo hasta llegar a las oscuras gargantas del precipicio.  

Era domingo y las campanas de la iglesia de la Asunción repicaban de tanto en tanto al llamado de los fieles. Después de la misa la plaza de las Palomas se llenaba de vendedores, adivinos, trotamundos y músicos ambulantes que complacían a la gente del pueblo como cualquier día de fiesta hasta bien entrada la tarde. Melissa lamentaba no poder asistir al templo enraizada en esa dolorosa esquina frente a la lencería y pasamanería de Pollenca. La vieja atrapada en el árbol se encontraba rezando alguna plegaria cuando vio venir a Nina Font acompañada de su prima Pilar. Las dos mujeres que cubrían con un velo negro su cabeza se sentaron justo en su banca. La más bajita y de tez muy pálida le dijo a la otra. –Querida Nina, ¿Te había dicho que cuando me case con José Juan nos iremos a vivir a Puigdemar? Algo contestó Nina Pero Melissa no lo pudo escuchar porque empezaron a ladrar unos perros. –Qué raro. Pensó la anciana- Pilar está casada con Manolo Torrecilla.   

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