Los rayos del sol inundaron la estancia cuando Pamela retiró los pedazos de fieltro que cubrían la ventana. Al desaparecer las improvisadas cortinas de la habitación se iluminaron las cajas esparcidas entre papeles, montones de libros, trebejos domésticos y tal profusión de revistas que apenas si había espacio en el piso para el equipaje, los aparatos de cómputo y los estorbosos cables eléctricos que pasaban por debajo de una cama arrinconada. Ferdinán protestó emitiendo un sonido gutural al tiempo que se cubría la cara con la sábana.
-Es mediodía Fer -insistió Pamela- debemos desempacar. Todo esto está hecho un caos, prometiste ayudarme ¿lo recuerdas?
-¿Sabías que los sistemas caóticos pueden predecirse? -dijo Ferdinán ignorando la súplica de su esposa.
Tras un instante de silencio se incorporó con discreción volviéndose hacia ella. –El cambio de la naturaleza dinámica del universo -agregó por fin ante la asombrosa expresión de la mujer.
-¡Es imprevisible! -añadió con un gesto pensativo y concluyó categóricamente- debido a las influencias externas del azar.
-¿Si te refieres a la naturaleza azarosa de todas estas cosas en desorden…?
-¡No, no, no! -La interrumpió bruscamente sin apartar los ojos que tenía clavados en el reloj de pared cuando éste marcaba las once con treinta y tres minutos.
-Aparente desorden. -Reflexionó el marido con ensayado estrépito teatral-. Pamela asintió sin decir una sola palabra, situación que Ferdinán aprovechó para agregar.
-Si pudieran eliminarse las influencias del azar, los sistemas caóticos serían predecibles, ¿te das cuenta?
-Si. Por supuesto, ya comprendo, resulta que ahora yo tendré que ordenar todo esto.
-No pequeña, no me refiero a nuestra habitación, es algo un poco más complejo, es como… el péndulo del reloj.
-¿Bromeas? -dijo Pamela volteando hacia el muro tapizado de menudas florecillas.
-Bueno, el ejemplo no es muy apropiado ya que el péndulo es en realidad un sistema muy simple, pero en el fondo no deja de ser un sistema caótico afectado por condiciones tales como: posición inicial, velocidad etc.
Pamela se aproximó a Ferdinán, se sentó en el borde de la cama, tomó las manos de su esposo entre las suyas, el permaneció largo rato pensativo, distante, hasta que el repicar pertinaz del teléfono los sacó de súbito de ese estado afectuoso y reflexivo.
-¡Bueno! -tomó la llamada Ferdinán- si… si, ella está aquí conmigo… si dígame Licenciado Villalba… ¿de qué se trata? ¿Cómo? ¿Cuándo ocurrió? si… entiendo… ahí estaremos Licenciado, gracias… hasta pronto.
-¿Ocurre algo malo? -preguntó Pamela alarmada recogiéndose el lacio cabello que le cubría la mitad de la cara.
-La tía Felicia…
-¿Está muerta, verdad?
-Si.
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